¿Qué carajo votamos el 22M?

No entiendo nada, me llaman a votar y, siguiendo la campaña, aún no se qué.
¿Debo votar si las concentraciones que hay en multitud de plazas de España deben ser disueltas?
¿Debo votar si las juntas electorales mandan sobre el Ministerio del interior, y cuando ilegalizan una actuación el Ministerio la ejecuta con la máxima sensibilidad posible, o debe ser al revés?
¿Debo votar las propuestas que ya van presentando los del movimiento ‘Democracia Real Ya’?
¿Debo votar si la herencia de Aznar es la culpable de la crisis galopante que hunde a los españolitos de a pie?
¿Debo votar si después de mandar siete años el ejecutivo de ZP es responsable de lo negro que lo estamos pasando?
¿Debo votar si mi alcalde ha hecho algo por mí?
¿Debo votar si mi presidente autonómico ha estado a la altura y ha pilotado la debacle con más eficacia o menos que el Gobierno?
Esto se acaba -me refiero a la campaña electoral-, mañana reflexión -si nos dejan- y el domingo votación. A partir del lunes vuelve la cruda realidad. En la economía sigue la crisis: paro, cierre de empresas y Dios sabe qué… En la política, de una parte negociaciones -intercambio de cromos para formar gobiernos- y, según los resultados, acoso a Zapatero para que se vaya o machaque al PP por no ser alternativa.
A todo esto nos encontramos con ‘Democracia Real Ya’, que no solo llena las plazas -cada vez con más gente y más variopinta- sino que ya copa portadas, telediarios y esconde muchas realidades. Sus mensajes son muchos pero hay uno muy claro: ni PP ni PSOE, los dos son iguales. Vale, en muchas cosas se parecen mucho -es verdad- pero el que gobierna es el que gobierna, y tiene la responsabilidad del que gobierna y, después de tantos años, la tiene casi toda.
Ahora a reflexionar, no será fácil, ¿reflexionar sobre qué? Lo justo es reflexionar sobre los candidatos que se presentan. Lo sensato es votar a quien queremos que conduzca nuestra localidad y nuestra comunidad. Lo inevitable es que votemos con la puñetera realidad que nos acompaña y que, si nadie lo remedia, nos acompañará un buen trecho y, lo siento, eso supone mirar a la Moncloa.

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