Al mal tiempo, buena casa. (artículo publicado en la contra de La Gaceta el 9 de enero de 2010)

Hace un frío que pela y caen copitos de nieve que harán las delicias de nuestros infantes que en la mayoría de los casos sólo llevan unos 20 días incordiando en las respectivas casas en vez de hacerlo donde pagamos por ello, en los sufridos colegios.  Hacia años que el temporal de lluvia y frío tan propio de épocas navideñas no nos pillaba prevenidos. Lo normal, con Maleni o sin, era que por estas fechas cayeran chuzos de punta en forma de nieve y que el país se paralizara, pusiéramos verdes a las autoridades de turno y estas se echaran los trastos a la cabeza, en un ping pong de reproches de una administración a otra.

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A Dios rogando y con el mazo dando (artículo publicado en la la contra de La Gaceta el día 7 de enero de 2010)

Se acabó esta Navidad, pero las Navidades se seguirán celebrando durante siglos. Es la ventaja que tiene la realidad trascendente, que por mucho que se empeñen algunos, ellos pasan y las verdades duran y duran y duran.
 Se acabó la fiesta y llega la cruda realidad, que es esperpéntica. No sabemos lo que nos espera. Partimos de datos tan terroríficos como que 2.200 españoles perdieron el empleo cada día en 2009 y no contamos con casi ninguna variable esperanzadora, sólo acierto a ver una: «A Dios rogando y con el mazo dando». Es decir: únicamente contamos con el esfuerzo personal de cada uno para sacarse él mismo y los suyos, las castañas del fuego. Por si fuera poco, los que tendrían que ir por delante (es decir, el Gobierno), están delante, pero mas bien enfrente, poniendo palos en las ruedas o, como vulgarmente se dice, tocándonos los cataplines.

 

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La cabalgata de la Alianza (artículo publicado en la contra de La Gaceta el 5 de enero de 2010)

Dicen que el futuro del cine está en el 3D. Dichoso el cine si tiene futuro y lo sabe. El 3D nos acerca más a lo real, palabra mágica cuya interpretación no es baladí.  Sí, lo real, la realidad existe, las cosas son como son y no son como queremos que sean. Probablemente esto sea la gran diferencia entre el sentido común y las majaderías, y una consecuencia clara de esta cuestión nos lleve, entre otras cosas, a no despreciar el conocimiento, a estudiar los temas antes de tomar decisiones, a reconocer errores, en pocas palabras, a proceder casi al revés de como proceden muchos de nuestros políticos.

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