Albert Guivernau: ‘La sociedad está «asustada», no «cabreada»’


Conversación tranquila de @jmfrancas con Albert Guivernau (@albertguivernau), economista, profesor de la Universidad Abat Oliba CEU y secretario general del Club Tocqueville y participante en MIRADAS ANTE LA CRISIS DEL COVID-19 

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JMF: ¿Nos viene una hecatombe económica?

AG: Las perspectivas no son buenas, el FMI suele ser conservador en sus previsiones y auguraba para la economía española una caída del 8% del PIB y unos niveles de paro alrededor del 20%. El Banco de España apostó por unas previsiones aún peores. En una economía tan dependiente del turismo, con una industria relativamente débil y un desarrollo en I+D no demasiado elevado, veo pocos elementos para el optimismo. Durante la crisis de 2008 no se paró la economía, en la de 2020 sí. Y sin duda para España el punto de partida es peor que en la crisis financiera, especialmente en lo que se refiere a paro y deuda.

JMF: Las medidas anunciadas hasta ahora por el gobierno, ¿son certeras?

AG: Hemos visto muchos anuncios y pocas realidades. Los 200.000 millones de euros prometidos por Pedro Sánchez no son lo que parecía en su anuncio. Y este “jugar al despiste” en economía es letal ya que una de sus bases es la confianza. Si no se puede confiar en el Gobierno se produce una desconfianza generalizada en las perspectivas económicas que acaban transformando la realidad. En economía las expectativas construyen el presente. Si pensamos que estaremos ante una crisis sin precedentes, actuaremos hoy pensando en esa crisis futura y acabaremos haciendo presente la crisis que habíamos pensado a futuro. El Gobierno juega un papel clave en la conformación de estas expectativas (confianza en definitiva). Sería necesario que el Gobierno hiciera realmente lo que dice qué va a hacer y lo que los agentes económicos entiendes cuando escuchan las ruedas de prensa. En definitiva, tratar a las personas como adultos, explicando lo que hay y las ayudas que van a implantar. En caso contrario se genera confusión, frustración y desamparo. Es lo que estamos viviendo. Las empresas necesitan liquidez y esta no está llegando. Nuestras empresas se mueren y con ellas, puestos de trabajo, recaudación y bienestar. En definitiva se dejan perder herramientas para combatir la crisis. El gobierno debería empatizar más con la ciudadanía y especialmente con las empresas, ponerse en su piel y entender sus problemas reales. No es tan complicado. Bastaría un poco de sentido común y conocimiento de las realidades empresariales.

JMF: Me dices que no ha cumplido con lo que ha anunciado pero lo anunciado, ¿tenía sentido?

AG: Lo anunciado podía tener sentido. Un plan de 200.000 millones, un 16% del PIB podía tener sentido al inicio. El problema reside en la concreción de ese Plan. En su mayoría no han sido ayudas, han sido avales a préstamos de entidades financieras, diferimientos en el cobro de algunas facturas (por ejemplo hipotecas o gas) y una parte irá destinada a cubrir los ERTE. Pero no se ha tratado de una Inyección de dinero en el sistema circulatorio de la economía, principalmente hacia las empresas. Sin olvidar que buena parte de los préstamos supervisados por el ICO se encuentran empantanados en una maraña burocrática. En definitiva, las empresas no necesitan dinero sólo para dejar de pagar, sino para producir y sobrevivir a una crisis económica post Covid-19 dónde necesariamente caerá el consumo, especialmente en el turismo, cuya aportación al PIB es del 15% (esto significa que si el Turismo cae un 80% como asegura el sector el impacto en la economía -sólo del turismo- será del 12%). Creo que somos poco conscientes del impacto económico que sufriremos, que estamos sufriendo ya. En resumen, que “estos” 200.000 millones que prometió Pedro Sánchez no son ni los que necesitan las empresas ni los que entendimos los que le escuchamos cuando los prometió.

JMF: ¿Que tendría, a tu parecer, que hacer el Gobierno?

AG: De entrada, decir la verdad. Esto ayuda muchísimo al aumento de la confianza. En segundo lugar, confiar en sus ciudadanos y sus empresas. La excesiva burocracia hace que se genere desconfianza y que la hipotética ayuda no llegue, o no llegue a tiempo. Debería poderse centralizar las ayudas en una app o web donde cada ciudadano pudiera consultar con su DNI (o CIF en el caso de empresas) a qué ayudas puede optar y que las pudiera solicitar desde la propia aplicación de forma automática. Sería muy beneficioso que las personas y las empresas pudieran decir “el gobierno me entiende”. También sería el momento de realizar reformas estructurales en sectores estratégicos como la Educación. No es posible que el nivel sea tan bajo. Un país como España no se puede permitir que sistemáticamente se reduzca el nivel de exigencia. Si no difícilmente remontaremos como país y sociedad. Tenemos un sistema universitario superpoblado, sin un mercado laboral preparado para asumir tal cantidad de graduados. La formación profesional sigue relegada. Las empresas -como apunta un conocido representante empresarial- necesitan liquidez, liquidez y liquidez. Cualquier medida que vaya encaminada a tal efecto será positiva, aunque también juega un papel clave el factor tiempo. Las empresas necesitan liquidez de forma urgente. Este sería un buen momento para repensar el subsidio por desempleo. Es perjudicial que, con unos salarios bajos como el caso de España, las prestaciones por desempleo sean tan altas. En muchas ocasiones se puede generar incentivos para no trabajar o alternar períodos de trabajo con otros de paro voluntario. La prestación por desempleo no es un “derecho”, y debería eliminarse cualquier incentivo a cobrar la prestación de forma voluntaria. Sería una opción a estudiar la posibilidad de que estas personas que reciben del estado una prestación por desempleo, pudieran desarrollar actividades en beneficio de la sociedad; y estas prestaciones no deberían asimilarse tanto a los salarios que pudiera recibir una persona ejerciendo un trabajo. Otro error en este sentido es la renta mínima universal que nuevamente establece unos derechos sin asociarle unas obligaciones. No por la parte de “renta mínima” sino en la de “universal”. No podemos recibir un salario, por pequeño que sea, por el mero hecho de existir. Deberían existir circunstancias que lo justificaran, pero no debería presentarse como una opción más de proyecto vital. Volvemos al problema del paro. En nuestro país existen muchos incentivos para no trabajar. ¿Alguien podría explicar por qué la economía que más había crecido de la zona euro seguía con una tasa de paro del 14%, 6 puntos más que al inicio de la crisis de 2008?

JMF: Frente a la crisis cabe salir mal, como en la del 2008, o salir nuevos por cambios estructurales, ¿qué piensas que ocurrirá?

AG: Deberíamos salir nuevos, pero me temo que saldremos peor. Si me permite un inciso sociológico, creo que la sociedad está “asustada”, no “cabreada”, disculpe el lenguaje, pero me parece más gráfico. Esto se refleja en las últimas encuestas dónde PP y PSOE se consolidan y opciones como Vox o Podemos se desinflan. Si las personas estuvieran cabreadas Podemos y Vox recogerían este descontento. Si los dos partidos grandes son incapaces de afrontar la crisis o presentan poca capacidad de gestión económica (incluyo al PP porque intuyo que tienen posibilidades de volver pronto al Gobierno de España) me temo que el miedo se volverá enfado. Los dos partidos grandes deberían ser capaces de pensar a medio y largo plazo, pensando en la España de los próximos 20 años, que, a nivel económico, no puede ser la de los últimos 20. Es necesario pensar mucho, dejar de un lado la política de Twitter, Instagram y demás redes sociales y hacer política de bases sólidas. No se construye nada a golpe de tweet. Quizá será una política menos mediática, pero seguro que será una política mucho más útil. Y no tengo ninguna duda, que quien sepa hacerlo, combinando con la sinceridad al hablar con los ciudadanos, obtendrá un gran rédito electoral. Y el país, un proyecto común.

JMF: ¿Confías en las ayudas de la UE?

AG: No hay otro camino. De momento los pasos dados por Europa son lentos, como siempre, pero van en la buena dirección. El Plan propuesto por el Eurogrupo podía parecer escaso (540.000 millones) pero el Plan de Reconstrucción del que se habló en la reunión del Consejo Europeo con los jefes de gobierno de los 27 completará la acción europea para la reconstrucción. Existen mayores complicidades ahora que en la crisis de 2008. La salida del Reino Unido de la UE puede haber contribuido a ello. El mercado está más integrado, con un aumento notable de las interdependencias europeas y en el seno de la unión son conscientes de que esta crisis traerá a Europa mayor integración o más nacionalismo (aunque sea nacionalismo económico). Lo que sí es seguro es que la Unión no será la misma después de esta crisis.

JMF: Qué sería mejor, ¿préstamo o transferencia?

AG: Las transferencias a fondo perdido pueden incentivar cierto derroche en algunos estados, especialmente el nuestro, que al final solo haría subir los precios (más dinero en circulación) pero no producción ni productividad. Pero también es cierto que un elevado endeudamiento impediría que se pagaran las deudas. La solución pasaría por una combinación entre préstamos y transferencias, en la línea propuesta por la Comisión. El próximo 6 de mayo la Comisión presentará diversas propuestas a los estados y saldremos de dudas sobre la cantidad final del fondo de reconstrucción, al que algunos llaman “Plan Marshall europeo” y la forma en que estos fondos se reparten. No me atrevería a afirmar un reparto entre los dos sistemas (préstamos y transferencias) pero no me extrañaría que fuera 50%-50% o 60% préstamos y 40% transferencias a fondo perdido.

JMF: Muchas gracias Albert, un abrazo y ojalá nuestro gobierno acierte.

AG: Muchas gracias! Necesitamos que sea así. Un fuerte abrazo.


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