Aquarius

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La crisis del Aquarius vuelve a poner en evidencia la dificultad de la propia existencia de la UE. Los distintos países van por libre y al final será España la que, en un acto de generosidad, va a abrir las puertas a los 629 inmigrantes que a bordo del Aquarius estaan a su suerte en pleno Mediterráneo.

El nuevo presidente de gobierno de España en un gesto muy propio de lo que será su política, si bien ha alertado que eso no debe sentar un precedente que sin duda lo es, ha ofrecido a nuestro país como destino de todos ellos. Italia y Malta dijeron no y el resto no dijeron nada. Es evidente que dejar morir a seres humanos, personas, en el mar, es de lo más miserable, pero convertir a Europa en un macro hogar de todos los que huyen de África es no solo inviable sino también injusto para todos aquellos ciudadanos europeos, hayan nacido dónde hayan nacido, que muchos de ellos están bajo mínimos. El problema es grande y muy grave y lo fácil es el gesto de abrir fronteras a costa de que otros costeen mis gestos solidarios. Los médicos saben que frente a un desastre natural hay que salvar ordenadamente a los salvables, porque intentar llegar a todos es condenarles a la muerte. Es duro, pero la experiencia dicta que hay que escoger a quien salvas. No parece muy justo ser solidario con el lejano y dejar tirados en la cuneta a los propios.

Sin entrar en quién fomenta esos viajes, en quién se lucra con ellos, ni siquiera en quién es el culpable de la miseria en Africa, análisis bien necesario y que sorprendería a muchos, está claro que la UE solo mantendrá su espíritu si se respetan sus fronteras externas.

No entiendo nada. No se dan cuenta que volcarse con el lejano a costa del prójimo, hace que por injusto tarde o temprano se rompa la baraja. ¿Alguien me lo explica?

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