Cónclave para Trump

En EEUU las elecciones son indirectas a través del ‘Colegio Electoral’. Los electores votan a unos representantes, compromisarios electores de los distintos estados, que hoy votarán al futuro Presidente de los Estados Unidos. Con este sistema, es posible que el ‘voto popular’ no coincida con el ‘voto electoral’, dado que en cada Estado se lleva todos los votos electorales el que gana por voto popular. Esas son las reglas y, hasta que no se cambien, son las que mandan.

Al igual que ocurrió entre George W. Bush y Al Gore, Trump ha vencido a Hillary por el voto electoral y no por el voto popular; esto ha bastado a parte de la izquierda norteamericana, y casi toda la europea, para clamar al cielo y pedir que la que para ellos es una democracia de segunda, la norteamericana, rectifique y los electores decidan apoyar a Clinton, a pesar del mandato recibido por los votantes de sus Estados. ¡Vaya demócratas de boquilla!

Es curioso ese tic de alguna izquierda, de aceptar las reglas solo cuando les favorecen. Es del todo ilegitimo e ilegal cambiar las reglas del juego a mitad de partido. Si uno vota en una elecciones, acepta las condiciones en las que se han convocado. El argumento en contra de Trump, se parece al manifestado en España, en el sentido de que al no haber conseguido Rajoy mayoría absoluta, no podía gobernar, puesto que eran más los que no le querían; como si el no votar a Rajoy supusiera haber votado a otro que sacó menos votos.

No entiendo nada. ¿Es tan difícil ser demócrata en serio, gane quién gane, a pesar de ser de izquierdas? ¿Alguien me lo explica?

Un pensamiento en “Cónclave para Trump

  1. Caro mío, esto de ser demócrata en serio es un asunto muy complicado. No es muy susceptible de generalizaciones, como la que das a entender de que en la izquierda es muy difícil ser demócrata. De hecho, yo creo que en la derecha es todavía más difícil ser demócrata, al menos basado en mi propia experiencia. La derecha tiene, por ejemplo, una interesante fascinación por los uniformes militares, que acostumbran a tener una visión más autoritaria de la vida. Es decir, lo difícil es ser demócrata, sin importar el color de ideario político.

    Una vez dicho esto, te dedico una pequeña digresión. La izquierda suele tener una visión más moral de la política, especialmente la izquierda marxista o filo marxista. El marxismo, me dijeron hace mucho tiempo mis profesores de filosofía, que algunos también lo fueron tuyos, es en cierta forma una religión, incluso una especie de herejía cristiana. El marxismo tiene un paraíso y un infierno, tiene salvados y condenados, tiene normas morales, tiene sagradas escrituras, tiene dogmas y teólogos, tiene hasta herejes y reformistas, tiene santos y santoral, tiene hasta liturgia. Es bastante natural que sus discusiones ideológicas sean tremendas entre ellos, porque no son cosas triviales. Están argumentando sobre su fe. Igual que hacían los cristianos durante muchos siglos con sus interminables discusiones teológicas que a veces terminaban en masacres. También es lógico que tengan reparos morales sobre determinados políticos y temas específicos. Piensa en la actitud de otros sobre temas como el aborto, que no lo aceptan por más que las mayorías democráticas puedan ser abrumadoras, porque es un tema moral. Le pasa lo mismo a la izquierda con temas como por ejemplo la emigración o la ecología. Para ellos son temas morales que están por encima de la democracia. De hecho yo conozco a algunas personas que sorprendentemente han votado por Trump cuyo único argumento es que Trump es proVida. Alucino, pero es así. Este es un modesto aporte al enetendimiento de la izquierda, cosa compleja, pero no imposible.

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