El caso ‘Trapero’


No soy tan superficial como para pensar que en una página se pueda analizar el problema catalán. Lo único que pretendo, en tan corto texto, es dejar alguna pregunta al aire de aquellas cosas que hacemos y no tienen ningún sentido positivo. El plan separatista tiene un diseño lejano y una implementación, pasito a pasito, que ha contado sin duda con la complicidad por miedo y/o complejo con la inacción de muchos. Los distintos Gobiernos de España, multitud de políticos en Catalunya, la prensa comprada por subvencionada, la iglesia catalana, la sociedad civil… La única ventaja de haber puesto fecha al ‘procés’ es el haber fijado la línea del precipicio. Ahora no vale escurrir el bulto, hacer el avestruz ya no va a ser posible. Es hora de despertar, de quitarse la careta. Se acaba la novela y llega el desenlace. El caso de Trapero es un buen ejemplo. Puede no ir a la reunión, gesto político de nadar y guardar la ropa, y mandar a un subordinado; pero al final, el cuerpo que el dirige, tendrá que actuar o con unos o con otros. El se encuentra entre dos aguas, fuegos más bien, y o dimite o decide. Su jefe político, el Conseller -el comisario de turno-, le empuja en un sentido, el fiscal, la autoridad ahora, le empuja en otro. Casi toda Catalunya esta igual y, como Trapero, tendrán que decidir. Llegó la hora. En Catalunya y fruto del procés hay miles de ‘traperos’, ¿qué harán?

No entiendo nada. ¿En virtud de que ‘sueño’ un dirigente puede puede dividir a una sociedad, colegas, vecinos y hasta familias, llevándola al precipicio? ¿Alguien me lo explica?


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