Enrique Martínez: ‘Cuando un niño necesita ayuda evidencia que su familia necesita ayuda’


Conversación tranquila de @jmfrancas con Enrique Martínez Reguera, tengo 83 años. Profesionalmente trabajé como educador y psicólogo. Me especialicé con chiquillos que las instituciones tipifica como muy díscolos o inadaptados a los que acompañé y con los que conviví durante 45 años.

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JMF: ¿Cómo ves la realidad legal española frente a estos chiquillos?

Enrique Martínez: No puedo decir que está obsoleta sino, desde el principio, desenfocada; porque no se centró en resolver los problemas de los muchachos y sus familias sino en satisfacer los intereses de ciertas instituciones.

JMF: ¿A qué intereses e instituciones te refieres?

Enrique Martínez: A intereses políticos, profesionales y económicos; que en principio son legítimos, pero que se han desmadrado: hoy son legión los profesionales, ONGs, Fundaciones, Empresas públicas y privadas con notorio afán de lucro, que utilizan el tiempo y las expectativas de esos niños y sus familias como materia de consumo.

JMF: ¿No está mejor un niño con su familia?

Enrique Martínez: En efecto: a un niño nunca le sobran sus padres; le sobran las carencias o deterioros de sus padres. Cuando un niño necesita ayuda evidencia que su familia necesita ayuda. Lo que ningún niño necesita es que le arrebate lo único que le va a durar, porque las instituciones procuran no implicarse en la vida del niño y cuando cumpla la mayoría de edad lo dejan en la calle desarraigado.

JMF: Entonces, ¿cómo explicas la manía de sacarlos de las familias?

Enrique Martínez: Cuando se produce una emergencia, por ejemplo malos tratos en familia, el Estado debe intervenir de manera urgente. Pero esa intervención suscita intereses muy dispares que extravían el Interés Superior del Menor. Interés por las subvenciones por ejemplo (3.000 euros al mes por chico “acogido”), dineros que no benefician a la familia destinataria sino a los que la intervienen en nombre del Estado.

JMF: ¿Entiendo que el hecho de la subvención atrae a mucha mosca interesada? ¿Habría que quitarlas?

Enrique Martínez: Las moscas, sí. Las subvenciones no, sino reencaminarlas para atender las necesidades reales del niño, su familia, su entorno. Insisto en algo que ya mencioné, no se trata de buscar paliativos sino de ir al fondo del asunto. La Ley de Protección Jurídica del Menor en la práctica está siendo un torpedo en la línea de flotación de la dignidad, autonomía y privacidad familiar. Aunque en teoría los jueces y fiscales conserven la última palabra, esa supervisión es muy engañosa por inconsistente y fácil de burlar, porque la ejercen sobre una labor que la propia Ley encomienda a las Comunidades Autónomas y éstas a su vez a supuestos “técnicos”, ONGs, Fundaciones y Empresas. Un laberinto en el que como digo se extravía el Interés Superior del Menor. Estamos hablando de niños y familias, si el sistema monta un tinglado de intereses paralelos, la sociedad se embrutece, se deshumaniza.

JMF: Pero si la subvención va las familias empezaran a aparecer familias, o padres o madres, necesitadas en busca de los euros, hay mucho jeta siempre que hay dinero de por medio. ¿No conoces soluciones menos dadas al chanchulleo?

Enrique Martínez: Evidentemente el Estado tiene que controlar el presupuesto que dedica a emergencias sociales, no se trata de subvencionar la probable codicia de familias deterioradas. Pero, por el mismo motivo, tiene que controlar el tinglado que ha creado; ¿ignora el Estado que en el Centro de Hortaleza decenas de niños vegetan amontonados? ¿Ignora que las subvenciones con que alimenta la codicia y los chanchullos de algunas Empresas serían más rentables alimentando el tejido social que rodea a las familias necesitadas?

JMF: ¿Es más cómodo subvencionar asociaciones?

Enrique Martínez: No se trata de comodidad sino de que los medios empleados sean coherentes con el fin que se pretende. Por eso insisto en lo del enfoque ¿cuál es el fin que se pretende?

JMF: En Baleares han aprobado una ley sobre el Menor que da aun más poder a los servicios sociales, ¿Qué te parece?

Enrique Martínez: Desde los años 80 los trabajadores sociales dejaron de ser lo que su nombre indica; a parte de lo que cada cual en su fuero interno procure ser. Se permiten lo que ni la policía puede, sin una orden judicial. El informe más burdo del trabajador social más torpe te puede arrebatar los hijos. Contaré una anécdota: Conocí una familia que escondía en el armario una cuerda. Cuando les pregunté para qué era, exclamaron ¡pa escapar! Tanto miedo le tenéis a la policía, pregunté. ¡No, es por si vienen las asistentes sociales!

JMF: Y ¿cómo nos podemos defender de ellos?

Enrique Martínez: Qué contrasentido la idea de tener que “defendernos” de “nuestros” servicios sociales. Desde el tejido social intentemos que vuelvan a ser lo que en su origen fueron: una profesión altruista al servicio de la ciudadanía.

JMF: Difícil lo pones sin una legislación adecuada, gracias Enrique, un abrazo.

Enrique Martínez: Una legislación adecuada, es lo que vengo reclamando desde hace treinta años. En ello estamos. Un abrazo.


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