Fernando Simón Yarza: ‘La manipulación del lenguaje ha sido una constante política’


Conversación tranquila de @jmfrancas con Fernando Simón Yarza (@fsimonyarza), profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Navarra que centra su investigación en cuestiones de Derecho y de filosofía moral y política y participante en MIRADAS ANTE LA CRISIS DEL COVID-19 organizadas por Club Tocqueville.

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JMF: Fernando, ¿estamos en España en un periodo constituyente?

FSY: No. De hecho, creo que no se dan las condiciones para abrir un proceso constituyente. Si parece necesario, sin embargo, tratar de llegar a grandes acuerdos de Estado en cuestiones esenciales para salir de la crisis económica que está provocando la pandemia. Para ello, pienso que hay quienes deberían entender que su interlocutor principal no son los radicales.

JMF: ¿Cómo llevas el maldito virus?

FSY: La verdad es que muy bien. Vivo en un Colegio Mayor con bastantes estudiantes. Aunque muchos se fueron durante el confinamiento, para los que nos quedamos han sido unos días de convivencia muy grata. Ahora ya ha pasado lo más duro, además. En fin, no me puedo quejar, especialmente teniendo en cuenta que ha habido gente que ha sufrido mucho.

JMF: ¿Qué nos habrá traído esta pandemia cuando pase?

FSY: Yo creo que, humanamente, lo más profundo que nos deja es la experiencia de la fragilidad humana, y de la fragilidad de tantas cosas que creíamos sólidas. He releído las primeras páginas del libro de Yuval Noah Harari, “Homo Deus”, donde habla sobre las epidemias en unos términos que, ahora mismo, causan sonrojo. La epidemia nos ha traído también la experiencia de la solidaridad de tanta gente buena que no sale en las noticias.

JMF: ¿Qué términos?

FSY: Habla de la epidemia como de algo medieval, algo inimaginable en nuestro mundo o, por lo menos, bajo control.

JMF: Pues es bien real…

FSY: Sí, ahora vemos que es bien real. Pero lo más sólido, lo más real, no parece tener interés cuando el discurso público vive de “causar impacto”. El mismo título del libro, “Homo Deus”, sólo tiene sentido desde la lógica del impacto mediático. No resiste al veredicto de la razón. Lo público tiende a convertirse en el “afán de novedades” y del “impacto”. Incluso la institución universitaria se mide por esos cánones. Hoy, la dimensión de profundidad tiende a vivir en la clandestinidad.

JMF: ¿Tiempo de ‘Postureo’?

FSY: De “postureo institucionalizado”. Por eso es tiempo de replegarse un poco, de encontrar lo noble y lo bello en la familia, en pequeños círculos intelectuales más que en los congresos ruidosos, en el campo, en la pequeña comunidad de fe…

JMF: Da la sensación que el virus nos traerá la supremacía de lo ‘Publico’, lo privado pasa a segundo plano.

FSY: Yo diría más bien que “lo público” no tolera “lo popular” y, por eso, tiende a ponerle la etiqueta despectiva de “privado”. En la educación, en la sanidad, y en tantas otras actividades, algunos pretenden hacernos creer que las energías de los ciudadanos empleados en esas actividades son egoístas, cuando un poco de experiencia de trato humano muestra que no es cierto.

JMF: Pero parece que lo público es nuestra única salvación…

FSY: No sé si la gente tienen esa sensación. En todo caso, es cierto que hay una propaganda en ese sentido que ha hecho una labor terrible, muchas veces con la complicidad de las llamadas “élites intelectuales”.

JMF: Elites intelectuales y parte de las políticas, aprovechando el virus para arrimar el ascua a su sardina: seguridad frente a libertad… me huele a rebaño.

FSY: Sí, son recursos bien conocidos. Pero si hemos llegado hasta este punto, habríamos de interrogarnos sobre qué es lo que lo ha hecho posible. La manipulación del lenguaje ha sido una constante política desde hace mucho, mucho tiempo, y las “élites intelectuales” han ido acomodándose.

JMF: Muerto Dios, ¿solo nos queda la protección de la manada?

FSY: Exacto. Expulsar a Dios de la sociedad es introducir el principio del desastre. Le voy a poner un ejemplo: el discurso de los derechos. En tanto que fue interpretado a partir de una conciencia determinada por la apertura, más o menos consciente, a lo que los chinos llaman el “Tao” y nosotros la ley natural, los derechos eran, con carácter general, genuinamente humanos. Conforme se va abandonando esa apertura, el propio lenguaje de los derechos se va convirtiendo en una manzana de discordia, en un instrumento de división. El intento de edificar una unidad humana basada en los “derechos humanos” al margen de Dios es exactamente igual al intento de construir la unidad humana de la Torre de Babel. El resultado se está viendo: la confusión del discurso de los derechos se asemeja mucho a la confusión babélica. Lo mismo se aplica a la idea de “dignidad humana”.

JMF: ¿En qué sentido la ‘dignidad humana’? Parece que solo valga la de la especie, no la del individuo…

FSY: Y la propia dignidad del individuo se vuelve problemática, toda vez que deja de insertarse en “el Tao”. Piense en el caso del aborto. Algunos han llegado a defenderlo en nombre de la “dignidad humana” de la mujer, cuando es algo que destroza moralmente a la mujer.

JMF: Pero, después del virus, ¿cambiará algo esto?

FSY: Tenemos que poner los medios para ello. Creo que la insatisfacción que nos invade es un acicate para mejorar, para “tirar para arriba”. Ahora bien, el camino pasa, indudablemente, por reconciliarnos con Dios. Si no, literalmente pienso que no hay salida.

JMF: Tradicionalmente el hombre frente a los grandes problemas miraba hacia arriba…

FSY: Así es… En la crisis, ha habido algunos signos positivos. Por ejemplo, las palabras de la Ministra de Justicia, Margarita Robles, en el pabellón Ifema. O algunos mensajes, discretos pero enormemente significativos, del alcalde de Madrid. La reconciliación y la trascendencia pasa también por tender puentes. La trascendencia comienza por el reconocimiento del otro. En este sentido, me gustó mucho también una intervención de Rita Maestre en el Ayuntamiento de Madrid.

JMF: A pesar de los intentos de esconder a la muerte, el virus nos la ha hecho bien presente, ha tocado a muchas familias de cerca y eso mueve, ¿no?

FSY: Sí, y mucho. El contacto con la muerte siempre lleva a lo esencial.

JMF: ¿Por eso la escondieron? Solo una foto de ataúdes cuando ha habido miles de muertos…

FSY: No sé, no quiero hacer un juicio precipitado sobre un asunto que no conozco bien. Con carácter general es cierto, sin embargo, que la conciencia de lo trascendente incomoda a los proyectos totalitarios. El totalitarismo se nutre de conciencias anestesiadas, y las engaña con los eslóganes del momento. Para legitimarse, el totalitarismo ha de apelar a la democracia, al bienestar y a los derechos humanos. Y el mayor obstáculo que puede encontrar en el camino es una ciudadanía espiritualmente fuerte.

JMF: Gracias Fernando, ojalá del virus salgamos espiritualmente más fuertes sino estamos indefensos.

FSY: Mil gracias a ti. Aunque el discurso público está muy deteriorado, entre el pueblo, en el ámbito de “lo popular”, hay razones para la esperanza.


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