Iglesias y Montero, casoplón y adiós reputación

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A mi, que no me gusta calificar a nadie, no me va tampoco comentar su vida privada. Que cada uno viva dónde quiera y haga de su vida la capa un sayo y, eso si, se atenga a las consecuencias. Si robo y me pillan, me toca carcel y, si no me pillan, como persona me toca ser una mierda. Es evidente que comprarse una casa a las afueras de Madrid con su piscina y su jardín, no es excepcional, anda que no hay gente viviendo de esta manera. Cuestión distinta a la legalidad o incluso a la ética, es la consecuencia del hecho: la reputación. Si una casa, incluso mucho mejor y más cara que el casoplón de la pareja ‘anticasta’, la compran unos dedicados, por ejemplo, al negocio inmobiliario, incluso puede ser una referencia positiva para su reputación como expertos en la materia.

Si la feliz pareja que compra la ‘casita’ se jacta, buscando votos por ello, de ser de los de abajo, de los no casta, de cobrar sueldos tasados en un máximo de 3 salarios mínimos interprofesionales, si despotrica del nepotismo de otros mientras coloca a su pareja en el segundo cargo más importante y mejor remunerado, si se rasgan las vestiduras por la ‘velocidad’ de los estudios de otros y uno cobra de la universidad sin trabajar, el otro consigue pisos chollo y los vende y el de más alla tiene un ‘interno’ pagado en negro, la reputación de todos y cada uno se va directamente a la mierda.

No entiendo nada. Hagan lo que quieran pero, ¿nos ven tan tontos que piensan que creeremos que siguen siendo unos ‘Madre Teresa’? ¿Alguien me lo explica?

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