Limpieza profunda


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Siempre he sido partidario en todo de ‘coger el toro por los cuernos’, yendo de cara y usando un único criterio básico: la verdad. A veces, frente a un problema hay que usar la variable tiempo o bien porque no se acierta a ver la solución o porque no se tiene clara la magnitud del problema. Da igual, cuando piense que debo actuar lo haré con la verdad por delante, sobre todo para no crear otro problema que, generalmente, se suma al anterior y así como mínimo ya tenemos dos.
El Papa Francisco, en la cuestión de la pederastia, ha actuado así. Evidentemente, que se conozcan estos comportamientos absolutamente aberrantes manchan a la Iglesia y crean un hálito de sospecha sobre el sacerdocio, pero lo contrario es peor. Si el comportamiento es lo que hay que erradicar, la única posibilidad es hacer una limpieza profunda cuanto antes, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Siempre es mejor el escándalo que puede provocar dar a la luz estos hechos, que dejar que la gusanera siga en la Iglesia y pueda contaminar a más gente. Los sacerdotes son, además de ministros de la Iglesia, ciudadanos de un Estado y deben responder a la justicia de éste igual que los demás; la pederastia es pecado y delito. Es lógico y recomendable, por tanto, que apechuguen judicialmente con sus delitos. El Papa ha condenado los hechos, los ha lanzado a la luz pública, ha recomendado su denuncia ante la justicia y ha pedido perdón: va por muy buen camino.

No entiendo nada. El juicio de la historia con los pederastas clérigos será implacable, pero también lo será el ejemplo de una organización que no duda en ponerse ‘colorada’ con el fin de erradicarlos. ¿Es posible que en otras organizaciones humanas aprendamos a actuar así y, en vez de tapar los desmanes, se denuncien dando ejemplo de compromiso con la justicia? ¿Alguien me lo explica?


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