Me dicen José Ribeiro e Castro (@ribeiroecastro) y Carlos Uriarte Sánchez (@carlos_curisan), europeístas


Carlos Uriarte Sánchez. Secretario General de Paneuropa España, Consejero de la Sociedad Europea Coudenhove-Kalergi, Profesor de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos
José Ribeiro e Castro. Diputado al Parlamento Europeo (1999/2009), Miembro del Movimento Europeo, Ex-líder del CDS

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En los 35 años desde que España y Portugal se unieron a la CEE

El 12 de junio de 1985, España y Portugal firmaron el Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas, celebrándose sendas ceremonias en la mañana en el monasterio de los Jerónimos de Lisboa y por la tarde en el Palacio Real de Madrid. Se convirtieron en parte del proyecto político más extraordinario de la segunda mitad del siglo XX. Para nuestros dos países, esta adhesión se confunde con la democracia: pertenecer a la entonces CEE no sería posible sin democracia; y la democracia sería muy frágil, y quizás incierta, sin adhesión.

La revolución de 1974 en Portugal allanó el camino para las elecciones constituyentes y una nueva Constitución. El Primer Gobierno Constitucional, presidido por Mário Soares, pidió inmediatamente, en 1976, que Portugal se uniera al Mercado Común. El Gobierno de Sá Carneiro y Freitas do Amaral, en 1980, relanzó el proceso, que, mientras tanto, la inestabilidad gobernativa había paralizado. Bruselas pronto definiría que Portugal y España entrarían en la misma fecha, si el proceso de España, que comenzó más tarde, avanzase a buen ritmo. Así sucedió, de nuevo en un gobierno presidido por Mário Soares.

En España, la transición se inició en noviembre de 1975 con la muerte de Francisco Franco y su sucesión como jefe del Estado del Rey Juan Carlos I. En 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas y el gobierno de Adolfo Suárez solicitó el inicio de negociaciones que fueron aceptadas ese mismo año. En 1978 se aprobó la nueva Constitución y en 1979 comenzaron las negociaciones con Bruselas siendo éstas continuadas por el gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo y concluidas por el de Felipe González.

Después de 35 años, más de la mitad del tiempo desde el inicio de la integración en 1957, España y Portugal pueden considerarse parte de los fundadores. Somos dos de los primeros 12. Somos parte de la redefinición que generó la Unión Europea en 1992. Somos parte del cambio impulsado por la caída del Muro. Somos parte de los impulsores de las grandes ampliaciones de principios del siglo XXI.

Hoy, estamos lejos de esa era de entusiasmo. Estamos pasando por tiempos de vacilación, división y dificultad. Tenemos que preguntarnos en serio, con mente abierta, qué generó el Brexit. ¿Qué le hicimos a los británicos para que la mayoría decidiera irse, 44 años después de que estuvieran con nosotros? ¿Qué hizo la UE para dejar de ser una promesa para ellos? ¿Qué hicimos para que ganase el escepticismo, la incredulidad y la desconexión?

Es importante restaurar el sueño europeo. Primero, es importante proteger la cohesión y la confianza entre todos. Con la caída del Muro, en 1989, el proyecto europeo cambió su naturaleza y vocación: dejó de ser un club cerrado para aspirar a ser el modo original de organización política y económica del continente europeo en la era de la globalización. Un modelo que debe de continuar siendo también faro de civilización y progreso para otras regiones del mundo.

La vocación de la UE es continental, atrayendo a todos y sabiendo cómo mantenerla. La prioridad es la cohesión, es la totalidad de todos nosotros. Recordemos el proverbio: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. En Europa, venimos desde lejos; queremos ir muy lejos.

Las instituciones europeas deben mostrar experiencia y visión, madurez y sabiduría. Como advirtió Jean-Claude Juncker en junio de 2017, “Europa no puede construirse contra las naciones”. Y agregó: “a los 15 años era federalista y ahora no creo en los Estados Unidos de Europa”. Palabras sabias. Los Estados miembros necesitan la Unión Europea; y la Unión Europea necesita sus Estados miembros, todos y cada uno, democracias vibrantes y naciones seguras, capaces de ser lo que son, sentir y trabajar juntos. Coudenhove-Kalergi, hoy, podría haber escrito ciertamente lo mismo que Jean-Claude Juncker, ya que los «Estados Unidos de Europa» de los que habla en su obra «Paneuropa», en 1923, era un ideal filosófico, no un modelo político-legal exacto. Esto es lo que se puede extraer de sus textos de esa década precursora. La clave es unir a los Estados de Europa para preservar los valores comunes y construir riqueza, libertad, justicia y prosperidad en común.

El sueño europeo se alimenta de esa identidad y pluralidad. El sueño europeo es la paz para siempre, nunca más la guerra en Europa. El sueño europeo es la democracia, la libertad, el Estado de derecho, el progreso y el bienestar de todos los ciudadanos. Todo solo es posible con todos los Estados miembros, todos motivados y seguros. El mayor activo es que somos todos. Los Estados debilitados debilitan a la Unión, que vive de la fortaleza de sus Estados y de la generosidad y del alcance de su acción. España y Portugal han sabido hacer coincidir sus intereses nacionales y europeos contribuyendo de esta manera de una manera leal a un proyecto común. Haciendo suya la máxima que, a más España y a más Portugal, más Europa; y a más Europa, más España y más Portugal.

La Declaración de Schuman del 9 de mayo de 1950 tiene una afirmación que nunca puede abandonar nuestro espíritu: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho.” Después del flagelo del Covid-19, estamos allí de nuevo. Es un momento de desafío y oportunidad. Al poner nuestros recursos en común, hay que enfrentar la crisis y superar juntos las consecuencias económicas y sociales muy negativas de la pandemia. Se puede hacer. Debe ser hecho. Lo más rápido posible. Sería decepcionante si los estadounidenses hubieran ayudado y rescatado a Europa en el período de posguerra y los europeos, con la UE a la cabeza, no supieran cómo apoyarse y reconstruirse.

Es otra vez el momento de la verdad. Sí, Europa no se hará a través de un único golpe, por tramas burocráticas o legales, ni en redes de poder. Sí, Europa se afirma por logros concretos que crean solidaridad de facto. ¡Es el momento! Es de nuevo la hora de Unión Europea.

Carlos Uriarte Sánchez
Secretario General de Paneuropa España,
Consejero de la Sociedad Europea Coudenhove-Kalergi
Profesor de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos

José Ribeiro e Castro
Diputado al Parlamento Europeo (1999/2009)
Miembro del Movimento Europeo
Ex-líder del CDS


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