No quiero ver el ombligo del PSOE


No entiendo nada. A dos días del tsunami electoral y, con la ‘crisis’ y lo que supone, pisándonos los talones, la gran preocupación que refleja la prensa española es mirar al obligo del PSOE. El Zapaterismo, que no el socialismo, ¿no ha hecho suficiente daño al bolsillo y por ende a la vida de los ciudadanos, que aún tenemos que hundirnos más para ver quien se reparte su herencia política que, hoy por hoy, no es más que un páramo de miseria? Basta ya, olvídennos y déjennos en paz. Váyanse a un balneario a discutir, quédense el tiempo que haga falta y decidan; pero, mientras, que alguien gobierne España.

Tampoco entiendo que, a estas alturas del fenómeno sísmico electoral, la única asunción de responsabilidades haya sido que el presidente Zapatero haya dado la cara para hacerse la víctima y echarle las culpas al mundo cruel y, que el responsable de la organización del desaguisado, Blanco, haya optado por transformarse en cronista del descalabro o testigo al parecer ajeno al fenómeno.

Menos entiendo aún que, mientras los ‘indignados‘ siguen en la Puerta del Sol y todas sus reivindicaciones en la ‘nevera’, pero latentes muchas de ellas en gran parte de la sociedad y, después de que los políticos -de casi cualquier pelaje- declararan que tomaban buena nota de sus motivos, las listas más votadas sigan siendo, en muchos ayuntamientos y en alguna comunidad, una anécdota electoral dado que lisa y llanamente serán oposición. Todos hablan de cambiar la ley electoral en campaña, pero nadie cambia la ley electoral ni por asomo. En esto como en tantas cosas siguen sin enterarse y, aunque les jorobe, diré que todos son iguales.


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