Un españolito dolido con “j”. (artículo publicado en la contra de La Gaceta del 19 de noviembre de 2009)

Albricias, hoy es día de felicitar a nuestros atuneros y a sus familias. Por fin de vuelta. Como dijo ZP, sacando pecho, “los marineros del Alakrana están libres y volverán a casa”. Al mandatario le faltó añadir que el rescate había sido rápido –sólo duro 47 días–, sin ceder al chantaje –se han pagado alrededor de 2,5 millones de euros-, discreto –dos fragatas y dos helicópteros– y, sobre todo, eficaz –desde la lanchita en la que huían los últimos piratas sólo les faltó hacer pedorretas a los soldados españoles que les perseguían–. La actuación de nuestro gobierno va a marcar un antes y un después en el trato a la piratería marina: todo el mundo tendrá ya muy claro lo que no hay que hacer.

            Cuando a mitad del artículo y sufriendo el síndrome del españolito dolido con j, me empezaban a venir a la mente cuestiones varias y deprimentes como el ranking de países corruptos donde España sigue escalando posiciones. O como los consumidores patrios, que se sitúan entre los más pesimistas del mundo, y no es de extrañar dado el patio económico que el Gobierno está dejando. O la valoración que hacen de nuestra ministra Salgado estos extranjeros del Finantial Times poniéndola de lo peor, la 16 de 19 ministros analizados. Con todo esto en mi mente, va y se me aparece, como la Virgen del Carmen a los atuneros liberados, el secretario de estado de Hacienda, Carlos Ocaña, pidiendo un pacto entre todas las administraciones para recortar su gasto y racionalizar los costes de su personal. Incrédulo yo –o recuerdo habérselo oído decir a ningún responsable del gobierno, más bien oía todo lo contrario– sigo investigando en estas luminosas declaraciones y encuentro más. Ocaña reclama ahora también moderación salarial para que los costes laborales sean sensibles a la evolución del ciclo económico.

            El mismo protagonista se comprometió a que “no habrá mas subidas de impuestos ni a corto ni a medio plazo”. Si esta declaración es realmente de fiar, –no lo tengo yo tan claro–, debería servir para que nuestros políticos, con los impuestos ya estables, se solidaricen con el resto de ciudadanos y prescindan de privilegios fiscales, como son el que parte de su sueldo, el correspondiente a las dietas, no tribute. No estamos hablando de la ley Beckham, sino del artículo 17.2 de la ley del IRPF que deja “exentas de tributación las remuneraciones que las instituciones públicas asignen para gastos de viaje, alojamiento y manutención”, y que llegan a suponer en muchos casos entre el 20% y 49% de su salario.

            No pensemos que esto sólo afecta a los altos dignatarios, se aprovechan de ello diputados, senadores, parlamentarios autonómicos, alcaldes y concejales, es decir cerca de 76.000 políticos que hay en España. No estoy hablando de que se bajen el sueldo, sino que pasen a tributar como se pide a las estrellas de fútbol extranjeras y como el resto de los mortales hispanos hacemos desde hace tiempo. Ánimo Señorías, prediquen con el ejemplo.

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