Yo no soy tonto

 

Foto distribuida por la DGT de la silenciosa acompañante

Somos miles los automovilistas que, cada mañana y, habitualmente, cada noche, nos tragamos un atasco morrocotudo para entrar y salir de Madrid hacia nuestro reparador hogar. Cuando este estresante fenómeno tiene lugar en la autopista bien llamada de la Coruña, podemos observar como hay dos carriles reservados para aquellos conductores que no van solos. Sin plantearse la legalidad de la norma, el tipo de compañía que con ellos circula siempre y cuando sea humana. Pues bien, un avispado, yo conozco algunos más, para evitar las kilométricas colas, ha echado mano a un femenino maniquí para confundir a los beneméritos de tráfico que, sin hacer nada para agilizar el atasco, se agazapan para cazar a los infractores. Y le han cazado. Bendita España, siempre hay un avispado que, a pesar de jorobarnos a todos los demás, jugando fuera de reglas nos provoca envidia y, cuando le pillan, un malévolo regocijo. Si amen de pillar al conductor de la muñeca casi hinchable sacáramos de los carriles rápidos a todos aquellos políticos que sisan o a aquellos empresarios, chinos o hispanos, que navegan raudos por la economía sumergida, igual empezábamos a volar antes de hora todos.

Un pensamiento en “Yo no soy tonto

  1. Aveces se hacen normas, sí, que nadie se plantea para qué, pero muchas veces se ponen con ánimos recaudatorio, a este y a otros listillos que al final,de eso nada, se les quitará con esta multa que ha recibido por colarse por donde no debe, las ganas de “saltarse las normas”, yo me lo pensaría.

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