Me dice Mariano Urdiales Viedma, médico patólogo


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NO A LAGUERA, NO A LA HIPOCRESÍA, NO A LA TONTUNA

Claro que sí, el “No a la Guerra” es un deseo universal de la gente de bien, al igual que no a la violencia en general, al hambre, a la pobreza, al cáncer, a la muerte,  etc. Pero una cosa es un noble deseo y otra la realidad de la vida.

Desde el principio de los tiempos ha habido violencia y guerras, tenemos la vieja historia de Caín y Abel, la guerra de Troya, las Médicas, las del Peloponeso, las de las Galias, en el silo XX, dos guerras mundiales y después la de los Balcanes en el corazón de la avanzada y culta Europa, las cuales finalizaron gracias a la intervención americana, no por la diplomacia internacional. En pleno siglo XXI hay numerosos conflictos en África. La historia de la humanidad está plagada de guerras. Estamos de acuerdo en intentar acabar con esa plaga. Pero, siendo realistas, ¿somos capaces de vivir sin guerras?, la experiencia demuestra que es muy difícil. El mal existe y ese viejo refrán español “Dos no riñen si uno no quiere”, es falso, basta con que uno quiera para que la violencia se ejerza y si el otro no se defiende, sencillamente pierde y el violento se impone. Los nazis y los comunistas Rusos invadieron Polonia y no preguntaron a los polacos si querían luchar, tampoco le preguntó hace poco Putin a Ucrania, ni hace algo más China al Tibet y todavía está el Dalái Lama huido en la India. ¿Puede alguien creer que el diálogo y los paños calientes habrían detenido a Atila, a Putin o a Hitler?, sobre éste último conocemos las consecuencias de la política de apaciguamiento de Chamberlain y las palabras de Churchill a su actuación: “Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra. Elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra”. Cuando tratamos con dictadores y déspotas, la ética, los principios y argumentos no cuentan, desgraciadamente, lo único que valoran es la fuerza. Eso ya lo entendían los romanos cuando decían: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, lo demás es no afrontar la verdad, postureo e hipocresía.

Cuando Rusia invadió Chechenia en 1994, Georgia en 2008 o Crimea en el 2014 no recuerdo manifestaciones contra la guerra en España, si hubo alguna, debió pasar casi inadvertida, tampoco las hubo cuando en 2011, bajo la presidencia de Rodríguez Zapatero, España participó de forma activa en el derrocamiento y muerte de Gadafi, con las consecuencias que conocemos, Libia se convirtió en el estado fallido que sigue siendo hoy. Zapatero también defendió sin tapujos a Obama cuando mataron a BinLaden en Pakistán, en una operación que el presidente no comunicó al Congreso. Claro, era Obama, un icono para la progresía española, es la doble vara de medir de siempre. Parece ser que para estos “supuestos” defensores del “No a la Guerra”, hay guerras de 1ª y de 2ª, dependiendo de quién las comience, si es alguien de su cuerda, se justifican, en caso contrario se demonizan. El dolor y las víctimas reales les importan un bledo, con el agravante de que en su postura marxista/comunista, ellos intentan dividir la sociedad en la dicotomía simplista de buenos y malos y tienen el cinismo de adjudicarse ellos el calificativo de buenos siempre. Un buen ejemplo de esa hipocresía es el silencio de la televisión y grupos financiados por nuestro gobierno “pacifista” sobre África, la gran olvidada, allí hay guerras en Mali, Burkina Faso, Somalia, Niger, Etiopía, República Centroafrican, Nigeria, Sudán y República Democrática del Congo, solo en los dos últimos países se han producido millones de muertos, repito, millones, más desplazamientos, hambrunas y todo tipo de penurias, pero no sé de manifestaciones de “supuestos” bien intencionados con el grito y pancartas de “No a la Guerra”, quizás se deba a que son guerras de 2ª o y también a que en muchos de esos conflictos un protagonista importante son los grupos Al Qaeda, el Estado Islámico y Boko Haram y es sabido que la izquierda y el islam tienen un pacto o tregua en su lucha contra el occidente democrático.

Se intenta justificar el “No a la Guerra” por no ajustarse a la “Legalidad o Derecho Internacional”. ¿Existe realmente esa legalidad?. La verdad es que no, para que existiera, debería haber algo o alguien que la garantizara y esa entidad no existe, de hecho, nadie paró a China en Tibet ni a Rusia en Crimea y Ucrania. La ONU no pudo evitar ni el genocidio en Ruanda en 1994, donde se exterminó a la población tutsi y se trataba de un país débil, tampoco hoy día puede evitar el genocidio de cristianos que los yihadistas están perpetrando en Nigeria. La ONU tiene dos grandes problemas que la hacen inoperante, uno, el derecho a veto de los 5 grandes, lo que impide tomar ninguna resolución seria y con consecuencias y el segundo es que de los 193 miembros de esa asociación, solo 25 se pueden considerar democracias plenas y se da la paradoja, que en el Consejo de Derechos Humanos el 70% de los componentes son dictaduras. Conclusión, la ONU ni sirve ni funciona. Desgraciadamente, el Derecho Internacionalexistente, no defiende ni los derechos humanos, ni a las poblaciones civiles, solo sirve para perpetuar a sátrapas y dictadores.

Ante esa situación, surge la pregunta: ¿Qué puede hacer la comunidad internacional ante un régimen despótico, liberticida y asesino?. Si no hacemos nada, nos ponemos del lado del verdugo y abandonamos a las víctimas. A los totalitarios les viene muy bien el principio de no inmiscuirse en los asunto internos de un país, así tienen manga ancha para hacer lo que quieran. Hay que tener claro que atacar a un dictador o a un régimen corrupto y totalitario, no es atacar a ese país, más bien es ayudarle a desembarazarse del déspota. No podemos identificar a Maduro con Venezuela ni a Alí Jamenei con Irán. Pensemos en esos dos países, ambos ricos, nadando en petróleo y con pueblos empobrecidas, sin libertad, con presos y asesinatos políticos, sin respeto a los derechos humanos. Meditemos sobre Venezuela, con una población total de unos 30 millones depersonas en 2017, se han exiliado entre 8-10 millones de personas en los últimos años, no se han ido de turismo, han dejado su tierra sus familias, casas, pertenencias, huyendel terror, la violencia y la miseria, buscando un futuro incierto en el extranjero, incluso teniendo que prostituirse las mujeres para sobrevivir en su huida y en el exilio. Si miramos a Irán, en las últimas semanas, los ayatolás han asesinado en las calles a decenas de miles de personas, unas 43.000 según la Organización Internacional de Derechos Humanos a fecha del 25 del pasado mes de enero e intenta obtener armas nucleares para usar contra Israel, al que quiere hacer desaparecer y lo expresa alto y claro, quiere dejar libre de judíos el territorio entre el río y el mar; por si no fuera suficiente, subvenciona a Hezbolá en el Líbano, a los Hutíes (Ansar Allah) en Yemen, que atacan a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos, a la Yihad Islámica Palestina y a Hamás que ha mandado en Palestina durante décadas, no ha permitido elecciones libres, ha malgastado la multimillonaria ayuda occidental, superior en unas veinte veces al plan Marshall que recibió Europa tras la segunda conflagración mundial, que ha malversado armándose hasta los dientes y construyendo túneles y refugios debajo de escuelas, hospitales e instalaciones civiles, usando a sus compatriotas como escudos humanos y luego exhiben sus muertos en plan propagandístico, pero con tanto dinero, no han logrado mejorar el nivel de vida de su pueblo. Ese mismo grupo, en octubre del 2023, en un concierto en Israel, violó, torturó, incluso quemaron a personas vivas y resumiendo, asesinaron a1219 seres humanos, la mayoría civiles, incluyendo ancianos, bebés y se llevaron a 254 rehenes. Los tentáculos de Irán no se limitan a lo mencionado, también han asesinado en Argentina y no hace tanto, intentaron matar en Madrid a Vidal Cuadras, le dispararon en la cara, se salvó de milagro, pero se le diomucha menos cobertura mediática que al controvertido beso de Rubiales a JenniHermoso.

Con esos antecedentes, ¿se puede atacar de forma selectiva a las autoridades venezolanas e iraníes, respetando de forma quirúrgica a la población civil, minimizando los daños colaterales, para tratar de forzar un cambio democrático? Cada cual que responda en conciencia. La realidad es que el mundo está mejor sin Maduro y sin A. Jamenei. La mayoría de las poblaciones de esos dos países están contentas con las intervenciones americanas.

Finalmente, una leve consideración sobre lo que le conviene a España. ¿Nos interesa más la amistad con Irán y China que con Estados Unidos, un aliado nuestro de siempre?.  Gracias al gobierno de Sánchez ya no le compramos gas a Argelia, debido a esa cesión del Sahara Español que hizo de forma unilateral, sin comunicar al Congreso y obviando la resolución de la ONU. Hoy  compramos buena parte del gas que consumimos a Estados Unidos, tenemos una gran dependencia tecnológica de ese país en todos los sectores, desde el militar a la medicina y además es el mayor inversor en nuestra economía, ¿qué ganamos con enfrentarnos a USA?. Marruecos, nuestro vecino, el que quiere apoderarse de Canarias, Ceuta y Melilla, cada vez gasta más en armamento y es más amigo de Estados Unidos y de Trump, si nos hace una nueva Marcha Verde, ¿quién nos ayudará?, ¿China, que se ha desligado de su socio Irán?. No a la Guerra, pero los aviones americanos siguen usando las bases de Rota y Morón, nuestra fragata insignia va a Chipre, donde hay una base inglesa, Inglaterra ya no está en la UE y en los últimos tiempos Sánchez ha comprado miles de millones de euros en armamento a USA. ¿Dónde estamos?, no podemos soplar y sorber a la vez.

Si no me demuestran lo contrario, creo que en esto del No a laGuerra en España, hay mucho postureo, hipocresía y querer tomarnos por tontos.

Mariano Urdiales Viedma. Médico Patólogo, jubilado. Ubeda


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