La bruja ‘bruji’

los cuatro

Llevo casi cuatro meses en que, salvo honrosas excepciones, se me pide emular el rol de pitonisa. Desde el día 20 de diciembre por la noche, las preguntas más recurrentes que se me hacen son más bien para  un profesional de la brujería: ¿habrá gobierno? ¿Quién pactará? Así hasta hoy y es probable que hasta mucho más adelante.

Si ni los protagonista saben que pasará, ¿cómo pretenden que lo sepamos los periodistas? Puedo responder con mayor o menor fortuna a las preguntas de ¿qué está pasando? ¿A que juegan? ¿Qué pretenden? Y ahí, dependiendo de mi información y mi capacidad de análisis por mis conocimientos de la materia, podré interpretar, con mayor o menor acierto, la realidad y, sobre todo, analizar las posibles consecuencias de lo que hacen o dejan de hacer.

¿Qué saben los distintos partidos desde el día 20 por la noche? El PP sabe que sin el PSOE, no puede nada. El PSOE sabe que cualquier opción tiene un alto precio en el futuro y su secretario general sabe que, sin gobierno, se marcha a casa. Podemos sabe que se ha quedado corto y que tiene que llevar al PSOE al precipicio para que dé un paso al frente y, Ciudadanos, sabe que o espabila o no es nada. ¿Algo de eso ha cambiado? No parece. ¿Algo de eso cambiará si hay elecciones? ‘Bruji’ sabrá, pero no es probable.

No entiendo nada. ¿No saben ver que, dados los resultados y la realidad de España, el momento invita y hace posible que PP Y PSOE, con el que se apunte, tienen la oportunidad histórica de pensar en grande y hacer todas aquellas modificaciones que, sin prejuicios partidarios, pueden vertebrar España? ¿Alguien me lo explica?

Acusación popular

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La detención del secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernad, ha servido para algunos de excusa para poner en tela de juicio la llamada ‘Acusación popular’. No olvídemos que Manos Limpias ha intervenido en multitud de causas alegando en base a este principio. La actuación más mediática en este sentido es su personación en el llamado ‘caso Nóos’ que mantiene a la Infanta Cristina sentada en el banquillo de los acusados a pesar de que ni siquiera la fiscalía ve signos de delito en su actuación.

¿Qué es la ‘acusación popular’? Es la capacidad reconocida en nuestra Constitución de ser parte demandante o acusadora sin haber sufrido un daño particular por la conducta denunciada. Distinto es esto de la llamada ‘acusación particular’ que es aquella que ejerce uno o un grupo de particulares, por sentirse directamente afectados por el hecho denunciado. En ambos casos la iniciativa corresponde a una entidad, privada o pública,  distinta de la acción de la fiscalía.

Parece ser que, en una sociedad organizada, si se descubre un delito, hay un organismo del Estado que deber actuar de oficio: la fiscalía. El Ministerio Público, así es como también se llama, debe actuar siempre que vea atacada la legalidad o los derechos de los ciudadanos o el interés público. Pero, ¿qué ocurre cuando el Ministerio Público está a por uvas? Ocurre que hay un seguro de legalidad que somos los ciudadanos, o bien porque somos la víctima, acusación particular, o porque estamos más concienciados que la fiscalía, acusación popular, y levantamos la liebre y la llevamos ante la justicia.

No entiendo nada. Siendo la politización de la justicia en España, uno de los pilares de la galopante corrupción que nos ahoga, ¿Por qué algunos pretenden restringir la ‘acusación popular’ que es uno de los pocos mecanismos de independencia judicial que nos quedan? ¿Alguien me lo explica?

Tiempo del Rey

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Tengo la sensación, como muchos españoles, que a la Monarquía le quedan pocas opciones perdonables de error. Más meteduras de pata darían al traste con una Institución que, a pesar de los pesares, tiene sus grandes ventajas. Felipe VI ha decidido arriesgar poco, consciente de su fragilidad institucional. Los mensajitos del “compi yogui’ han supuesto la primera tarjeta amarilla en una competición en la que estos avisos son acumulables. Es por ello que el papel del Rey en estos momentos de propuesta de candidato para presidente de gobierno, se han ajustado escrupulosamente a lo que la legalidad constitucional esperaba de él.

No forzó a Rajoy. Aceptó el paso al frente de Sánchez y vuelve a convocar a todos para oír su opinión y obrar en consecuencia.  Sánchez ya tuvo su oportunidad, ¿la tendrá, si la pide, ahora Rajoy? Las declaraciones de Patxi López, Presidente ‘partidista’ de las Cortes, sugiriendo que el Rey no puede encargar nada al que, al contrario que a Pedro Sánchez, no presente una aritmética triunfadora, dan a entender que algo de esto teme el PSOE. No sería de extrañar que, a pesar de que los números no cuadren, Rajoy esta vez sí aceptara la que va a ser última oportunidad de hacer un movimiento proactivo, que tendría la virtud del ‘más vale tarde que nunca’ al mismo tiempo que sería un buen escaparate de precampaña electoral.  Si realmente el PP está orgulloso de lo que ha hecho en la última legislatura y/o tenía una oferta que un Sánchez menos sectario no hubiera podido rechazar, ahora es el momento de presentar en sociedad está propuesta y, dándoselas de estadista, retratar que busca cada uno.

No entiendo nada. Ya sé que un Rey más avezado podría haber inducido una solución salomónica de gobierno, pero dado que es como es, ¿se atreverá a dar a Rajoy, si se la pide, una oportunidad con escasas, cuando no nulas, posibilidades de que sea eficaz para formar gobierno? ¿Alguien me lo explica?

La EsPPe

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La lideresa, liberada de muchas de sus hasta hace poco obligaciones profesionales, ha tenido tiempo de escribir: Yo no me callo. Quitando el ‘yo’, es algo pedante, y añadiendo el ‘ahora’, quizás vendería menos ejemplares pero ganaría en objetividad.

Muchos dirán ‘a buenas horas, mangas verdes’, otros recordaran el dicho de ‘más vale tarde, que nunca’. Intentaré dejar la crítica a la autora para mejor ocasión y, dado que no tengo la necesidad de desmarcarme de nadie, hace tiempo que voy por libre, aprovecharé para hacerme eco del mensaje de fondo que contiene el libro, en unos momentos en que florece lo nuevo que no es más que lo más viejo con lacitos de protesta.

La verdad es que lo que le ocurra al PP, como al PSOE, personalmente me trae sin cuidado, ambos se me cayeron del guindo, pero una nación si no quiere diluirse, precisa de partidos con cara y ojos y, sobre todo, de ciudadanos con principios. ¿Qué son el PP o el PSOE? Son máquinas de poder y oficinas de colocación de demasiados mediocres y así nos va.

Esperanza reivindica, y esto si lo valoro, un partido cuya ideología huya del colectivismo igualitarista para sembrar libertad en sus ciudadanos y en todas las formas de organizar su vida. ¿Liberalismo? Quizás. No nos perdamos en nombres. Ella lo resume y me gusta: “más libertad individual, más España, menos burocracia y menos impuestos.

No entiendo nada. Ya sé que esto que reivindica Esperanza no es el PP de ahora, el de Rajoy, quizás lo fue pero, ¿lo volverá a ser algún día? ¿Alguien me lo explica?

La picota

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Con la picota me refiero a las columnas donde se exponía a aquellos espabiladillos que habían sido pillados con las manos en la masa a los que se aplicaba esta pena, más bien leve, de exposición para el escarnio público. Hoy probablemente está picota ha pasado a ser lo que llamamos pena de telediario que sinceramente parece difícilmente evitable.

Esta semana sin ir más lejos dos personajes públicos, nada parecidos por otra parte, han sido sometidos a esta público escarmiento. Mario Conde, el ex banquero, ex presidiario y ex escritor, y el aún ministro Soria. Me limitaré de momento al caso de Conde, dado que el inicio del castigo público empieza por una actuación judicial y una intervención de la UCO. De momento hay secreto de sumario a pesar de que algunos medios de comunicación, visionarios sin duda, parecen dominar los intríngulis del caso. En plena explosión de los papeles de Panamá, de cómo sacar dinero de España, aparece el caso de uno que quería reingresarlos. Sin entrar en el juicio de valor, valga como siempre la presunción de inocencia sobre todo cuando tengo la seguridad de no tener ni idea de lo que ha hecho o ha dejado de hacer, si diré que la gente en la calle vuelve a estar sobreirritada.

Es curioso que ante cualquier caso con sospechas de corrupción económica, la gente tiene la sensación que, además de la picota, poco pasa. Se esfuma siempre el dinero, que resarcimos luego entre todos y los tiempos jurídicos hacen que se eternice la aplicación de las penas.

No entiendo nada. Porque, ante un caso tan mediático como es el de Mario Conde, la pregunta que se hacen los ciudadanos es:  y con los Pujol: ¿qué pasa? ¿Tienen bula que hasta de picota casi nada de nada? ¿Alguien me lo explica?

Por qué no te callas

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Es evidente que la incontinencia verbal ha sido causa de múltiples fracasos. Sin llegar a los silencios exagerados de Rajoy, la prudencia hace que midamos nuestras palabras. Somos, como reza el dicho, dueños de nuestros silencios y es evidente que algunos deberían controlar su afición a ser procaces. La teórica obligación de hablar continuamente ha hundido multitud de currículos brillantes. Por la boca muere el pez y ridiculiza a los deslenguados bocazas.

Lo de los líderes venezolanos ya es paradigmático. Chávez, en su momento, y Maduro, ahora, no paran de hablar y la verdad que, para lo que dicen, más les valdría estar callados. Cuando te ríen las gracias tienes un problema si no eres gracioso. Alardear de hundir un país, es esperpéntico. Alardear de gobernar gracias al miedo, es macabro. Alardear de sembrar hambre y miseria, es casi sádico.

Las relaciones de España con los países hispanohablantes deben, siempre que sea posible, estar por encima de los vaivenes políticos, de la singularidad de los mandatarios e incluso de las torpezas de sus dirigentes. Además de la diplomacia, deben existir lazos sociales que aguanten carros y carretas perdurando en el tiempo. Pero, para ello, es básico un mínimo nivel de sentido común en los mandamases que haga que, cuando no tengan nada bueno que aportar, simplemente se callen.

No entiendo nada. Castro, mucho más inteligente que sus copias, a pesar de hablar mucho, sabía contener su desmesura. ¿Qué le pasa a Maduro que, al igual que Chávez, necesita oír de alguien con autoridad el ‘por qué no te callas’? ¿Alguien me lo explica?

Política y pitufeo

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En plena semana de portadas con la lista de los Papeles de Panamá y después de días y días hozando en el estiércol del pitufeo blanqueador de capitales del PP de Valencia, aparece en la prensa la duda, cuanto menos razonable, sobre la financiación de ‘Podemos’, por su peculiar procedencia y posterior posible blanqueo, y el rumor cada, día más insistente, de opacidad en la financiación de Ciudadanos que amenaza con salir a la luz en cualquier momento.

Lejos de hacer de altavoz a rumores o ni siquiera extender noticias sobre comportamientos dudosos de personas o partidos, me parece más interesante señalar porque seguimos en eso.

Uno tiene la sensación, cuando no la casi seguridad, de vivir en un mundo de cuatreros. La máxima existencial de nuestro modus vivendi se resume perfectamente con el viejo casticismo, hoy políticamente de la más incorrecto, de ‘maricón el último’.

A falta de una profunda moral personal que valore la honradez como característica básica del buen ciudadano, ayuda mucho al buen comportamiento el que quien la hace la paga y la pague más bien caro. Si uno no tiene principios,  quizás tenga miedo a lo que le pueda ocurrir si actúa malamente y, dado que no estamos en el lejano oeste las leyes deben ser las que sancionen esos frecuentes atrevimientos.

No entiendo nada. ¿Realmente alguien se cree que con partidos políticos poco democráticos y con el poder judicial sin medios y secuestrado por la política, es posible erradicar la corrupción? ¿Alguien me lo explica?

Ciudadanos, partido veleta

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Una persona inconstante y mudable, para la RAE, se califica como una persona veleta. Cuando una organización, un partido político en este caso, insiste una y otra vez en que apoyará solo la lista más votada, niega reiteradamente su compatibilidad con otro partido y echa pestes de formar gobiernos entre varias fuerzas para, al poco, tragarse todo e intentar apoyar al que no ganó, juntarse con el incompatible y formar gobierno de coalición entre los tres, ¿no es un veleta y sus compromisos políticos no son una mentira?

Cabe, hasta es probable, una interpretación más benévola de los vaivenes de Ciudadanos: la bisoñez. Ciudadanos puede que no sea más que un partido inexperto, pipiolo y, por tanto si se esmera, con la capacidad de aprendizaje del novel; pero también cabe que simplemente no tenga ni posición ni criterio y esto no le haría mejorable sino simplemente un partido veleta.

No es fácil la posición de Ciudadanos, y por ende la de Rivera, si basa su existencia en adaptarse a lo que hoy conviene. Las políticas tacticistas, que reducen sus fundamentos al cálculo de cómo ganar más votos o perder menos, ya tienen sus propios profesionales en el PP y en el PSOE. Para esto, no hacía falta que naciera Ciudadanos, se cubría este triste planteamiento con los partidos de siempre. Ciudadanos, si por algo es necesario es por tener claro lo que quiere y, sobre todo, por desterrar de la política los comportamientos trapaceros.

No entiendo nada. La primera actitud que precisa C’s para ser útil es ser coherente y no engañar como el resto. ¿Es coherente con lo prometido por C’s elevar al gobierno de España al PSOE con o sin Podemos? ¿Alguien me lo explica?

Pseudodemocracia en España

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Curiosos tiempos los nuestros en que los partidos políticos españoles no logran, tras más de cien días de parálisis institucional, dar con una fórmula que permita una investidura y posiblemente un pacto de gobierno.

La gran cuestión de fondo, además de que nadie quiere ser responsable de unas nuevas elecciones, es como se defienden mejor los viejos partidos después de la explosiva irrupción de los nuevos. Si bien PP y PSOE vivían felices con la situación de hecho de duopolio entre ellos, ahora tiene frente así asimilar a los nuevos o, lo que es peor, asimilarse con ellos.

El duopolio imperante consiguió, a la limón, tergiversar nuestra Constitución, secuestrando la incipiente democracia española y convertirla en una bula para sus afanes de poder totalitario, rompiendo la separación de poderes y comprando, con subvenciones y dadivas, la libertad de prensa. España es una psudodemocracia, convertida de hecho en una partitocracia de dos, con ribetes claros de totalitarismo.

La irrupción de Podemos, ejemplo claro de populismo, puede romper la baraja. Nadie duda que, su aparición y rápido crecimiento, obedece a una reacción frente al duopolio que secuestró nuestra democracia pero, ¿es peor el remedio o la enfermedad? Los populismos siempre nacen con un liderazgo carismático, apelan directamente al pueblo y acaban amenazando primero y excluyendo después a las instituciones políticas democráticas de un Estado.

No entiendo nada. Si los dos protagonistas del duopolio se dan por enterados de la reacción popular, ¿no sería mejor que reandaran lo andado y juntos devolvieran a nuestra Constitución el sentido democrático original en que fue redactada? ¿Alguien me lo explica?

Impuestos: Papeles de Panamá

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Hoy toca hablar de impuestos, no solo porque empieza ya la campaña de la declaración de la renta en España, sino fundamentalmente porque ha salido a la luz lo que se llama los ‘Papeles de Panamá’ que darán mucho que hablar.

Primero fue la famosa ‘lista Falciani’ y ahora son los ‘papeles de Panamá’ las que suponen a priori, presunción de inocencia incorporada, un elenco de ‘pájaros’ poderosos que supuestamente han buscado derroteros mas opacos y baratos para sus pertenencias. Tener dinero fuera no es de por si delito, siempre y cuando se cotice por ello en donde uno debe. Tener dinero negro, es decir saltándose la fiscalidad, es moralmente reprobable y socialmente infumable lo tengo uno donde lo tenga, y es delito cuando, según la cantidad, las leyes del país así lo estimen.

Cuestión distinta es que la propia palabra ‘impuestos’ indica la ‘alegría’ con la que uno satisface semejante obligación y por tanto es bueno que pagarlos, además de hacer que moral y socialmente uno se encuentre con la conciencia tranquila, suponga una carga soportable y no desmesurada. El hecho de que Rajoy deje los impuestos a las familias más altos que los encontró, no facilita en absoluto pagarlos poniendo buena cara, de la misma manera que gastarlos en cuestiones poco razonables, cuando no muy discutibles, tampoco lo hace.

No entiendo nada. Dado que hay que imponer un pago para sobrevivir en sociedad, ¿no sería mejor que las leyes incentivaran el cumplimiento fiscal haciendo que los impuestos fueran los mínimos y que su pago sirviera realmente para redistribuir el dinero con justicia en necesidades objetivas? ¿Alguien me lo explica?