Armando Zerolo: ‘El Estado es ineficiente, con demasiado gasto, demasiada función pública’


Conversación tranquila de @jmfrancas con Armando Zerolo (@azeroloduran), profesor Filosofía del Derecho USPCEU y Presidente Fundación Conversación (https://fundacionconversacion.com/) y participante en MIRADAS ANTE LA CRISIS DEL COVID-19 del Club Tocqueville.

Tuitter:@jmfrancas Webhttps://sinpostureo.com bloghttp://www.noentiendonada.esYouTubehttps://www.youtube.com/channel/UCUGcEzxyMJwuOCBNnjwPDxg?view_as=subscriber

JMF: ¿Qué es la Fundación Conversación?

AZ: Es una iniciativa que nace con la vocación de regenerar la cultura política de la conversación porque entendemos que eso forma parte de nuestra tradición. Hay una verdad política que consiste en poner de acuerdo a diferentes actores y no solo en defender un único punto de vista. Organizamos cursos de formación, charlas y coloquios con el fin de recuperar lo mejor de cada tradición y de cada persona con vocación por la vida pública. La Fundación Conversación tiene como fin fomentar la cultura política, el diálogo y la comprensión de los fenómenos culturales y políticos que afectan a la convivencia. Pretendemos fomentar un espacio común de encuentro en el que se pueda generar una conversación entre diferentes agentes. Partimos de la convicción de que la esencia de la cultura española, europea y occidental se encuentra en la conversación como medio para alcanzar acuerdos razonables que hagan posible la convivencia, pero también entendemos la conversación como fin en el sentido de que el hecho de estar juntos y descubrir en acto la belleza de un encuentro entre personas e ideas tiene un valor constitutivo de la vida política. La vida en común, con sus diferencias y dificultades, forma parte de la verdad política. La conversación forma parte del propio relato sobre la amistad política y por ello no solo es el medio sino que también es el fin. La conversación es parte integrante del bien común.

JMF: ¿Como saldremos de la crisis del virus?

AZ: La crisis es un fenómeno desconocido hasta la fecha y que afecta muchos aspectos de la vida, desde el más personal y psicológico hasta el político a nivel local, estatal y global. Por tanto, lo primero que hay que señalar es que la respuesta a un problema de esta magnitud debe ser colaborativa. Lo hará mejor el que más personas y agentes influyentes sea capaz de poner en colaboración. Las políticas excluyentes están destinadas a fracasar. No es solo una cuestión de actitud, es una cuestión de liderazgo, de ser capaz de convocar a los mejores y de reincorporar a los que podrían quedarse fuera por distintas razones.

JMF: ¿Te refieres a la crisis sanitaria?

AZ: El covid19 empezó siendo una crisis sanitaria y local de una región particular y alejada del mundo como era Wuhan, pero ha terminado por ser una crisis económica, política y social a escala global. El covid ha actuado como catalizador de una serie de fenómenos latentes que están emergiendo ahora a la vez. Por tanto, lo que empezó por ser una crisis sanitaria puede decirse que ha terminado por ser una crisis cultural que afectará a muchos aspectos de la vida.

JMF: Crisis sanitaria, crisis económica y crisis Institucional… ¿Crisis de la democracia?

AZ: No lo creo. La democracia estaba en cuestión por algunos ya antes de la crisis, porque siempre lo ha estado. Si entendemos por democracia un sistema político que parte del respeto de la ley y la independencia de los tribunales, de la separación de poderes, del respeto de libertades fundamentales, de la propiedad privada y de la solidaridad de los miembros que la componen, entonces pienso que hoy más que nunca se está revalorizando y depurándose de sus enemigos con tentaciones totalitarias. Creo que, precisamente en este sentido, la “democracia” está mostrando su fortaleza.

JMF: El ‘Estado de alarma’ y su concreción por parte del Gobierno da que pensar en afanes totalitarios, ¿no te lo parece?

AZ: No. El Estado de Alarma está pensado para un supuesto de emergencia sanitaria, mientras que el estado de excepción lo está para una situación de emergencia política en el que el normal cumplimiento de la vida democrática no se pueda garantizar. Yo entiendo que el confinamiento, incluida la suspensión del comercio, celebraciones religiosas y libertad de circulación han tenido como finalidad en todo momento evitar aumentar el número de contagios y muertos, y saturar aun más el sistema sanitario. No creo que en ningún caso haya sido un intento encubierto de socavar las libertades fundamentales. Es cierto que ha habido algún exceso como la suspensión de la actividad parlamentaria, y alguna torpeza grave como controlar las preguntas de la prensa, pero no creo que la concreción de las medidas persiga como fin dañar la Constitución. Otra cosa es que el Gobierno tenga su propia ideología, de corte más intervencionista, y que por tradición sea más estatalista, pero se mueve dentro del amplio marco de la Constitución, y no veo que lo haga fuera del límite.

JMF: ¿Piensas bien de Sánchez y ‘Podemos’?

AZ: Pienso que el Gobierno en su conjunto está haciendo lo posible por estar a la altura del reto y no creo sinceramente que ninguno de los demás partidos lo estaría haciendo mejor. Vemos que las cifras de la crisis están siendo parecidas en todos los Estados que ofrecen información fidedigna. España acarrea problemas estructurales y coyunturales heredados de la anterior crisis financiera, junto con un Estado que tiene ineficiencias históricas debidas a una descentralización mal hecha por no haber afrontado el problema de los nacionalismos. El ejemplo son los Ministerios de Sanidad y Educación. Ambos han sufrido la descentralización autonómica y se han convertido en instituciones con muy poca capacidad de acción. El virus, más que poner en evidencia al Gobierno, está sacando a la luz graves ineficiencias estructurales del sistema. Por cierto, aunque el Gobierno lo haga mal, la oposición tampoco lo está haciendo mejor en su conjunto.

JMF: ¿Qué ineficiencias del sistema destacarías?

AZ: El sistema tiene muchas, pero la crisis está haciendo ver con claridad que tenemos, al menos, tres graves problemas: 1. Un modelo territorial desmembrado que oscila entre el extremo del centralismo estatalista y el extremo del nacionalismo. El desarrollo del modelo territorial no se ha hecho con una conciencia de Estado, sino que se ha utilizado como moneda de cambio con los nacionalistas para conseguir pactos de gobierno. El resultado es una indefinición que ya dejó ver su peligrosidad con el “problema catalán”. 2. Un problema de déficit que supone un lastre para el crecimiento del Estado demasiado pesado. El Estado es ineficiente, con demasiado gasto, demasiada función pública, y poca inversión en sectores que den valor a nuestra economía. Y 3. La educación: las competencias educativas se han cedido a las Autonomías y cada una ha actuado como mejor ha podido. El resultado es una pérdida de calidad de la educación, una politización de la misma, poca investigación y fuga de talentos a otros países.

JMF: Me has hablado de una crisis cultural que afectará a muchos aspectos de la vida, ¿qué aspectos tienes claros se verán afectados?

AZ: En muchos aspectos, pero prefiero detenerme en dos, el existencial y el social. En el plano existencial nos volvemos a preguntar la razón de la vida. Nos hemos visto forzados a pararnos y esto presenta una ocasión propicia para reflexionar acerca de las cosas que más apreciamos y que realmente necesitamos. En el plano social nos hemos descubierto como una sociedad vida, solidaria, que no quiere crispación, que aprecia a los mayores y que todavía da un gran valor al cuerpo, al proteger a los muertos y lamentar no poder velarlos. Somos una sociedad muy crítica con nosotros mismos, y todo esto que está pasando nos está enseñando a vernos de otra manera un poco más positiva, más realista.

JMF: Mil gracias Armando, un abrazo y ojalá pronto podamos hablar de los cambios reales porque el desastre del virus haya desaparecido.

AZ: Ojalá, gracias a tí y enhorabuena por la iniciativa. Un abrazo fuerte.


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