Como mucho reacción, nunca acción

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Ayer la jueza Alaya siguió en su particular cruzada, parece bastante sola en la judicatura andaluza, contra la corrupción en Andalucía. La gran imputadora, más de doscientos veinte imputados hasta ahora entre las causas que instruye, llevó sus largos tentáculos hasta las Islas Canarias y amplió el número de imputados en treinta y dos.

La operación “madeja” en honor a esta causa que tiene su origen en Mercasevilla ha parido a la operación “enredadera” –pronto se acabarán los nombres alegóricos- que corroe en media España. Por fin han aparecido comprometidos en una tela corrupta, amén de empresarios y políticos, funcionarios de muy variadas escalas. España huele y huele mal.

Hoy, en la medida que el raca-raca catalán permite otras noticias, volvemos a leer propuestas de nuestros políticos para atajar la corrupción que, según declaran con cara triste, tanto les incomoda. Los golpes en el pecho de hoy y las intenciones curativas no obedecen a nada de lo investigado por Alaya, esta corrupción es mayormente del PSOE, sino al tema Monago, este sí es del PP, que es el que ahora molesta.

No entiendo nada. Una vez más, cuando la actuación de la ‘cosa nostra’ se descubre, se produce de inmediato una reacción de intenciones para que nunca más esto ocurra. ¿No entienden que los ciudadanos queremos menos reacciones a toro pasado en lo descubierto ordinariamente por la prensa,  y más acciones que denuncien y limpien la porquería que cada uno tiene en sus filas? ¿Alguien me lo explica?

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