Màxim Huerta, el mínim

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Los experimentos con gaseosa; esta vieja sentencia está cargada de sentido común y ha resultado profética en el caso de Màxim Huerta. No pongo en duda su valía profesional como periodista y como escritor, pero se me hace que no estaba hecho para esto. La política, de hecho, es para muchos una profesión que como la mayoría se ‘estudia y aprende’ en este caso viviendo desde muy joven en el ecosistema político. El ultimo ministro conocido y el primer ministro dimisionario, el mínim, duro apenas seis días. Usando el argot futbolístico: no se le veían maneras.

El motivo de su dimisión ha sido de cajón. Cuando Sánchez consigue aglutinar apoyos para echar a Rajoy de la presidencia del Gobierno en aras de la limpieza, no podía mantener un ministro con mácula incorporada. En otros tiempos no me cabe duda hubiéramos tenido ministro para rato. Sus divergencias con hacienda dirimidas por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid en mayo de 217 dejan poco margen a la interpretación al sentenciar en Huerta una conducta “voluntaria y culpable, no pudiéndose apreciar buena fe en su actuación en orden al cum­plimiento de sus obligaciones fiscales”: tocado y hundido.

Me resulta chocante, y esto si lo podría achacar a su bisoñez política, el hecho de que siendo consciente de esta sentencia, uno ya sepa de antemano dónde no se debe meter, de la misma manera que la ya casi olvidada Cifuentes no se en que pensaba al acceder a según que cargos con el historial de las cremas.

No entiendo nada. ¿Habrá servido el teatrazo de la moción de censura y el acceso de Sánchez al poder, para que la ‘conducta ejemplar’ sea absolutamente necesaria en la política española? ¿Alguien me lo explica?

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