María José Torroja: ‘La sociedad divorcista está provocando una gran desestructura social’


Conversación tranquila de @jmfrancas con María José Torroja, Abogada, ejerció durante años como juez suplente en diferentes jurisdicciones especialmente civil y penal y muy ilusionada por el derecho de familia. Participó como abogada canonista en el último Sínodo de la Familia y es fundadora de la  asociación de laicos «Custodia Cordis”.

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JMF: ¿Por qué te decantaste por el derecho de familia?

MJT: Porque durante mi experiencia en los juzgados pude vivir de cerca el sufrimiento ingente derivado de los procesos de divorcio.

JMF: ¿De qué sufrimientos hablas?

MJT: Cuando una persona se acerca a un abogado para presentar una demanda de divorcio, no solo presenta documentos y más documentos para justificar sus posturas, sino trae consigo toda la historia de una vida fracasada. Siempre he pensado que no estamos hablando de expedientes judiciales, sino de almas y corazones rotos. Afecta a todo el ámbito de la familia, padres, hijos, que son las grandes víctimas silenciosas de los divorcios, abuelos, tíos, amigos, que no entienden qué está pasando y les quedan muchas preguntas sin respuesta, y la propia sociedad que, con cada familia rota, tiene efectos muy destructivos a nivel afectivo y económico.

JMF: ¿Divorcio es igual a fracaso?

MJT: No. Pero depende de la forma en que la persona procese lo que le está pasando. Si es capaz de trascender y buscar un espacio para afrontar las heridas profundas que genera una separación, podrá descubrir que detrás de la ira, el odio, la soledad, la desesperanza, la sensación de abandono o rechazo, existen muchas necesidades no cubiertas a las que debe enfrentarse. Si es capaz de ver más allá de lo que implica una decisión de divorcio y buscar las verdaderas causas que le han llevado a esta situación, podrá sacar de un fracaso, semillas para reiniciar una vida nueva, no porque empiece otra relación de pareja, sino porque elige curarse y reeducarse en una afectividad que ha estado muy dañada. De todas formas, la sociedad divorcista a la que nos enfrentamos, no es menos cierto que está provocando una gran desestructura social en este último sentido, divorcio sí es igual a fracaso. 

JMF: ¿Efectos de la ley del divorcio?

MJT: Llevamos varias generaciones desde que se aprobó la Ley del Divorcio en el año 1981. Tras treinta y nueve años en vigor, si bien es cierto que muchos matrimonios cuya convivencia era imposible, han podido separarse y regularizar civilmente los efectos personales y patrimoniales del divorcio, han quedado muchas secuelas. En el despacho, las personas abren su corazón cuando se dan cuenta de que se sienten escuchados. Puedes descubrir muchas heridas de hombres y mujeres de cuarenta años que tiene sus orígenes en el divorcio de sus padres. O niños que han sido sometidos a verdaderas alienaciones parentales y sufren traumas psicológicos graves. Los psiquiatras y profesionales de la psicología nos advierten del aumento de enfermedades psiquiátricas en jóvenes. La sensación de abandono que genera una ruptura matrimonial, se adueña del corazón de las personas que viven estas tragedias. Y muchas veces se busca desesperadamente cubrir un vacío existencial, que solo podía ofrecerte un ambiente familiar sano y armonioso, en las drogas, el alcohol, la promiscuidad o la pornografía o prostitución.

JMF: ¿Algún ejemplo?

MJT: Uno de los casos que más nos ha impresionado últimamente es el de una menor de once años que manifestaba odiar a los hombre y que ella no quería casarse, los hijos los tendría por fecundación «in vitro» y sentía un rechazo brutal a la figura paterna por una manipulación de la madre. Puede ser al revés. Los niños son víctimas porque son esponjas que van aprendiendo a defenderse en un mundo muy hostil y ese mundo es su propia familia.

JMF: ¿Qué desestructura social provoca el divorcio?

MJT: El hecho de que la familia ya no sea una de las opciones fundamentales a nivel social porque las nuevas generaciones se están educando sin creer en el amor, provoca que la gente se haya hecho muy individualista y esto trae consecuencias económicas, aunque parezca mentira, porque no se invierte como antes ya que uno solo no se atreve, o en el ámbito de la afectividad, han aumentado mucho los suicidios por soledad, o un sinsentido de lo que significa no tener un proyecto de vida maduro y responsable. Ello hace que tengan que intervenir más los servicios sociales resolviendo problemáticas muy graves que han trascendido a la propia familia.

JMF: Cómo abogada, ¿puedes intervenir en ese desastre?

MJT: Si. Muchos profesionales que nos dedicamos a la persona y todo lo referente a su afectividad, nos hemos planteado muy en serio ayudar a tantas familiar rotas mediante todo un proceso de rehabilitación, regeneración y reconciliación con ellos mismos, con sus historias, con el otro y con Dios. No nos sirve, ganar sentencia, sino ayudar a curar de raíz tanto dolor y reeducar a las familias en una afectividad sana.

JMF: Y, ¿cómo hacéis eso?

MJT: Yo le llamo las TRES R. Soy abogada civilista especializada en familia y Letrada del Tribunal Eclesiástico de Barcelona. Es, como canonista, cuando empecé a tratar de manera diferente e innovadora la forma de presentar una demanda de nulidad.

JMF: Pero, ¿qué son las tres erres?

MJT: Verás. Antes de presentar la demanda ante el Tribunal Eclesiástico, hacemos con el cliente un trabajo muy profundo sobre lo que ha sido su biografía. Primero explica las razones más obvias de lo que ha sido el divorcio y generalmente se escucha mucho dolor y rabia contra el otro cónyuge. Aquí empieza la PRIMERA R: REHABILITACIÓN. Se trata de acoger a la persona que viene destrozada. Solo puedes escucharla y hacer que se sienta muy cómoda. Nada de consejos. Sólo demostrarle mucha empatía.

JMF: Vamos a por la segunda…

MJT: Es todo un proceso de REGENERACIÓN INTERIOR. Esta R (Regeneración) implica un trabajo personal muy intenso del cliente. Escrutamos toda su vida. Lo hacemos a la luz del Derecho Canónico y siguiendo el esquema de lo que será la demanda de nulidad. Es una concienciación real de lo que ha pasado, pero ya no centrada en el otro sino en uno mismo. La gente califica esta R como un camino abismal y a la vez apasionante por un desierto interior. Finalidad es encontrarse con la verdad del corazón.

JMF: ¿Y la tercera?

MJT: La tercera es la más liberadora: RECONCILIACIÓN. Es la parte final del proceso previo a la demanda de nulidad. Es impresionante la cantidad de milagros que he visto en esta R. Verdaderas reconciliaciones con los traumas más profundos que cada uno llevamos dentro. Y desde ese perdón a uno mismo, es la única manera de enfrentar el perdón al otro. Y sí, he visto verdaderos procesos de perdón real al otro cónyuge incluso que ha realizado ofensas graves hacia la persona que ha hecho el proceso. Ello no implica que se restaure el matrimonio, porque estamos hablando de sacramentos contraídos con causas de nulidad que los invalidan, pero se reestructura de alguna manera esa familia que se ha desgarrado por la separación, por medio del perdón y la reconciliación. Y al final, es bellísima la reconciliación con la propia historia y con Dios y con la Iglesia y con la propia sociedad.

JMF: ¿Solo hablábamos de causas de nulidad? Yo hablaba de divorcios…

MJT: En los divorcios cada vez nos solicitan más que también apliquemos a estas familias este proceso que aplicamos en las nulidades. Es un reto muy apasionante. Actuar también en ayuda de muchas familias que se quedarán en el divorcio pero que aprenderán a realizar verdaderos procesos de discernimiento para no volver a equivocarse.

JMF: Con esa idea imperante de que el matrimonio dura hasta que uno se cansa e incoa el divorcio, ¿Por qué se casa la gente?

MJT: Me has hecho reír. Porque el ser humano ha nacido para amar y ser amadoEl matrimonio no es una invención de la Iglesia. Viene de culturas muy antiguas, Grecia, Roma, Egipto. Es connatural al ser humano. lo llevamos marcado en el ADN.

JMF: Yo no he hablado de Iglesias sino de un contrato que nace, en mucho casos, con la intención de romperlo…

MJT: Es cierto. Pero yo tampoco te estoy hablando de Iglesia. Es un concepto equivocado en la sociedad pensar que el matrimonio viene o lo implanta la Iglesia. Desde muy antiguo se reguló el matrimonio civil cómo un medio de afianzar precisamente las bases de la sociedad. La familia era núcleo esencial de una sociedad civilizada. Es cierto que en esas culturas existía el divorcio, sin embargo tenían una regulación jurídica que protegía mucho el núcleo familiar como símbolo de enriquecimiento y mantenimiento de una sociedad que necesitaba beber de la familia para progresar. La sociedad actual al cargarse el matrimonio, se está cargando la sabiduría de muchas culturas antiguas.

JMF: Parece que al crecer el número de divorcios la Iglesia ha rebajado los requisitos de nulidad. ¿Es verdad eso?

MJT: No. La Iglesia es Madre y sobre todo acoge desde la Misericordia. Quizás ahora sin dejar de aplicar el derecho, se está haciendo más cercana a la realidad de muchos corazones rasgados por el sufrimiento al no haber sabido discernir desde la madurez la importancia del acto que iban a contraer. Pasa lo mismo con el matrimonio civil. La gente se casa de forma muy imprudente e impulsiva para no estar solos o sentirse gustados. El matrimonio es mucho más.

JMF: Las nulidades tenían fama de ser para ricos, difíciles y muy caras…

MJT: Sí. Así ha sido durante mucho tiempo. Y hace años, quizás en algunos lugares o casos se cometieron errores graves en este sentido. El papa Francisco ha sido muy firme para devolver a la iglesia y a la sociedad el verdadero sentido del proceso de nulidad.

JMF: Y, ¿cuál es ese verdadero sentido?

MJT: Me gusta mucho esta pregunta. Precisamente porque me inquietaba mucho el verdadero sentido de la nulidad, empecé a sentir la necesidad interior fuerte de buscar y estudiar qué era realmente un proceso de nulidad. Cuando la encontré escribí en el año 2013 al papa Francisco y me contestaron desde el Vaticano en tan solo diez días.

JMF: Y, ¿te explico el verdadero sentido?

MJT: Bueno más bien yo le expuse lo que estaba viviendo en el despacho. Él, me contestó por medio del Secretario de Estado del Vaticano. Monseñor Peter. B. Wells que: «Su Santidad corresponde agradecido a esta delicada atención pidiendo en su plegaria que el Espíritu Santo la acompañe en sus esfuerzos para llevar la Luz del Evangelio a las personas que más la necesitan, (se refería a las personas que estaban viviendo procesos de separación), incentivando en todos su amor a la Iglesia y el deseo de permanecer fieles a la vocación a la santidad que es propio de todo bautizado en particular en medio de las incomprensiones y dificultades de la vida”. Pero todavía no te he explicado el verdadero sentido de un proceso de nulidad?

JMF: Ya veo, ¿me lo explicas?

MJT: SII, te lo explico! Buscar el mayor bien de las almas, como persigue el Código de Derecho Canónico, ayudando a las personas que un día contrajeron el Sacramento del matrimonio, a volver a esa Iglesia que fue testigo de su matrimonio y poner humildemente en sus manos la biografía de sus vidas fracasadas. Y todo ello por medio de un proceso de concienciación de qué es lo que verdaderamente ha pasado. La verdad es efectivamente lo que hace libre al ser humano. Es un verdadero proceso de evangelización de la afectividad en un mundo muy enfermo, para encontrarse  con esa paz y libertad interna que es el fin real que todos deseamos y aprender a dar un sentido trascendente a tanto sufrimiento.

JMF: Con nulidad o sin ella…

MJT: Exacto. Con nulidad o sin ella. La finalidad no es buscar a toda costa una declaración de nulidad del matrimonio, sino ponerse en manos del Tribunal y aceptar la Voluntad de Dios sea la que sea. Es una decisión que implica una ingente responsabilidad personal y es maravilloso ver el gran cariño y respeto que al final muchas personas que han pasado por este proceso, tiene a la Iglesia. Incluso muchas de ellas la habían abandonado por la sentencia de divorcio y se sentían excluidos, con todo un sufrimiento moral grave. A través de este proceso se produce un encuentro precioso entre la persona que lo realiza y Dios Padre. Es increíble ver la transformación que se produce en el alma y ello tiene efectos psicológicos, físicos, anímicos, en fin se modifica para bien toda la estructura antropológica de la persona que realiza este parón en su vida con ganas de entender y sanarse.

JMF: Muchas gracias María José, estamos en contacto. Un beso.

MJT: Gracia. Solo me gustaría añadir que de todo lo vivido está naciendo «Custodia Cordis», cómo una asociación de laicos que buscan la unión entre lo jurídico y lo pastoral, que tiene como finalidad el acogimiento de muchas familias rotas en el ámbito de la Iglesia y que ya estamos trabajando con varias diócesis de España. Estamos cubriendo un vacío grande en la Iglesia y es justo el  acogimiento de tantas familias que se han roto. Nuestro horizonte misionero es la pobreza afectiva de tantos corazones rotos. Gracias por tu profesionalidad. Ha sido muy interesante cómo has llevado este encuentro.


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