Me dice Juan Antonio Fernández (@Juan_Antonio_FP), locutor de radio y TV


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España frente al espejo de la polarización

España atraviesa uno de los momentos de mayor crispación política y social desde la recuperación de la democracia. La división constante entre bloques ideológicos, alimentada día tras día desde tribunas políticas, medios y redes sociales, ha terminado por calar en la convivencia cotidiana de los ciudadanos. La política ha dejado de ser un espacio para el acuerdo y el bien común, convirtiéndose con demasiada frecuencia en un campo de batalla donde el adversario es tratado como enemigo.

Conviene recordar que la España constitucional nació precisamente del consenso. La firma de la Constitución de 1978 no fue el triunfo de una ideología sobre otra, sino el resultado de un esfuerzo colectivo por dejar atrás el enfrentamiento y construir un marco de convivencia en el que cupieran sensibilidades distintas. Aquella generación entendió que el futuro del país pasaba por el acuerdo, la generosidad y la renuncia a los maximalismos. Hoy, ese espíritu parece haberse diluido.

La polarización actual no solo empobrece el debate público, sino que deteriora la imagen que proyectamos al exterior. Los insultos, la descalificación permanente y el uso del miedo como herramienta política no fortalecen la democracia: la debilitan. Cuando se normaliza el odio verbal entre españoles, se rompe algo más profundo que una discusión ideológica; se erosiona la confianza mutua y se resquebraja el sentido de pertenencia a un proyecto común.

A ello se suma una preocupante falta de liderazgo político. Con demasiada frecuencia, las decisiones parecen guiadas no por el interés general, sino por el cálculo partidista, la supervivencia en el poder o la preservación de los llamados “sillones”. La cesión constante a intereses particulares, a cambio de apoyos coyunturales, transmite a la ciudadanía una sensación de improvisación y fragilidad institucional que mina la credibilidad del sistema.

España necesita líderes que miren más allá de la próxima votación o del titular inmediato; dirigentes capaces de anteponer el país a sus propias siglas. Gobernar no es resistir, ni dividir para movilizar a los propios: gobernar es unir, escuchar y ofrecer estabilidad. Y oponerse tampoco debería significar bloquearlo todo, sino proponer alternativas desde la responsabilidad.

La inmensa mayoría de los españoles no vive instalada en los extremos. Trabajan, educan a sus hijos, cuidan de sus mayores y desean un futuro mejor sin ruido ni confrontación permanente. Esa mayoría silenciosa merece respeto y representación. Merece una política que no enfrente a territorios, generaciones o ideologías, sino que construya puentes y busque soluciones compartidas.

Recuperar la “marca España” no es solo una cuestión económica o turística; es una cuestión moral y política. El prestigio internacional de un país se sustenta en la solidez de sus instituciones, en la calidad de su democracia y en la madurez de su debate público. Una nación enfrentada consigo misma difícilmente puede ser tomada como referente fuera de sus fronteras.

Es tiempo de rebajar el tono, desterrar el insulto y recuperar el respeto. Tiempo de recordar que antes que votantes somos ciudadanos, y antes que adversarios, compatriotas. España no se construye desde la trinchera, sino desde el diálogo, la responsabilidad y la lealtad a un marco constitucional que nos pertenece a todos.

La unidad no significa uniformidad, ni el acuerdo implica renunciar a las ideas propias. Significa, simplemente, entender que hay algo más importante que cualquier ideología: la convivencia, la estabilidad y el futuro común de todos los españoles.

Juan Antonio Fernández (@Juan_Antonio_FP), locutor de radio y TV


2 comentarios en “Me dice Juan Antonio Fernández (@Juan_Antonio_FP), locutor de radio y TV

  1. Es acertado lo expuesto, análisis profundo y objetivo. Pero dónde están las soluciones?
    Esos remedios aún con un acuerdo de mínimos,los veo tan fuera de nuestro alcance!!!
    No puedo menos que recordar la vuelta a España de Santiago Carrillo y de la Pasionaria.
    Aquello sí que era algo impensable!
    Las heridas y los recuerdos de lo que hicieron estos dos personajes estaban frescos. Y fue en aras de esa democracia que todos, en mayor o menor medida transijimos
    Qué ejemplo fue aquel, de sentir democrático en aras de una España donde de verdad cupiéramos todos.

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