Me dice Leopoldo Gonzalo y González, Catedrático de Hacienda Pública y Sistema Fiscal


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VOX: LA SEGURIDAD, CONDICIÓN PARA LA LIBERTAD.

Querido Josep María: Sólo unas lineas para darte la enhorabuena por tu ya plena recuperación de los males que has padecido como consecuencia de la agresión del enigmático y maldito bicho ese que nos acosa, y en relación con la inmediata cita electoral en lo que ahora llamamos la Comunidad de Madrid, algo más que los viejos “madriles”. Cosas del Estado de las Autonosuyas, que diría Vizcaíno Casas.

Se  dijo que el desarrollo era el nuevo nombre de la paz. Y es cierto también que la paz precisa de ser convenientemente asegurada. Resulta obvio que la seguridad, si no es la misma libertad (moral, física, jurídica, económica,…), es condición necesaria para ella. “¡Comunismo o libertad!”, dicen los del PP corrigiendo el viejo eslogan de la izquierda más radical. “¡Seguridad!”,  prometen los de VOX. Y hay que insistir en ello, nada sólido y duradero puede construirse y sostenerse sin seguridad, empezando por la libertad. Por eso, ambas “ofertas” electorales resultan no sólo compatibles, sino recíprocamente necesarias: no se conciben la una sin la otra, si han de ser auténticas y vigorosas.

Pero es preciso señalar diferencias esenciales entre VOX y el PP. Para VOX, la seguridad que propicia la libertad, implica la defensa de unos principios y valores que el PP ignora o cuya continua erosión consiente. Me refiero a valores como la intangibilidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural (¿cuál ha sido, en realidad, la actitud del PP respecto a la legislación sobre el aborto, la eugenesia o la eutanasia?); en relación también con la unidad de España, la de su mercado y la de su lengua; o respecto a la degradación y contaminación ideológica del sistema educativo. Sería larga la relación de  los recursos de inconstitucionalidad, demandas y querellas planteadas por el partido de Abascal en defensa del Estado de derecho. En ocasión anterior me permití caracterizar a VOX como “la oposición consistente, coherente… y, por tanto, convincente”. ¿Quién sentó en el banquillo, ante el Tribunal Supremo, a los golpistas catalanes de octubre del 17? ¿Cómo se habría aplicado el artículo 55 de la Constitución en aquella oportunidad si VOX hubiese sido titular del Gobierno de la nación. No es preciso reproducir aquí la suerte de acciones y omisiones o el continuismo de los gobiernos populares respecto de las políticas de los gobiernos socialistas. Sirvan como ejemplos la Ley del aborto de 1985; la inhibición de la Alta Inspección Educativa del Estado (L.O. 2/2006); o las mismas y aberrantes Leyes de Memoria Histórica (2007) y Democrática (2020), además de lo señalado más arriba.

Lo que ahora se plantea, sin embargo, es la cuestión de las inmediatas elecciones madrileñas, de los comicios que van a realizarse en un ámbito territorial de la mayor importancia, no sólo por su peso económico en el conjunto de España, sino por el “efecto anuncio” que, según sus resultados,  puedan tener en relación con unas eventuales elecciones generales, más o menos próximas.

No es preciso insistir en el hecho de que, en el caso que nos ocupa, no es aplicable la llamada ley D’Hont, al constituir Madrid una circunscripción electoral única (L. 11/1986, de la CAM), por lo que carece de sentido dejarse llevar por la ilusión del llamado “voto útil”. En efecto, superado el umbral del 5% de los votos emitidos a favor de un determinado partido, se le asignaran 7 escaños y, a partir de ahí, los demás votos se distribuyen de manera rigurosamente proporcional, de manera que concentrar el voto en el PP con el objeto de favorecerle supone debilitar a VOX. Y VOX, que se ha comprometido responsablemente a sumarse al PP para  cerrar el paso a la izquierda en cualquier caso, merece la máxima representación posible. Para lo cual bastará con que el electorado de VOX no sólo se mantenga como hasta ahora, sino que crezca, pues en ningún caso su influencia se perderá, en la medida que supere el 5% de los votos emitidos. Los escaños que obtenga se sumaran a los del PP enriqueciendo la posición conjunta frente a la izquierda que padecemos.

Un periódico de la Capital tituló: “Ayuso confía en poder gobernar sin VOX”. Lógica aspiración en el contexto de lo que Fernández de la Mora bautizó como “partitocracia”. Sin embargo, aun fuera de dicho régimen político, habría sido más elegante guardar silencio al respecto. La lealtad de VOX está probada, y bien probada, según lo ha demostrado desde el caso de Andalucía hasta el del propio Madrid. Y ello a pesar de la gratuita, violenta y falsaria afrenta a su líder por parte del presidente nacional del PP, con ocasión la pasada moción de censura al Gobierno Sánchez-Iglesias. No cabe duda, por otra parte, de que Casado pretenderá anotarse el más que probable éxito de Ayuso como propio. Y no creo que esto guste a muchos votantes del PP. 

En definitiva, como bien se ha señalado, si no queremos menas, delincuencia, inmigración ilegal, adoctrinamiento escolar, ideología de género, lobby LGTBI, enchufismo clientelar y gasto puramente  político en detrimento del gasto en servicios necesarios (sanidad, educación, seguridad…), pienso que el voto a VOX será la opción “más segura”. Porque si, como decía al principio, el desarrollo vino a ser el nuevo nombre de la paz, sin seguridad, no sólo resultará imposible la libertad sino la propia y auténtica prosperidad.

Un fuerte abrazo, Josep María.

Leopoldo Gonzalo y González. Catedrático de Universidad. Correspondiente de las Reales Academias de Jurisprudencia y Legislación y de la Historia.


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