Gracias a la vida, al IPC y a Pe (artículo publicado en la contra de La Gaceta el 17 de diciembre de 2009)


Días como hoy despiertan mi optimismo y me dejo llevar por la euforia navideña. Veo este optimismo en el Gobierno, que aplaude con las orejas que suba la gasolina y, por tanto, el IPC. Jamás se me hubiera ocurrido celebrar una subida de precios. Creo que en fechas normales esto sería un desastre de noticia, pero en esta Navidad es como si nos hubiera tocado el Gordo. Por cierto, la algarabía verbenera se produce el mismo día en el que la agencia de calificación crediticia Moody’s nos hace lideres en el “índice de miseria” europea. Toma nivel.

            Para optimismo, el de Pedro Castro, presidente de la FEMP. Por si no les suenan las siglas, que es muy probable, la Federación Española de Municipios y Provincias. Llevado por el espíritu navideño, Castro ha pasado de aquella famosa frase que le hizo entrar en la historia de la reciente democracia española, cuando llamó a los votantes del PP “tontos de los cojones”, a ser el único español que califica la última Conferencia de Presidentes Autonómicos de rotundo éxito, a pesar de que ni el  mismísimo Zapatero se lo cree, y por eso llevan toda la semana tirándose, unos a otros, los trastos a la cabeza.

            Optimismo el que llevó al republicano, rey de los viajes, Carod Rovira, a presentarse en Copenhague, pensando que después de tantas vueltas por el mundo había llegado al estrellato y le franquearían la entrada el evento. Pues no. No le dejaron entrar. Gracias a él hemos tirado más dinero, si bien lo hubiéramos tirado igual aunque le hubieran abierto el paso.

            Más optimismo el manifestado por el secretario general del PCE, cuando ante la petición a la Real Academia Española de la Lengua para que cambie la definición de comunismo y lo declare totalitario, al igual que lo están el fascismo y el franquismo, aduce que es un sinsentido y que supone un desconocimiento total de la realidad política de España. Hay que ser muy optimista y no tocar de pies en el suelo para defender que el comunismo no fue totalitario. Sin mencionar los millones de optimistas que Stalin pasó por la piedra, con acordarse de la reciente celebración de la caída del Muro de Berlín sería suficiente.

            Todos deberíamos aprender del optimista y espléndido Obama, que declaró, en una entrevista que se emitirá en la CBS este domingo, que él hace mejores regalos de Navidad que los que recibe. El único problema de esta sincera frase es que a su vera estaba su, según él, no tan generosa mujer.

            Pero para optimismo sano, no piensen mal –es Navidad–, el de todos nosotros cuando vemos a Penélope Cruz, nuestra rutilante y oscarizada Pe, otra vez a punto de ser encumbrada al Olimpo del celuloide por su interpretación en Nine. No acierto a entender que Zapatero, al que tanto le gustan las fotos y más si son en buena compañia, además de coger para sí el Ministerio de Deporte, no añada a sus conquistas políticas el ministerio, tan excitante y glamuroso del cine.


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