Hoy se ha producido una inflexión en la prensa catalana. En esa prensa que hace piña con el poder, lisa y llanamente, porque vive de él. Si hasta ahora y después de que El Mundo lanzará un despiadado ataque a Convergencia y a sus líderes, Jordi Pujol y, ahora, Artur Mas, el silencio era la tónica dominante con leves y discretas referencias al caso, hoy toda la prensa se hace eco de la respuesta de los acusados de las presuntas mangancias.
Jordi Pujol y Artur Mas se han querellado contra El Mundo y, de inmediato, serán Felip Puig, el acusado de hoy, la propia Generalitat y, como no, el cuerpo policial aludido en las acusaciones, los Mosos de Esquadra los que se querellarán mañana.
La causa de este cambio en el tratamiento del tema se basa en las declaraciones de Mas hablando de que le atacan las cloacas del Estado. Ya no es El Mundo, mero informador, el que acusa, es otra vez España la que quiere destruir a las autoridades de Cataluña. Una vez más la mejor defensa es un buen ataque y, en eso, algunos políticos nacionalistas y sus medios dóciles son muy duchos.
No prejuzgo la culpabilidad de nadie, es más, me repugna que este tipo de información sea lanzada a la opinión pública en época electoral. El hecho de que los acusados de presuntos trinques respondan con una querella es más bien señal de inocencia. Ahora tendrá que ser la justicia la que aclare la situación.
Electoralmente si bien yo pensé que afectaría poco, pienso ahora que incluso puede beneficiar en algo, en poquito, a los acusados. Dependerá de si la información se amplía y, como no, de como administren, los señalados y el resto de fuerzas, semejante ataque mediático. Hasta ahora, las demás fuerzas políticas han reaccionado con una alarmante timidez.









