Se acabó esta Navidad, pero las Navidades se seguirán celebrando durante siglos. Es la ventaja que tiene la realidad trascendente, que por mucho que se empeñen algunos, ellos pasan y las verdades duran y duran y duran.
Se acabó la fiesta y llega la cruda realidad, que es esperpéntica. No sabemos lo que nos espera. Partimos de datos tan terroríficos como que 2.200 españoles perdieron el empleo cada día en 2009 y no contamos con casi ninguna variable esperanzadora, sólo acierto a ver una: «A Dios rogando y con el mazo dando». Es decir: únicamente contamos con el esfuerzo personal de cada uno para sacarse él mismo y los suyos, las castañas del fuego. Por si fuera poco, los que tendrían que ir por delante (es decir, el Gobierno), están delante, pero mas bien enfrente, poniendo palos en las ruedas o, como vulgarmente se dice, tocándonos los cataplines.