Me dice Aarón García Peña. Poeta


Estáis dejando de vivir por miedo a perder la vida

España es siempre una mentira transitoria, un cuchillo que afilamos con nuestro corazón, cualquier caricia a las puertas del infierno y ese agujero del calcetín que nunca remendamos. Unos defienden su derecho a la vida; otros, su derecho a vivir. España es hoy una hoguera encendida a los pies de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

“Empiezan a preocuparme más las consecuencias de algunas medidas y las reacciones de la gente contra la propia gente, que la pandemia misma”, escribí el 22 de marzo de 2020. Hoy me avergüenzo de haberme sólo preocupado.

Para devolvernos a la realidad empezando por ella:

* El SARS-CoV-2 existe y es, evidentemente, letal y  extremadamente contagioso 

* Las medidas y el tratamiento  informativo son, esencialmente, totalitarios 

* Los responsables públicos eluden su responsabilidad haciendo responsables a los ciudadanos…

Los españoles estamos siendo víctimas de un maltrato tipo —“de libro”—. El Estado nos agrede por nuestro bien:

* Nos quita la libertad de movimiento por nuestro bien

* Nos quita el trabajo y la independencia económica por nuestro bien

* Nos quita las relaciones sociales y el derecho a reunión por nuestro bien

* Destruye los valores educativos humanistas por nuestro bien

* Destruye la calidad de la sanidad pública por nuestro bien

* Destruye la calidad de los servicios sociales por nuestro bien

Y, como alega siempre cualquier maltratador, no sólo lo hace por nuestro bien sino porque la culpa es nuestra; nosotros somos los responsables de que se vean obligados a agredirnos; y nosotros, como suelen hacer las víctimas estereotipadas, bajamos las pupilas gustativas, pedimos perdón y reprochamos a otras víctimas que no se comporten como el agresor espera. La historia de la humanidad demuestra, con rabiosa y eterna tozudez, que las “ovejas” de dentro del redil desprecian y denuncian a las que pasean por el campo.

Ahora los animalitos entran y salen del cercado según la voluntad de su dueño. Hemos dejado de ser libres “porque funciona”; porque, como insiste en declarar nuestro Jefe del Gobierno y defendería cualquier esclavista americano del siglo XIX: “Por encima del derecho a la libertad está el derecho a la vida”.

Sin embargo no existe ni existirá en el ser humano nada más saludable que el ejercicio de su libertad. El miedo al Coronavirus, el miedo a las medidas contra el Coronavirus, el miedo al comportamiento de quienes no tienen miedo al Coronavirus, el miedo al comportamiento de quienes tienen miedo al Coronavirus… “El miedo es libre”, dicen; pero el miedo es, precisamente, lo que te quita la libertad.

Por si algún día queremos volver a ser demócratas, recuerdo: en democracia ningún gobierno puede, para afrontar un problema de ámbito público, inmiscuirse en el privado para suprimir los Derechos Humanos, las libertades individuales y el Estado de Derecho con aciones penales preventivas. Yo —al menos yo— no me volveré un fascista porque funcione. Si ahora hemos dejado de ser libres por una excusa razonable, cabe la posibilidad de que nos veamos abocados a repetirnos esa misma excusa durante el resto de nuestras vidas. ‘Cuidado’ es poco.

“Sé solidario”, insisten; pero la ‘solidaridad’ implica privarse voluntariamente de un derecho fundamental para compartir el mal o favorecer el bien ajenos; cuando dicha solidaridad se impone con cualquier excusa se denomina, nos guste o no reconocerlo, ‘dictadura’. Ni siquiera votándolo con mayoría absoluta y por aclamación en Cortes Generales, tendríamos derecho a quitarnos los unos a otros la libertad.

“Negacionistas”, dicen; pero no conozco, en España, a más de dieciséis negacionistas de que el virus exista; sin embargo conozco desde marzo a casi treinta y siete millones de negacionistas de los Derechos Humanos, las libertades individuales y el Estado de Derecho.

Los españoles malgastamos muchísimo tiempo y talento en volvernos dictadores; el resto de ambos, en volvernos sumisos. Herederos de un imperio del que sólo quedan nuestros inigualables vestigios del arte, la gastronomía y la riqueza idiomática; ahora todo español aspira a mandar o ser mandado. España es la suma de, aproximadamente, cuarenta y ocho millones de déspotas. Todos nos creemos demócratas, respetuosos, solidarios y responsables; mientras le decimos al otro lo que debe hacer con su vida.

“La salud pública lo primero”, dicen; pero no estamos anteponiendo la salud pública a todo lo demás. Estamos anteponiendo la salud pública en relación al Coronavirus a la salud pública de todo lo demás —cánceres, infartos, tratamientos quirúrgicos, pruebas médicas de prevención, ansiedad, psicosis, desafección social, ‘educación’ basada en el miedo…—. ¿Para salvar la vida de un país antes hay que asesinarlo? No saben gobernar quienes basan su acción de gobierno en prohibirle al ciudadano sus derechos fundamentales.

¿Es adecuado arreglar un problema de salud enfermando a las personas?

* Enfermará quien no pueda pagar la luz

* Enfermará quien no pueda pagar la hipoteca 

* Enfermará quien no pueda pagar el alquiler

* Enfermará quien no pueda pagar la calefacción

* Enfermará quien no pueda pagar la comida de sus hijos… y enfermará quien no pueda ver a las personas que ama o conocer a otras de las que podría haberse enamorado.

Ninguno de ellos, seguro, tendrá buena salud. No hay nada como la pobreza para enfermar de cualquier cosa. Deja de mirar el ticket de compras; te lo explico: si ahora sólo puedes comprar la mitad con el mismo dinero, ahora tienes la mitad de dinero que antes.

Recordatorio ciertamente desagradable: ningún Estado del mundo, en la historia presente de la humanidad, piensa bondadosamente en su ciudadanía; porque todos —absoluta y codiciosamente todos— actúan a diario al margen de sus propias leyes y los Derechos Humanos. A partir de aquí podemos, si lo queréis, hablar de las hadas y los Reyes Magos.

Entre los “terraplanistas” defensores de la verdad oficial sea cual sea —el ‘terraplanismo’ era el pensamiento oficial y, los poquísimos que estaban en contra, quienes eran quemados en la hoguera—, los negacionistas de la existencia de un virus que está matando a las personas y los portavoces amamantados del apocalipsis; los españoles decimos hablar de ciencia pero seguimos ejerciendo el pensamiento mágico.

Gracias a la ciencia el ser humano logra, siglo tras siglo, desmentir los dogmas establecidos por la propia ciencia. La ciencia no es ninguna verdad axiomática sino el método para acercarnos a ella. En la medida de lo posible evita divinizarla, pues sólo de ese modo seguirá siendo ciencia. Las humanidades, articuladas con el método científico, nos trajeron la civilización y ahora dependemos de ellas para volver a ser civilizados.

Todo ser humano que muere es una tragedia pero hay tragedias mediáticas y tragedias ninguneadas. Cuando el Poder selecciona a qué tragedia hace o no seguimiento, ponte nuevamente en guardia porque están a punto de cambiarte la vida.

Cuando los Medios de Comunicación dejan de reprobar la gestión del Poder Legislativo para centrarse, casi en exclusiva, en hacer desprecios morales del comportamiento de la ciudadanía; se llama, técnicamente, “fascismo de colaboración” mediante la compraventa de voluntades empresariales. Lo bueno que tienen los fascistas es ‘que no fallan’: siempre te acaban quitando la libertad.

La denominación de “irresponsable” tiene componentes clásicos totalitarios y se está empleando al estilo ‘Goebbels’: una y otra vez hasta que te lo acabas creyendo. Los juicios morales siempre tienen una única finalidad, la de excluir de la responsabilidad a los únicos responsables de los asuntos públicos: los “responsables públicos”. 

Español, llevas años repitiendo las frases que otros, a su vez, repiten en televisión por la tarde después de escucharlas en televisión por la mañana. ¿Has acudido hoy, español, a la Iglesia de la Televisión para saber cuáles son las frases que debes repetir en tus próximas conversaciones? Cuando quiero saber qué quiere la televisión que opine, leo durante cinco minutos las redes sociales; y aprendo mucho viendo la televisión porque la verdad suele ser, exactamente, la contraria. La misma persona que te informa del tiempo, te defiende las virtudes extrasensoriales de un desodorante, te habla del deporte y te anuncia una crema antiarrugas, te exhibe lo sucedido en Oriente Medio y te anuncia las rebajas de cualquier supermercado. ¿Periodistas? Vendedores de ideas y mercancías.

“Conspiranoicos”, dicen. Que no advirtamos, por nuestra tozuda ignorancia, una u otra conspiración del Poder; no nos convierte en conspiranoicos. En la medida de nuestras capacidades tratemos de no ser demasiado ingenuos: el Poder conspira; si el Poder no conspirara, dejaría de ser el Poder. ¿Acaso pensáis, acostumbrados a creeros las mentiras —ya desde pequeños— de la existencia de brujas, el Hombre del saco, el Ratoncito Pérez, Dios o los demócratas monárquicos; que el poder, en su estupidez e inocencia incontenibles, juega al azar? Ay, español…

Cada vez que le pregunto a alguien acerca de qué es ese supuesto Nuevo Orden Mundial, no consigo comprenderlo porque recibo una respuesta diferente de las anteriores y ninguna supera los filtros de mi lógica y prudencia; pero lo mismo me ocurre cuando le pregunto a los médicos sobre el Coronavirus; a los políticos actuales, sobre el Estado de Derecho; a los filósofos, acerca de la libertad; a los astrofísicos, sobre los agujeros negros; a los religiosos, acerca de Dios; o a los físicos teóricos, sobre la mecánica cuántica. Y no por incomprensibles o indemostrables prohibimos esos discursos amparándonos en que son ‘noticias falsas’. ¿No te han logrado convencer?, entonces te prohiben expresar públicamente tus hipótesis “y problema arreglado”. Si abandonamos el arte de la persuasión, dejamos morir a la palabra ‘democracia’.

Continúa, español, engañándote a ti mismo pensando que la verdad siempre coincide con lo que votas en la urna. Tal vez estés defendiendo, para reforzar tu conciencia de Partido, los principios filosóficos que siempre combatiste. ¿Por qué no les preguntas a tus irresponsables públicos?

* ¿Qué porcentaje de vuestro salario os habéis bajado desde marzo?

* ¿A cuántos miles de sanitarios habéis contratado desde marzo?

* ¿Cuántos respiradores habéis comprado o fabricado desde marzo?

* ¿Cuántos hospitales habéis construido con dotaciones suficientes para afrontar las consecuencias de este virus desde marzo?

* ¿Habéis garantizado la subsistencia de todas las personas a las que habéis dejado sin recursos desde marzo?

* ¿En qué número y proporción se han ampliado las UCIs desde marzo?

* ¿En qué porcentaje habéis aumentado el presupuesto para Ciencia e Investigación desde marzo?

Tal vez te percates con sus respuestas, español, de que la única y punitiva irresponsabilidad es la suya. En Madrid, en plena ola de calor veraniega, las fuentes de agua potable se clausuraron, se cerraron las urgencias ambulatorias y se retiraron los versos de Miguel Hernández del Memorial de La Almudena. Gracias a éstas y a otras medidas, el virus no ha podido con nosotros. No me salves más porque me vas a terminar matando.

He podido comprobar que disfrutas con los números morbosos; aquí te cedo otro para tu satisfacción: 11.550.000; número oficial de seres humanos fallecidos, en lo que va de año, por inanición. 

Estimado ser humano español que soportas a este Coronavirus, a este Gobierno Central y Autonómico, a esta Oposición, a esas otras dolencias invisibilizadas y a todas y cada una de las necedades ajenas e íntimas: enhorabuena por la brillantez de tu destreza para seguir sobreviviendo. Sea como fuere es mi responsabilidad advertirte: algunos estáis dejando de vivir por miedo a perder la vida.

España es una cicatriz condecorada por un grupo de cuchillos, el recién nacido que no somos capaces de que eructe biberón tras biberón, ese picor que no alcanzas a rascarte y la primera causa de suicidio entre los españoles.

Con eterno afecto por tu discrepancia y la diosa Lectura Comprensiva,

Aarón García Peña. Poeta.

Presidente de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid. Presidente de la Agrupación de Retórica y Elocuencia del Ateneo de Madrid. Coordinador de la Feria del Libro de Vallecas. Director de ‘Poesía Exterior’ de RNE – Radio Exterior de España. Profesor de Poesía en Escuela Fuentetaja.


3 comentarios en “Me dice Aarón García Peña. Poeta

  1. La letalidad del COVID-19 no es tan alta como das a entender. Según las estimaciones más alarmistas, realizadas por los impulsores del pánico colectivo, tan sólo es el doble que la de la Gripe estacional de cada año (6 %)

  2. Básicamente de acuerdo.
    El régimen esta haciendo lo que ya hiciera con anterioridad el marxismo, destruir la libertad en nombre de la libertad utilizando cualquier medio que tiene a la mano, esta vez la terrible pandemia del coronavirus, que no es que mate, es que ademas deja, al que no muere, unas secuelas de por vida terroríficas.
    Pero la realidad es que el acoso que el régimen está haciendo a la sociedad es culpa directa de esa misma sociedad que está tan atocinada que ya no distingue a uno que viene a ayudarlo de otro que viene a matarlo y el que va a matarlo tiene un nombre, Régimen político de avanzada democracia, que no es más que la llegada del marxismo en letales oleadas.
    Se debe tener miedo a este virus, pero también se debe tener miedo a este régimen político que está utilizando la pandemia para ir cerrando todas las puertas, tanto de salida como de entrada, para que la gente quede dentro del sistema y tenga que vivir de la limosna de los que, desde fuera, manejan el cotarro.
    Los españoles oyen pero no analizan, ven pero no distinguen, son unos zoquetes satisfechos de su propia imbecilidad y sonríen ante el cuchillo del matarife mientras aplauden en los balcones.
    Sin querer entender que el virus mata personas y el socialismo mata mentes

  3. Gracias por hacer las preguntas que no queremos escuchar porque no sabemos las respuestas.
    Es para pensar. Estar de acuerdo o en desacuerdo es triste. Son pobres de mente polarizada. Hay tantos puntos, campos y dimensiones en ese texto que yo mismo llevo días y varias lecturas, teniendo discusiones internas, abriendo en mí espacios libres de juicio para respuestas asertivas y que generen acciones correctas.

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