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COMENTARIOS A: ¿SE PUEDE PROBAR LA EXISTENCIA DEL MÁS ALLÁ? LOS CIENTÍFICOS QUE VAN EN BUSCA DE DIOS. PUBLICADO EN EL PAÍS, EL 18 DE AGOSTO.
Tras leer el artículo que menciono arriba, firmado por D. Daniel Soufi, mandé una pequeña nota a Cartas al Director, pero ni la publicaron ni me contestaron a día de hoy, 9 de septiembre. Usemos la “curiosidad y rigor” que cita al final de su escrito.
Comenta que en este momento, “la ciencia se deja seducir por Dios”. La historia nos dice que la ciencia siempre ha estado muy ligada a Dios. Aunque con la Ilustración se produjo una ruptura, que en parte sigue en la actualidad. Siempre se aceptó un universo predecible, ajustado a unas leyes entendibles por nuestras mentes. Los científicos nunca se han basado en el azar, que solo es una probabilidad matemática, incapaz de crear nada y que está reñida con la ciencia, si todo fuera azar, la ciencia no existiría. Así, el concepto de que Dios escribió dos libros, La Biblia y el de La Naturaleza, se ha mantenido a lo largo de la historia, desde San Agustín, pasando por San Buenaventura, Tomás de Aquino y Francis Bacon. Muchos de los padres de la ciencia, desde Newton, Boyle, Galileo, Copérnico, Pascal, y los más recientes Fleming o el Premio Príncipe de Asturias, Francis Collins, director del proyecto “Genoma Humano”, todos ellos eran o son creyentes. Este último, descubrió a Dios al apreciar la complejidad del ADN y escribió un libro en el 2006, que tituló: The language of God: A scientist presents evidence for belief”, libro que recomiendo a quien realmente tenga curiosidad.
Don Daniel da por hecho que “la mayoría de la comunidad científica es escéptica”, algo muy metido en la mentalidad del ciudadano medio, pero que no es cierto. Solo voy a mencionar una revisión de todos los Premios Nobel del siglo XX, realizada en 2003 por la genetista Baruch Aba Shaley en la que nos encontramos que más del 90% de los laureados en física y medicina eran creyentes. También lo son todos los padres de la física cuántica. Gracias a los avances científicos, filósofos como Anthony Flew, uno de los intelectuales ateos más famosos del siglo XX, se hizo creyente, a principios del XXI y escribió otro libro recomendable: “Dios existe”.
Cita el autor al libro “Dios, La ciencia y Las pruebas”, que también hay que leer, si realmente se busca la verdad con rigor. En el que se habla del comienzo de la vida, un ”fenómeno primordial” para Soufi y lo despacha sin más. Pero el origen es un gran problema para los ateos y materialistas. No tenemos ni idea de cómo comenzó la vida. Simplemente una proteína tipo hemoglobina con unos 500 aminoácidos, de 20 tipos diferentes, situados específicamente en el lugar en el que deben estar, con solo un aminoácido mal colocado, la proteína no funciona o incluso puede ser nociva, no es posible desde las matemáticas, que se produzca por azar. La célula más elemental tiene miles de moléculas proteicas, organelas y ADN con una compleja información, ¿de dónde viene esa información?. La imposibilidad de explicar por azar el origen de la vida es una de las razones principales que llevó al filósofo antes citado, Anthony Flew a hacerse creyente.
Menciona las experiencias cercanas a la muerte (ECM), que el cirujano Manuel Sans Segarra trata de explicar en sus libros recurriendo a la física cuántica. La realidad es que las ECM existen, están ahí y se estudian en muchos hospitales. Cita que la neurocientífica Charlotte Martial intenta explicar el fenómeno como “una cascada de procesos neurobiológicos en un cerebro sometido a estrés extremo”, por falta de oxígeno, aumento de CO2, etc. Pero es solo una teoría que no se puede reproducir de forma empírica, por lo que no tenemos una explicación definitiva y habrá que seguir estudiándolas con curiosidad, rigor y mente abierta, aceptando todas las opciones.
Es cierto que la ciencia admite e infiere causas no observables y el autor cita a los electrones y agujeros negros. Justifica esa aceptación, por dejar huellas medibles en la naturaleza. Parece ser que para el autor, la fe, Dios y las ECM no dejan huellas medibles en la naturaleza, lo que no es del todo cierto. Quizás no se pueden medir con un metro o un contador Geiger, pero sí las pueden apreciar y valorar nuestra inteligencia. Una ECM contribuyó a que el premio Nobel de literatura del 2023, Jon Olav Fosse, de ateo, se hiciera católico y los resultados de ese cambio son valorables por nuestras mentes. Igualmente, por fe y o por creer o no en Dios, se modifican cosas materiales, que podemos ver, admirar, evaluar y sacar conclusiones, por ejemplo, por fe se hicieron los primeros hospitales, asilos y catedrales. También se han construido campos de exterminio por regímenes sin fe y sin Dios.
Citando al filósofo Blanco, el autor: “Afirma que algunas de las supuestas pruebas científicas de la existencia de Dios son un regreso a viejos argumentos filosóficos….que el universo tiene leyes, orden, unas constantes tan ajustadas que parecen preparadas para acoger la vida”. Usa la palabra “supuestas”, cuestionando su realidad y valor actual, como si fueran una reliquia del pasado ignorante, pero las leyes de la física están ahí y están escritas en matemáticas de muy alto nivel, contienen información y efectivamente hay orden en el mundo. Es lógico y coherente, si realmente tenemos curiosidad y rigor, que podamos preguntarnos en la actualidad, de dónde vienen esas leyes, esa información y ese orden, no es un regreso a los antiguos y “viejos argumentos filosóficos”. Además, los viejos argumentos, no son falsos por ser viejos, lo son, si se demuestra su falsedad. El ateísmo y el materialismo, no han dado ninguna respuesta a esas preguntas, desde luego en el artículo no aparecen. El concepto de que el universo tiene unas “supuestas” constantes que parecen ajustadas para acoger la vida es nada menos que el argumento teleológico o del ajuste fino o principio antrópico para intuir la existencia de un creador. El autor cita este principio y ya está, lo deja como si nada. Ese ajuste por azar es imposible. El Bib Bang no fue una explosión al azar, estaba muy ajustada desde el primer nanosegundo. Roger Penrose , Premio Nobel de física en el 2020, calculó la posibilidad de esa explosión al azar con estas características y la situó en 1 elevado a 10, elevado a su vez a 123, es decir imposible. Las leyes fundamentales y los parámetros de la física tienen unos valores muy precisos, podían haber tenido valores infinitos y tienen exactamente los que se necesitan para que la vida pueda existir, una leve variación infinitesimal en cualquiera de ellos y no estaríamos aquí. Eso lo sabemos gracias a los avances de la física, no desde la ignorancia primitiva. Por lo tanto es racional preguntarse hoy día la razón de que el universo sea como es, cuando podía haber sido de infinitas formas diferentes y es exactamente, el que permite que exista vida, e incluso vida racional, por lo que nuestra curiosidad nos obliga a preguntarnos ¿por qué y para qué estamos aquí?, preguntas a las que el ateísmo, materialismo y cientifismo no dan ninguna respuesta, salvo quizás la socorrida y ubicua palabra “azar”.
Casi al final de su artículo, D. Daniel Soufi escribe: “Todo podría ser fruto del azar, o de que el universo sea simplemente así, eterno, o de que existan otros universos, multiversos”. Fijémonos que se expresa en condicional, es decir no afirma nada, todo está en el aire, en la elucubración. Los multiversos, es solo una teoría, que además nunca se podrá probar, al estar esos universos fuera de nuestro espacio y tiempo, se escapan a nuestra ciencia y como él mismo dice, nunca se podrían estudiar, por lo tanto no son más que humo. Pero menciona un punto importante, que el universo fuera eterno, vuelve a la teoría panteísta, se basa en la ciencia del XVIII-XIX. En 1916, con su Teoría General de la Relatividad, Einstein llegó a la conclusión de que el universo no es estático, ni eterno y tuvo un principio. Su teoría ha sido confirmada entre otros por Eddington, al estudiar un eclipse en 1919, era agnóstico y se hizo creyente, por Edwin Hubble en 1927, al observar que el universo se expande; entre el 1963-65, Arno Penzias y Robert Wilson detectaron y midieron la CMBR (Cosmic Microwave Background Radiation), una especie de radiación de fondo del Big Bang, confirmando un origen para el universo, por eso recibieron el Nobel de Física; Stephen Hawking, en su “Teorema de la Singularidad” defiende que el universo necesita y tuvo un comienzo. La teoría de Einstein ha sido confirmada de forma empírica con las mediciones de los satélites de la NASA, COBE en 1989 y WMPA en 2003; en 2012, en New Scientist, el físico cuántico Alexander Vilenkin confirma el teorema de BGV y siendo agnóstico escribió: “Toda la evidencia que tenemos indica que el universo tuvo un comienzo y no se puede excluir un creador”. Además, se confirma que el universo no es eterno desde la Entropía o segundo principio de la termodinámica que dice que todos los sistemas dejados a su propia evolución terminan destruyéndose, Ilya Prigogine (Premio Nobel de física en 1977) dice que esta ley se opone a que el universo sea eterno. También la radioactividad demanda un comienzo para el universo, sabemos que los elementos radioactivos se transforman con el tiempo, hasta perder su radioactividad, si el universo fuera eterno, no quedarían en él elementos radioactivos. Finalmente, desde una perspectiva matemática y filosófica, si el universo fuera eterno, es decir, si tuviéramos un pasado infinito, hoy no sería el último día de su historia, un infinito no puede tener un fin. Son cuatro argumentos que niegan que el universo sea eterno. Si tuvo un principio, incluso el escéptico Hume aceptaría que necesita una causa, recurrir a la nada como causa, no tiene sentido y requiere demasiada fe.
Es cierto que además de la naturaleza medible, somos conscientes de que existen las matemáticas, anteriores a nosotros, la conciencia, la consciencia, el amor, el altruismo, la belleza, etc y no son materia, ni están sometidas al método científico empírico. Somos algo más que simple materia y si la ciencia, a la que considero importantísima, no puede responder a todas nuestras preguntas, es lícito y coherente recurrir a la metafísica y a la posibilidad de un Creador (Dios), que resulta que sí da una respuesta a todas las cuestiones transcendentes y da un sentido a nuestras vidas. Los no creyentes siguen como hace más de siglo y medio con una fe ciega en el azar que es un forma de no explicar nada y continúan con el mantra del universo eterno, lo que no es cierto, tal y como muestra la ciencia más actual. Usan el condicional del podría ser o se podría saber más adelante, pero mientras más avanza la ciencia, vemos que todo es más complicado de lo que se pensaba, el horizonte de lo que no sabemos se amplía y hace más imposible que la nada, la casualidad y el azar jueguen ningún papel. Los agnósticos, ateos y materialistas siguen anclados en los mismos viejos argumentos que nada explican y fueron fruto de una ciencia ya anticuada. Si recurren a las mismas razones es porque siguen sin tener nada mejor. Es una realidad que puede no gustar a algunos, pero la ciencia actual, por su gran complejidad, cada vez apunta más a un Diseñador, a un Creador, a Dios, según lo queramos llamar. Dejemos atrás de una vez al panteísmo y a las diosas “azar, casualidad y la nada”.
Mariano Urdiales Viedma. Médico Patólogo, jubilado. Ubeda
