Alfonso Piñeiro: ‘El ciudadano debe reclamar el ejercicio de sus derechos’


Conversación tranquila de @jmfrancas con Alfonso Piñeiro, escritor y emprendedor, con pasado y alma de periodista.

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JMF: ¿Qué es “La ola definitiva”? Apareces tu en la portada…

AP: ‘La Ola Definitiva’ lo defino como un «breve ensayo literario de urgencia». Breve, en el sentido de que son unas 50 mil palabras. Literario, dado que no es científico desde el punto de vista académico, aunque sí desde otros enfoques de ciencias sociales y humanas. Ensayo, en cuanto que parte de una tesis principal para desarrollar diferentes contextos de análisis. Y de urgencia, porque busca abordar una situación tan cambiante, acelerada y a veces improvisada como es la gestión de una pandemia.

JMF: ¿Cuál es esa tesis?

AP: Existe una tesis principal, y una subtesis anidada. La tesis principal parte de la idea de que hemos caído en una trampa de hiperventilación en el enfoque de las medidas y restricciones que han de ser adoptadas para hacer frente. a los riesgos asociados a la crisis pandémica COVID-19. Una aceleración desaforada por la que dar marcha atrás se convierte en un anatema y hemos venido necesitando paquetes de medidas y restricciones muy por encima de lo que exigían las cifras reales de incidencia, y sin medir de forma coherente, consecuente o al menos equilibrada el impacto que esas medidas tienen sobre todos los demás órdenes de la vida. La subtesis es una llamada de atención: «ojo con los cantos de sirena para convertir estas medidas en una especie de higienismo ad aeternum». Tengo suficiente confianza en nuestra especie como para pensar que no se dará esa situación, pero un elemento aparentemente tan anecdótico como las mascarillas nos puede dar pistas en sentido contrario: no solo se han asumido de forma casi unánime como un talismán incluso allí donde no existen riesgos (exteriores), sino que la propia ministra Darias llegó a afirmar hace unas semanas que «habían venido para quedarse». Ojo con esas tentaciones. Hay una obligación ética de conjurarse para evitarlo.

JMF: ¿A qué piensas que se ha debido esa ‘hiperventilación’?

AP: A una cadena de contagio de pánico sin igual en la historia reciente de Occidente, o de los países que forman la primera y segunda fila del «desarrollo». Supongo que en parte propiciada por un fenómeno perverso: haber vivido más o menos, y salvo excepciones, entre algodones durante décadas sin grandes problemas que afrontar. Esa situación nos ha debilitado a nivel de reflejos, reacción, mesura, capacidad de anticipación y equilibrio entre lo sociopolítico, lo sanitario y lo económico.

JMF: Intuyo que este pánico se podía deber a que los políticos no saben de todo, quizas mejor no saben de casi nada, pero puñeta hay científicos a los que preguntar que saben muchísimo. ¿Justificas esa hiperventilación?

AP: Hay claramente dos frentes. Uno es el científico, que está llamado a proponer una serie de medidas, y que en origen podían contener diferentes sensibilidades, desde las más hiperreactivas hasta las más mesuradas. Pero después esas medidas deben ser adoptadas por una clase política en la que pesan dos grandes losas: una, evitar el futuro potencial castigo por no haber tomado medidas a tiempo; y dos, el no reconocer que determinadas medidas puedan haber sido erróneas e incluso ineficaces. Ese reconocimiento no forma parte del discurso político en las democracias occidentales.

JMF: Entonces hay que dar por supuesto que nuestra democracias fuerzan el error del político…

AP: Es algo que encontramos en tratados políticos a lo largo de las últimas dos centurias y media de levantamiento, fortificación y construcción del Estado de Derecho: el acomodamiento a un régimen de libertades termina produciendo perversiones por las cuales el soberano de los derechos, que es la ciudadanía, y que cede temporalmente a sus legítimos representantes, puede terminar prefiriendo políticas «duras» que guíen su camino. Por eso se necesitan (y se echan de menos) políticos con clara visión de estadista, que sean capaces de exigir al ciudadano que reclame el ejercicio de sus derechos.

JMF: Necesitamos líderes y sobre todo contrapoderes frente a los dirigentes… ¿no?

AP: Toda sociedad democrática necesita valerse de herramientas para la defensa de los valores de lo público (no confundir con Sector Público, que es importante pero no se trata de eso aquí). Si esa herramienta es un «líder mesiánico» puede ser un error. Las herramientas pasan por la propia convicción de la madurez social, de reconocerse vecinos unos a otros y establecerse frente a comportamientos como la delación, l’omertá o el señalamiento, que tristemente hemos vivido en los últimos 16 meses: policías de balcón, llamadas de atención por una mascarilla bajada o «hacemos todos esto porque es lo que nos dicen que hay que hacer, aunque no lo entendamos del todo”.

JMF: De este ultimo año destaco que muchos quieren ser ovejas y otros quieren ser pastores mesiánicos. No me gustan ninguno de ellos…

AP: Te puedo decir que son incontables los mensajes que recibo cada semana que invitan a esa desafección con unos y con otros. Entiendo la «sensación» por la que se produce, y puntualmente la comparto. Pero siempre que puedo respondo con la misma moneda: lo que nos diferencia de quienes llevan a la mayoría a comportarse así es que nosotros no somos bárbaros, nosotros sí creemos en los derechos y en las libertades (y libertad no es «irse de cervezas con Ayuso»), y nosotros sí creemos en nuestros congéneres y en responsabilizarnos. Sin responsabilidad no hay libertad, y viceversa.

JMF: ¿Tienes claro que esos tics autoritarios no nos los impondrán?

AP: Tengo claro que a lo largo de los últimos 300.000 años de presencia del ser humano en el planeta siempre hemos avanzado a estadios de más libertades, más dignidad y más desarrollo de nuestras capacidades. Para ello hemos tenido que pasar por periodos de gran oscuridad, algunos de ellos tan recientes como los regímenes dictatoriales europeos del siglo XX. Pero al final, el ser humano es capaz de sobreponerse a ello, aprender de los errores, y mejorar. Si me lo permites, te añado una cita en original, en inglés, que me lleva acompañando desde que la descubrí hace algo más de medio año: 

‘Hard times make strong men. Strong men make easy times. Easy times make weak men. Weak men make hard times’.

‘Los tiempos difíciles crean hombres fuertes.  Los hombres fuertes crean buenos tiempos.  Los buenos tiempos crean hombres débiles.  Y, los hombres débiles crean tiempos difíciles’.

La cuestión sería… ¿dónde estamos ahora?

JMF: Poco me consuela la visión a largo plazo si a la corta me toca período oscuro. No quiero pasar por el aro de la carne sintética de Bill Gates ni cacicadas de este estilo…

AP: Eso es algo que puede tener las patas tan largas o tan cortas como queramos que las tenga. Sí, sé que vivo en un mundo donde de pronto se pretende que todo sea súper orgánico, bio, natural, zero, light, nutritivo y desnatado. También te puedo decir que hace unos días cené con alguien a quien llevaba 18 meses sin ver, en un «todo o nada» de Barcelona. Plato único: chuletón de 1 kg., patatas, vino por centímetros (tanto bebes tanto pagas) y postres, todo por un muy módico precio. Y hay que reservar con varios días de antelación porque si no te quedas sin sitio.

JMF: Te noto muy optimista…

AP: No, jajaja. Ojalá fuera optimismo. Me educaron en una perspectiva de confianza en mis semejantes, de implicación con el mundo que me rodea y de tratar de conducirnos por la razón, el sentido común y también elementos que son parte de la inteligencia como la belleza o la sensibilidad. Que siga por ese camino o no es independiente del contexto sociopolítico que me toque vivir. La decisión es mía, y por tanto opto por ello. Como merecido tributo a mis padres y abuelos, y como reflejo de lo que me gustaría que hicieran conmigo.

JMF: ¿Cómo valoras la gestión global de la pandemia en España? Lo peor y lo mejor…

AP: Va a ser difícil responderte a «lo mejor», pero haremos un esfuerzo, aunque sé que levantará muchas ampollas. A mi juicio, de lo mejor, o al menos de lo menos malo ha sido el «protagonista a su pesar», Fernando Simón. Claro que ha cometido errores, pero deberíamos ser capaces de medir que siempre que ha hablado con libertad (importante este matiz), ha sido de los que más ha apostado por el sentido común en lo tocante a medidas y restricciones. Quizá ayuda que no se debe a una adscripción ideológica estricta.

De lo peor, aunque hay mucho en lo que escoger, ha sido la permanente bronca política, el apártate tú que me pongo yo, y sobre todo el inmovilismo derivado de medir cuál será el siguiente movimiento de tu rival, para ponerse automáticamente en contra. Hablar de rivales en un país como España, donde al guerracivilismo ideológico hay que sumar la herencia de los reyezuelos taifas y cierta falta de cultura política, es hablar de palabras mayores.

JMF: ¿Algo que añadir que te sugiera el haber vivido una pandemia como esta?

AP: Creo que atravesamos un momento histórico que nos marcará para siempre como experiencia, que nos dejará una factura económica y social durante al menos una década, y cuya huella en cuanto a miedos vitales espero que se desvanezca tan rápido como llegó. No pondría mi mano en el fuego por ello, pero lo espero. Y abre una gran incógnita cuando seamos capaces de mirar hacia atrás con cordura: ¿ha valido la pena la fractura que se ha creado? Porque si no ha valido la pena, que se preparen quienes hoy han defendido determinadas causas: la Historia no olvida, y rara vez «indulta». Creo que nos quedan años de «sentarnos con palomitas» a ver el show de las consecuencias de lo vivido.

JMF: Gracias Alfonso. Si quieren saber más es fácil, que lean tu libro. Un abrazo y estamos en contacto

AP: Un abrazo. Te felicito por esta conversación tan gustosa, digna, muy digna, entre tanto ruido de ‘show business’ y ‘money talks’.

JMF: Me lo has puesto muy fácil y ha sido un placer. 


2 comentarios en “Alfonso Piñeiro: ‘El ciudadano debe reclamar el ejercicio de sus derechos’

  1. Los políticos podían tomar nota de estas conversaciones, que hablan de la moral y el derecho como la de Pedro Lecanda y también muy interesantes las reflexiones sobre la Pandemia y la sociedad en ls que estamos de lo bio y dei concepto de la libertad con mayúsculas .

  2. Creo que explica estupendamente el problema de la hiperventilación. En cuanto a que no nos vamos a adaptar a ser ovejas del rebaño tengo muchas reticencias, sólo tenemos que fijarnos en: Cuba, Rusia, China… El aforismo británico es muy apreciable, por muy cierto.

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