El pillo pillado

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España parece, o es, un país de personajillos. Respetando a las personas, cada uno de ellas es un mundo y seguro que riquísimo en humanidad, y su aparición social no deja de ser peculiar cuando no esperpéntica: Belén Esteban, la princesa del pueblo, Pablo Iglesias, el salvador de los pobres y el pequeño Nicolás, el pillo pillado, representan sendos momentos históricos en los que el vacío dejado por la falta de líderes, de personajes públicos con entidad, capaces de elevarnos colectivamente, se llena con personajillos de novela picaresca.

Si la responsabilidad, el esfuerzo, la honestidad y la generosidad son valores, ¿a qué viene dar tanto pábulo a personajillos cuya principal virtud es haber sabido aprovechar un hueco para escalar en el escaparate mediático diciendo lo que queremos oír, sea para entretenernos, para canalizar nuestros cabreos o simplemente para envidiarlos? Los tres tiene personalidad suficiente para merecer cierto interés mediático pero que gran parte de un país baile a su son es casi patológico. ¿Qué nos ofrecía la Esteban? ¿Qué problemas del país solucionará Pablo Iglesias? ¿Qué credibilidad tiene de por sí Fran Nicolás para merecer tanta prensa y poner contra las cuerdas a instituciones del Estado?

No entiendo nada. Los tres son fruto maduro mediático. ¿Es la prensa que juega con ellos para aumentar ingresos o son ellos los que juegan con la prensa para reírse de todos? ¿Alguien me lo explica?

La Ley a sus pies

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“La querella contra Mas aleja la vía del diálogo” este es el titular, todo un editorial, de la Vanguardia de hoy. Cumplir la Ley, pagar por saltársela o la Ley misma’, es algo que rige para los ciudadanos de a pie. Los políticos, la política, están muy por encima. Con esto la democracia, ¿en que se convierte? ¿Aceptamos como buena la dictadura de la política? Precisamente la gran ventaja de la democracia es que nadie está por encima de la ley. Ley que, por cierto, nos hemos dado democráticamente todos. La obscenidad del titular de la Vanguardia es esférica: mires por donde lo mires es obsceno. Es toda una declaración del nuevo régimen que parece han instaurado en España y después se escandalizan de que haya corrupción. Es la corrupción misma del Estado de derecho. Está tan extendido este concepto que hasta la vicepresidenta del Gobierno catalán, Joana Ortega, se ha atrevido a decir, al conocer su posible querella por la fiscalía, que “cada vez nos empujan más fuera de España”. Vaya concepto que tiene de la justicia. Parece querer decir: Yo solo me siento bien cuando como política puedo hacer lo que me venga en gana. ¿Qué dirá el que roba, el que mata, el que…? Dirá que no le quieren en España y no le faltará razón, no le queremos comportándose así en sociedad y bien que hacemos.

Cuando Maragall primero y Mas después declararon frente al nuevo proyecto de Estatuto de Cataluña que si no era constitucional, había que adaptar la Constitución, sentaron las bases de este despropósito democrático de considerar a los políticos, a la política, por encima de la Ley y así se acaba con la Ley, la política y el Estado.

No entiendo nada. ¿Qué ha fallado para qué alguien en democracia se considere por encima de la Ley? ¿Qué entienden por democracia si abiertamente se considera que no todos somos iguales frente a ella? ¿Alguien me lo explica?

El mantra de lo federal

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Hoy, en la sesión de control de Congreso, el ya habitual rifirafe entre Pedro Sánchez, el controlador, y Rajoy, el controlado, ha versado sobre el raca raca catalán y el mantra de lo federal. Sánchez, la voz por ahora de la gran Susana, ha espetado a Rajoy que se deje de vías judiciales y use la política para enfrentarse al problema secesionista que hay en Cataluña, que proponga algo… Rajoy, por su parte, ha resumido sus planteamientos en cinco premisas que la verdad, fuera de las dos impugnaciones elevadas por su Gobierno al Constitucional, no añaden nada más que reiterar su voluntad, mejor casi resignación, de sentarse a hablar con quien lo desee y se lo pida. Sánchez entonces ha planteado su gran oferta curativa: reforma constitucional incluyendo cambiar el Estado de las Autonomías por un Estado Federal. Ahí, Rajoy por fin ha estado ocurrente y ha tachado de eslogan la propuesta socialista que usa el federalismo como mantra o más bien como bálsamo de Fierabrás preguntándole al líder del PSOE. ¿En qué se diferencia el Estado Federal del Autonómico? ¿Estado Federal es igualdad de competencias o cada Estado las tendrá distintas? ¿Modelo de financiación igual para todos? ¿Extensión del concierto? Todas ellas preguntas nada baladíes que, si no se responden, dejan el federalismo como simple slogan y, que si se responden, pueden hacer que no lo quiera nadie. La realidad es que ni los separatistas catalanes ni vascos aceptan esta solución y el resto de españoles está para cosas más de política práctica como son dejar de esquilmarnos con impuestos, dejar de robarnos con corrupción y reducir el Estado para que nos cueste menos.

No entiendo nada. Cuando hablo con intelectuales socialistas (haberlos, hailos) partidarios del federalismo lo único que me dicen es que esto definiría de una pajolera vez las competencias de cada uno. ¿Dónde pone que el Estado Autonómico no pueda definir y cerrar las competencias de cada comunidad? ¿Alguien me lo explica?

Far west catalán

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Leo en la prensa de hoy noticias sobre la realidad catalana: “Los okupas se hacen con la mitad de los pisos de la banca en Barcelona”, “la Fiscalía de Cataluña desafía a Torres-Dulce para proteger a Mas”, “CiU pide incluir a Bárcenas en la comisión del caso Pujol y no a Mas”y “ERC pide la comparecencia de Felipe y Aznar por el caso Pujol”.  Es evidente que los titulares obedecen a hechos reales que ponen en evidencia la realidad de un país, una comunidad autónoma española, que está desgobernada cuando no enferma. Que los okupas campen a sus anchas es síntoma de una ciudad sin ley. Que la fiscalía, órgano jerárquico de carácter nacional, vaya por libre en Cataluña evidencia una rotura grave del orden constitucional y del estado de derecho continuada. Que una comisión de investigación de unos hechos tan graves como son los del caso Pujol se banalice con peticiones charlotada desde las fuerzas nacionalistas, tan críticas en el primer momento con la autoimputación y posteriores no explicaciones del que fuera el padre de la patria, denota comportamientos trapaceros tendentes a lo mafioso que desprestigian el Parlamento catalán y se ríen de su funcionamiento. El tercio de catalanes, según la macroencuesta del 9-N, tan agobiados por su pertenencia a España,  haría bien en mirar de puertas para dentro y exigir un mínimo de seriedad cuando no una dosis de buen gobierno.

No entiendo nada. Cuando las instituciones no actúan de acuerdo con su función entramos en el desgobierno que acaba en la ley del far west. ¿A qué autoridades sensatas puede convenir el descredito de su país? ¿Alguien me lo explica?

Las “Maquiavelas”

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Siempre se ha hablado de ‘El Príncipe’ de Maquiavelo como del mejor manual para lanzarse a la carrera política. Si a este tratado le añadimos la lectura comprensiva de ‘El arte de la guerra’ de Clausewitz, iremos completando un Master en política práctica. Pero los dos tratados, especialmente en la era de las comunicaciones, se quedarán cortos si no añadimos las inefables aportaciones de dos grandes figuras de la teoría política española: Isabel Pantoja y Marta Ferrusola. Ellas, compañeras o esposas de políticos otrora ilustres, pronunciaron dos sentencias que merecen figurar en las frases lapidarias de la comunicación política de la ‘casta’. Isabel Pantoja, acosada en su relación con Julián Muñoz por los famosos ‘paparazzi’, aconsejó al político marbellí: “dientes, dientes, eso es lo que les jode”; así pretendía ella encauzar la mala leche del exalcalde y romper el morbo de la prensa de corazón. Si a esta estrategia para ‘que nos dejen en paz’, le sumamos el consejo que Marta Ferrusola le dio a Jordi Pujol cuando le dijo este verano “tranquilo, esto se olvida”, tenemos claras los dos máximas de actuación del político pillado, extensible sin duda al hombre público ante cualquier situación embarazosa: sonreír y esperar a que escampe. Con Maquiavelo, Clausewitz, Pantoja y Ferrusola llegamos a completar el compendio de cómo sortear el mal hacer en la vida pública.

No entiendo nada. Cuando la vieja política parece que se está desmoronando, ¿será posible que la nueva teoría que deba practicar el gobernante se base en la verdad, la generosidad y el esfuerzo en vez de la cara dura del cantamañanas? ¿Alguien me lo explica?

Política, ¿para qué?

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A falta de Política, para el PP la política la pone el PSOE, a Rajoy le queda la burocracia administrativa y la vía jurídica. Rajoy parece creer que los problemas o se arreglan solos o que los arregle otro, el a gobernar, que ya otros harán política. Así con todo. Nunca vi una mayoría absoluta peor administrada. Si al final debe ser el Tribunal Constitucional el que resuelva lo conflictivo, ¿para qué está La Moncloa?

Después de la ausencia clamorosa del Estado el día 9 en Cataluña dejando huérfana a esta mayoría que no tiene el sentimiento separatista, el presidente del Gobierno, y con él el Estado, fía todo a la fiscalía.

La sensación, ojalá no se confirme, es que esta institución busca cómo actuar sobre los que se saltaron la ley a sabiendas sin que nadie de ellos salga herido; busca la figura jurídica que suponga, a lo sumo, un cariñoso tirón de orejas.

Hasta ahora, en Cataluña saltarse la Ley tiene menos coste que levantar la voz contra el separatismo. Si eres de los más de cuatro millones que, según cifras de la encuesta del pasado domingo, pasa de reivindicaciones separatistas te sitúas en tierra de nadie. El Gobierno autonómico te ve como un mal bicho y para el Estado Central casi no existes.

No entiendo nada. Los huérfanos reales pueden, si tienen suerte y encuentran a una familia generosa,  ser  adoptados. ¿Algún partido político tendrá la generosidad suficiente para iniciar al menos los trámites de adopción de esos cuatro millones o más de catalanes trabajadores y muy poco conflictivos? ¿Alguien me lo explica?

Como mucho reacción, nunca acción

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Ayer la jueza Alaya siguió en su particular cruzada, parece bastante sola en la judicatura andaluza, contra la corrupción en Andalucía. La gran imputadora, más de doscientos veinte imputados hasta ahora entre las causas que instruye, llevó sus largos tentáculos hasta las Islas Canarias y amplió el número de imputados en treinta y dos.

La operación “madeja” en honor a esta causa que tiene su origen en Mercasevilla ha parido a la operación “enredadera” –pronto se acabarán los nombres alegóricos- que corroe en media España. Por fin han aparecido comprometidos en una tela corrupta, amén de empresarios y políticos, funcionarios de muy variadas escalas. España huele y huele mal.

Hoy, en la medida que el raca-raca catalán permite otras noticias, volvemos a leer propuestas de nuestros políticos para atajar la corrupción que, según declaran con cara triste, tanto les incomoda. Los golpes en el pecho de hoy y las intenciones curativas no obedecen a nada de lo investigado por Alaya, esta corrupción es mayormente del PSOE, sino al tema Monago, este sí es del PP, que es el que ahora molesta.

No entiendo nada. Una vez más, cuando la actuación de la ‘cosa nostra’ se descubre, se produce de inmediato una reacción de intenciones para que nunca más esto ocurra. ¿No entienden que los ciudadanos queremos menos reacciones a toro pasado en lo descubierto ordinariamente por la prensa,  y más acciones que denuncien y limpien la porquería que cada uno tiene en sus filas? ¿Alguien me lo explica?

Pan para hoy y hambre para mañana

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Ya lo siento. Hasta a mí me cansa hablar casi siempre de lo mismo, pero es lo que hay. A dos días de la macroencuesta catalana, Rajoy sigue sin aparecer y empieza a preocuparme, ¿le habrá pasado algo?

De los actores del fraude, Mas es el único que ha salido reforzado. El 9-N tuvo lugar una soterrada batalla entre los líderes actuales del independentismo. Gracias a la ausencia de Gobierno central y el despiste de la Fiscalía, Mas venció a Junqueras y ahora vuelve a ser la cabeza visible del proceso. El día 8 Mas estaba muerto políticamente, el 9 resucitó. Mas puede tener cuerda para rato.

La otra batalla clave no la ganó el separatismo, aunque a base de repetir que logró la victoria, acabaremos creyéndolo. Los números, sin duda hinchados, dicen pese a todo que hay el doble de catalanes que no quieren saber nada de independencia. ¿Quién se acuerda de ellos? No son en absoluto del PP, son cada uno de su padre y de su madre, pero claramente nadie gobierna para ellos. La  Generalidad, de hecho, los desprecia, no son de los suyos, y el Gobierno central ni los contempla porque no gritan ni protestan. Son huérfanos políticos aun siendo muchos y, sobre todo, siendo más –el doble- que los otros.

Parece que el Gobierno central, el que se ausentó el día 9, quiere negociar una salida no traumática y tranquila a la rebelión secesionista. Pactará para calmar a las fieras lo que ellas pidan, con tal de que frenen una temporada sus ímpetus secesionistas para que hasta dentro de un tiempo -en España ya gobernarán otros-, no vuelva a explotar el problema, aunque con más gravedad. Pan para hoy y hambre para mañana, ¿les suena?

No entiendo nada. Sabiendo que dos de cada tres ciudadanos catalanes quieren mejorar sus vidas sin cambiar el marco territorial español, ¿no sería mejor que el Gobierno de la nación pensara en ellos y buscara cómo hacerles mucho más partícipes de la realidad política de España? ¿Alguien me lo explica?

Gana el comerciante, pierde el funcionario

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Ya sé que muy probablemente todo lo que ayer sucedió obedece a un pacto bajo mano que como viene siendo habitual entre los Presidentes del Gobierno de España y los presidentes de la Generalitat se salda con el catalán llevándole al huerto. Exceptuando Suárez con Tarradellas, todos los demás han picado probablemente gracias al prejuicio de que la palabra del catalán va en serio. La fama nos precede y la marca es la marca. Según parece el pacto era que la Generalitat se quedaba al margen y el Gobierno central dejaba realizar la consulta farsa pero el comerciante catalán, una vez más, dejó al funcionario mesetario con un palmo de narices.

¿Qué pasó ayer? A mi entender pasaron muchas cosas pero me quedaré solo con bien pocas. El Gobierno central, el de Rajoy, desistió de sus obligaciones. El Gobierno de la Generalitat, el de Mas, ganó una batalla que tenía perdida. En Catalunya se votó y se hizo donde les dio la gana, a pesar de las prohibiciones legales para hacerlo. Rajoy, que no cree en la Política con mayúsculas y por tanto no cree en las ideas y por ende desprecia la comunicación, cedió a los tribunales y  a la fiscalía toda iniciativa y permaneció en su despacho tranquilo y feliz. Mas, al ver el desistimiento del Gobierno, dio la cara y dirigió hacia él toda responsabilidad, lo que para los ciudadanos supone todo el liderazgo y todo el mérito de haber puesto de rodillas al Estado. La realidad es que a pesar de la imagen de victoria y los mensajes que no pararán de lanzarnos del éxito total de la pseudoconsulta; ha quedado patente que solo el 33% de los catalanes están a favor del derecho a decidir y que un insuficiente 30%, más o menos, quieren la independencia. ¡Menuda victoria!

La consecuencia más relevante del día de ayer es más que grave: en España manda el que más bemoles tiene, dado que el Estado está ausente y sus dirigentes huyen de las batallas.

No entiendo nada. Los datos, aunque probablemente falsos, tomados por buenos son un fracaso para el independentismo. ¿Cómo es posible que con esta realidad los secesionistas canten victoria y el resto nos lo creamos? ¿Alguien me lo explica?

El CIS parió

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Albricias. Por fin la tan filtrada encuesta del CIS ha visto la luz. El parto, muy largo en el quirófano, tuvo un final más que feliz: PP y PSOE mantienen su hegemonía a pesar de que las ecografías no daban a entender esto. El voto directo, lo que uno dice que votaría en el momento de la encuesta, da –asómbrense- por ganador a Podemos. Nunca en mis recuerdos se había visto cosa igual. Un partido que concurre por primera vez a unas generales las podría ganar. El estudio, una vez cocinado convenientemente –aplicación de correctores matemáticos y en muchos casos de intereses políticos-, da por ganadores a los de siempre y posibilita, craso error, una interpretación tranquila por parte de sus dirigentes. Sigue ganando el PP, que pierde apoyos, y queda en segundo lugar el PSOE, que algo recupera. Aparte de profundas interpretaciones de sesudos analistas a los cuales les remito, me interesa destacar porque lo tomo por creíble, que la suma de PP y PSOE pasa de un tradicional 70% a un discreto y peligroso para ellos 52%. El bipartidismo está, si nadie lo remedia, herido de muerte. El PSOE, a pesar del cambio de líder, que no es poco, remonta levemente y eso me indica que el maquillaje no ha surtido efecto. El PP pierde mucho apoyo y no me extraña, dado que el 87% de sus votantes en las últimas generales están descontentos con su gestión de gobierno. Rajoy y su Gobierno arrastran al PP a una continua pérdida de votos y Sánchez lidera a un PSOE que remonta muy poco. El bipartidismo puede pasar a la historia y, en caso de que no reaccionen radicalmente, pueden conseguir con su contumacia darle la victoria a Podemos. Así, en vez de un sano pluripartidismo podríamos tener un monopartidismo muy propio del modelo que subyace en Podemos: Cuba y Venezuela marcan tendencia, ojito.

No entiendo nada. Según el CIS y la calle, son muchos los ciudadanos que quieren castigar a PP y PSOE por su mal comportamiento. ¿Cómo castigarles en el voto sin castigarse uno mismo votando a Podemos? ¿Alguien me lo explica?