Hemos sabido que Rajoy en el cónclave de Sigüenza trasladó a los suyos que ahora toca “política, política y política” en lugar de tanta economía. También conocemos que el superpitoniso del PP, Arriola, les explicó eufórico cómo los votos perdidos del PP no habían ido a saco ajeno, sino que estaban molestillos en su casa en espera de que el PP sepa convencerles de que hay mucho en juego en las próximas elecciones. Brillante genio, ¿mucho en juego? ¿Subirá más los impuestos el PSOE? ¿Politizará más la justicia el PSOE? ¿Engordará más la administración el PSOE? ¿Subirá más el gasto público el PSOE? ¿Cederá más frente al gasto desmesurado de las autonomías y les dará menos dinero extra? Difícil lo veo.
Si es política lo que falta y los votantes siguen a la espera, ¿Cómo se cree Rajoy que modificar la Ley del aborto le supondrá perder votos? ¿No tocarla va a hacer que cientos de pro abortistas le voten entusiasmados? ¿No será que el votante del PP que se quedó en casa y no fue a votar a otros, lo hizo precisamente por sentirse traicionado en cuestiones tan ideológicas y de fondo como el aborto, de las que el PP de Rajoy, por no sé qué maldito complejo, parece avergonzarse?
No entiendo nada. Si una promesa que no cuesta dinero, que estaba en el programa, que forma parte del ADN del votante del PP y que hasta Gallardón apoya, no merece el riesgo de sufrir las críticas de la oposición, ¿para qué me sirve a mí el PP? ¿Alguien me lo explica?









