Cosas que son lo que parecen (artículo publicado en la contra de La Gaceta el día 22 de diciembre de 2009)

Ayer, cuando amanecí blanco, me vino a la cabeza la frase del año, la de los brotes verdes, y a falta de los brotes naturales, todos estaban cubiertos de nieve, tuve que hacer como la ministra Salgado, inventármelos, y los vi de color rojo en los frenos de los coches que a las ocho de la mañana intentaban llevar a sus vástagos al colegio y llevarse ellos mismos al trabajo. No era fácil y, a pesar de que Maleni ya no es la ministra del ramo, la sensación que todos teníamos era de aventureros solitarios que, a pesar de los pesares, convencidos de que las castañas del fuego se las tiene que sacar cada uno, nos empeñábamos en superar la adversidad climatológica e ir a lo que es el pan nuestro de cada día: el curro. Hay días que trabajar cuesta mucho más trabajo.

Sigue leyendo

Gracias a la vida, al IPC y a Pe (artículo publicado en la contra de La Gaceta el 17 de diciembre de 2009)

Días como hoy despiertan mi optimismo y me dejo llevar por la euforia navideña. Veo este optimismo en el Gobierno, que aplaude con las orejas que suba la gasolina y, por tanto, el IPC. Jamás se me hubiera ocurrido celebrar una subida de precios. Creo que en fechas normales esto sería un desastre de noticia, pero en esta Navidad es como si nos hubiera tocado el Gordo. Por cierto, la algarabía verbenera se produce el mismo día en el que la agencia de calificación crediticia Moody’s nos hace lideres en el “índice de miseria” europea. Toma nivel.

Sigue leyendo

Una ley inhumana (tiro de Josep Antoni Duran i Lleida)

No entiendo nada. Ya sé que estamos en fechas navideñas y que, de alguna manera, por los poros nos entran, además de las prisas por «cerrar temas”, la paz propia de la festividad. Como dice el actor Arturo Fernández, son fechas en las que «se aprende que ninguna leña calienta más que el cariño».

Pues bien, soy de los que piensa -y no me importaría quedarme solo pensando así- que estas navidades han helado el Congreso de los Diputados y con el nos han helado a todos. La aprobación de la ley del aborto -me importa un pimiento cómo la han llamado- me deja helado, avergonzado y me da asco la ley y me dan pena los que la han apoyado. No hace falta que siga calificando el estado de ánimo en el que me encuentro. Soy biólogo, y cuando en mi época militante universitario luché contra la pena de muerte, tuve claro que era imposible no estar contra el aborto. He leído esta mañana el artículo de Duran Lleida en La Razón, lo he buscado adrede, pues me habían hablado de él. «¡Olé tus cojones!». Hace falta tenerlos para, desde la política, decir esto y, si no, que se lo pregunten a los responsables del PNV.

Sigue leyendo