Ya lo siento. Hasta a mí me cansa hablar casi siempre de lo mismo, pero es lo que hay. A dos días de la macroencuesta catalana, Rajoy sigue sin aparecer y empieza a preocuparme, ¿le habrá pasado algo?
De los actores del fraude, Mas es el único que ha salido reforzado. El 9-N tuvo lugar una soterrada batalla entre los líderes actuales del independentismo. Gracias a la ausencia de Gobierno central y el despiste de la Fiscalía, Mas venció a Junqueras y ahora vuelve a ser la cabeza visible del proceso. El día 8 Mas estaba muerto políticamente, el 9 resucitó. Mas puede tener cuerda para rato.
La otra batalla clave no la ganó el separatismo, aunque a base de repetir que logró la victoria, acabaremos creyéndolo. Los números, sin duda hinchados, dicen pese a todo que hay el doble de catalanes que no quieren saber nada de independencia. ¿Quién se acuerda de ellos? No son en absoluto del PP, son cada uno de su padre y de su madre, pero claramente nadie gobierna para ellos. La Generalidad, de hecho, los desprecia, no son de los suyos, y el Gobierno central ni los contempla porque no gritan ni protestan. Son huérfanos políticos aun siendo muchos y, sobre todo, siendo más –el doble- que los otros.
Parece que el Gobierno central, el que se ausentó el día 9, quiere negociar una salida no traumática y tranquila a la rebelión secesionista. Pactará para calmar a las fieras lo que ellas pidan, con tal de que frenen una temporada sus ímpetus secesionistas para que hasta dentro de un tiempo -en España ya gobernarán otros-, no vuelva a explotar el problema, aunque con más gravedad. Pan para hoy y hambre para mañana, ¿les suena?
No entiendo nada. Sabiendo que dos de cada tres ciudadanos catalanes quieren mejorar sus vidas sin cambiar el marco territorial español, ¿no sería mejor que el Gobierno de la nación pensara en ellos y buscara cómo hacerles mucho más partícipes de la realidad política de España? ¿Alguien me lo explica?









