Atajar las causas

granados

Pasado el mes horribilis de la corrupción en España, se esperaba que los partidos políticos no solamente se rasgaran las vestiduras, sino que reunidos en cónclave, juntos o por separado, formularan a la sociedad sus compromisos legislativos para combatir en serio, desde la raíz y con eficacia, esta lacra que hace irrespirable el país y que además amenaza con llevárselos por delante. Amén de ocurrencias sueltas, lo único que hoy nos han dejado claro es que ‘van a hacer algo’ cada uno por su cuenta y fundamentalmente para atajar la corrupción del contrario. El PP, por boca de Cospedal, dio a entender que “no pueden hacer nada más” y el PSOE, por boca de César Luena, afirmó que no puede pactar nada con el PP por ser “el partido de la corrupción”. Habrá propuestas de cada uno de ellos, pero es de temer que serán medidas parche que irán como siempre a los efectos y no a las causas. La corrupción se facilita por toda legislación que suponga la posibilidad de los gobernantes de alterar el libre mercado. Cada vez que se legisla la necesidad de ‘un permiso’ o de figurar en un ‘plan previo’, se facilita que el mundo económico busque como desatascar cuestiones o acelerar procesos que dependen de alguna autoridad o disposición gubernativa. Leyes como la de La Función Pública (1984) que facilitó el nombramiento a dedo, La Ley de Cajas (1985) que politizó sus Consejos convirtiéndolas a instrumentos financieros solo de lo público y un sinfín de leyes que, al no ser especialista, no oso ni mencionar. Si reaccionar ante la corrupción es crear dos plazas de jueces en la Audiencia Nacional y hacer dimitir a los imputados, vamos finos.

No entiendo nada. Sin separación radical de poderes y sin reducir radicalmente la intromisión del Estado en la esfera privada, es del todo imposible erradicar las causas de la deshonestidad pública. ¿Algún partido propondrá atajar realmente las causas o preferirán el maquillaje tan habitual en nuestra clase política? ¿Alguien me lo explica?

Zapatero a tus zapatos

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El Consejo Empresarial para la Competividad (CEC), lobby de las 17 compañías más grandes de España que nació bajo el manto del Presidente Zapatero,y que pretende “desde el campo de las ideas impulsar grandes reformas económicas sustentadas en amplios consensos” -según palabras de Cesar Alierta en su presentación en 2011-, planteó ayer al gobierno de Rajoy medidas a su entender “concretas realistas y factibles” para crear en los próximos cuatro años 2,3 millones de empleos reduciendo la actual tasa de paro del 23,7 % hasta un más soportable 10%.

Miedo me dan los empresarios cuando deciden jugar a políticos para gobernar un país, de igual modo que tengo pánico a los políticos que pretenden hacer de empresarios creando riqueza y empleo. Zapatero a tus zapatos. Los gobernantes deben tomar decisiones para hacer de un país un lugar cómodo para la creación de riqueza para todos, trabajadores y empresarios. Los empresarios pueden y deben proponer a los políticos aquellas medidas que les harán más competitivos. Las medidas presentadas por el CEC van desde insistir en una reforma laboral que facilite el buscar trabajo hasta el invertir en educación e I+D+I, en aumentar el tamaño de las empresas, en luchar contra el fraude laboral y la economía sumergida, en abaratar el coste energético y un largo etc.

Destacaré, porque las creo de lo más necesarias, aquellas medidas que buscan recortar gastos al Estado y que el CEC concreta en la privatización de 16 empresas estatales y una recomendación genérica que, igual sin pretenderlo, desnuda toda la política económica de Rajoy, el CEC recomienda al Ejecutivo que siga recortando gastos antes que subir los impuestos.

No entiendo nada. Las muchas medidas propuestas por el CEC llevan años intentando ser realizadas. ¿Cree el gobierno, éste y el anterior, que los empresarios no saben cómo hacer que el paro baje drásticamente en España? ¿Alguien me lo explica?

Se acabó el tiempo

rajoy, sanchez

Desconcierto en el mundo político, los grandes partidos de siempre se encuentran atónitos frente a la pérdida continua de votos. La ciudadanía se aleja de ellos y les vuelve la espalda. Dos encuestas en apariencia serias, Demoscopia y el CIS, nos presentan a un Podemos como el partido con más voto directo. El PP y el PSOE no se redimen. Los mismos comportamientos del PSOE de González -sin corregir nada- llegan ahora a Pedro Sánchez en forma de ERE. Los últimos años de prepotencia de Aznar culminan, sin corrección ninguna, con Rajoy. Si PP y PSOE si no se dan la vuelta como un calcetín, son el paradigma de la política vieja. No han aprendido, porque no creían necesitar aprender; no han cambiado nada, porque se creían los dueños. El duopolio -en muchas cosas PP y PSOE actúan como tal- lleva años hablando de cambiar y no cambia nada; siguen con los mismos tics y planteamientos: la ropa sucia se lava en casa, el ‘y tú más’ y marear la perdiz con grandes pactos –puro maquillaje- para corregir los defectos. Se acaba el tiempo, si es que no se acabó. Las marcas, PP y PSOE ya han perdido credibilidad, su reputación está por los suelos. Se les achaca lo malo que hoy sufrimos y se les reclama que no sembraron lo bueno que hoy no tenemos. La suerte está echada y su desaparición es solo cuestión de tiempo. Los ciudadanos necesitamos gente nueva, ideas nuevas y, probablemente, siglas nuevas para poder confiar en políticos nuevos. No es creíble que la mayoría de la gente de este país se identifique con Podemos pero, ¿dónde están los ideológicamente próximos que sean de fiar?

No entiendo nada. ¿No ven PP y PSOE que el ascenso de Podemos no es por afinidad a este invento político sino por desistimiento hacia ellos? ¿Alguien me lo explica?

Cáritas y corrupción

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En esta España que hoy realmente ‘no la reconoce ni la madre que la parió’, hasta los políticos sienten vergüenza y asco del comportamiento de algunos de ellos. Estamos visualizando cada día más el gran montón de estiércol que pulula por algunas instituciones públicas y el hedor, la verdad, las hace irrespirables. Si ya de por sí es insultante que en vez de servir a los demás, muy bien remunerados se sirvan de ellos, es obsceno que estos comportamientos se den en una sociedad en la que el 25% de sus miembros se encuentra en situación de exclusión social según nos dio a conocer el último informe de Cáritas este martes pasado. Este 25% supone que son más de 11.746.000 personas las excluidas socialmente y de ellas más de 5 millones están en situación de exclusión severa. El propio informe  alerta de que la crisis está provocando este desastre social, pero también señala que, cuidado, no es solo la crisis dado que 2 de cada 3 personas excluidas ya estaban en esta situación desde antes. ¿Qué nos pasa? Una sociedad que llora protesta y recrimina por la vida de un perro que puede estar infectado de ébola, ¿cómo es inmune al dolor de tanta gente?

La corrupción siempre ha existido, ya lo sé. Es mala de por sí, ya lo entiendo. Pero cuando contrasta tanto con el sufrir de mucha gente, es aún más difícil comprenderla. Siempre se ha dicho que los españoles son supersolidarios y es verdad, basta ver en la historia el número de misioneros que ha dado nuestra tierra, la cantidad de cooperantes que hoy se desviven por el mundo, el altísimo número de donantes que nos hacen líderes en trasplantes y la cantidad de personas que hoy donan tiempo, esfuerzo y euros a Cáritas. ¿Qué ocurre entonces? ¿Nuestros políticos no son acaso españoles?

Cuando en un gremio concurre tanto mangante, ¿no será necesario examinar el criterio de selección de esta profesión si aglutina tanto chorizo? ¿Alguien me lo explica?

Hablemos en serio

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Hemos pasado en pocas horas de la ‘presunción de inocencia’, el ‘dejemos actuar a la justicia’ y el ‘y tú más’ -manifestaciones sin duda de ‘la ropa sucia se lava en casa’- a la ‘suspensión de militancia’, el exhortar a ‘dimitir de los cargos públicos’, la vergüenza, el asco y el novedoso ‘pedir perdón’ -frutos claros del ‘hemos tocado fondo y ‘esto ya no se aguanta-. Tras meses y meses de marear la perdiz teorizando sobre la corrupción, la transparencia, el estatuto del cargo público, las declaraciones de bienes, la lentitud de la justicia y bla, bla, bla. Ahora estamos en el momento procesal de ‘capullo el último’. En breve tiempo ambos partidos, cada uno por su cuenta, presentarán propuestas para demostrar que no solo quieren firmemente regenerar la política española sino que van a liderar el proceso. Para ello nos hablarán de objetivos y medidas de trasparencia, de fiscalización de la actividad pública, de cambios en el código penal y en la confección de listas. Discutirán entre ellos, pasará el tiempo, se pondrán de acuerdo en algunas que aprobaran en Las Cortes y tema resuelto. ¿Qué ocurrirá cuando, con medidas o no, salgan más casos? ¿Buscarán otro acuerdo?

No entiendo nada. Desde Montesquieu se sabe que el fundamento clave es la separación de poderes, ¿piensan en más maquillajes o, hablando en serio, cogerán el toro por los cuernos y legislarán la separación radical, al menos, del poder judicial? ¿Puede ser que entiendan que solo con la democratización real de los partidos, frente a los mesiánicos dedos, consigan una auténtica catarsis en cada uno de ellos? ¿Alguien me lo explica?

¡Limpieza ya!

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No era suficiente con las tarjetas black que manchaban a todos los partidos políticos y a los sindicatos y a la patronal y al ‘sursum corda’, que apareció Granados y una cohorte de alcaldes y demás donde aparecen las siglas del PP, del PSOE y de IU, por este orden de importancia. La corrupción está muy extendida y es transversal, así de claro.

La cosa está que arde. Parece ser que el pueblo llano está tan harto que ya no comulga con ruedas de molino, quiere hechos y no palabras: devolución de los dineros, expulsión de la política y, para los que lo merezcan, la cárcel. No sirve ni el ‘y tú más’ ni el ‘dejemos actuar a la justicia’ ni ante todo la ‘presunción de inocencia’. La reacción de los políticos esta vez ha sido dar un pasito más que lo ya clásico: todos suspenden inmediatamente de militancia a sus correligionarios y les conminan a abandonar sus cargos públicos. Esperanza Aguirre cogió el toro por los cuernos y dio la cara. Rajoy mandó a otro, Sánchez delegó en el esperpento de César Luena dando lecciones al PP y tachándolo del partido de los corruptos. La frase del enviado Luena no tiene desperdicio: “ni un minuto un corrupto en el PSOE de Pedro Sánchez”, olvidándose de las horas semanas y meses que pasan por el PSOE de los ERE de Andalucía.

Parece que el borrador, ya casi pactado entre PP y PSOE, para atajar la corrupción deberá esperar momentos mejores. El PSOE no va a pactar nada de esto con, según sus propis palabras, el partido de los corruptos. Mejor. Lo que iban a proponer y nada, era casi lo mismo.

No entiendo nada. ¿Quieren en el PP, como han dicho, hacer realmente limpieza? Si va en serio pienso que debería primero limpiar su casa y, luego, proponer a la sociedad -los demás partidos ya se apuntarán si quieren- un programa de máximos y, con su mayoría absoluta, aprobarlo en las Cortes y aplicarlo. ¿Llegaría, haciendo rápido esta catarsis, a tiempo para regenerarse y evitar un fin a la italiana? ¿Alguien me lo explica?

Solo palabras

Bandera independentista catalana

A dos semanas de la consulta trapacera no hay más que declaraciones públicas de unos y otros y un sinfín de informaciones de prensa. Mas y sus muchachos calientan indirectamente el ‘club de la comedia referendista’ y, por vía casi clandestina, siguen organizando la infraestructura del acto. El Gobierno central insiste en lo ilegal, inútil, antidemocrático y demás del paripé pero se queda en eso, solo palabras. Da la sensación de que ‘Astut’ Mas, como le llaman ahora, hará la triquiñuela legal de convocar la consulta callejera horas antes de su inicio dominical. El Gobierno intuye el fraude de ley y lo rechaza pero, a falta de quince días, aún no ha concretado nada. La consultilla de los quince días tiene urnas, pregunta, papeletas, locales y voluntarios; por tener hasta tendrá un día de fiesta en aquellos centros docentes que hayan actuado como sede electoral. La inmensa mayoría de Ayuntamientos catalanes cederán las instalaciones que hagan falta y todo esto sin que el Gobierno de Rajoy haya considerado que tal macroencuesta es impugnable. Es verdad que será una farsa nada democrático. Es verdad que su validez no da ni para llamarse encuesta. Pero, al final, lo que quedará será un resultado cercano a la unanimidad en el sí, y poco importará el cómo, cuándo o dónde se haya hecho ni cuántos hayan participado. Los efectos políticos reales serán casi los mismos que de haberse autorizado el referéndum: un desastre.

No entiendo nada. Si hasta la declaración de una autoridad pública es un acto administrativo y por tanto es impugnable, ¿por qué deja Rajoy que vayan pasando los días? ¿Piensa impugnar al final o simplemente ridiculizar la comedia cuando se haya realizado? ¿Alguien me lo explica?

Aplaudir con las orejas

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Por increíble que parezca PP Y PSOE, quizás alguno más, se van a poner finalmente de acuerdo en el llamado ‘pacto anticorrupción’. Parece que este acuerdo se plasmará en dos iniciativas legislativas: el proyecto de Ley Orgánica de Control de la Actividad Económico-Financiera de los Partidos Políticos y el proyecto de Ley Reguladora del Ejercicio de Alto Cargo de Administración General de Estado y quizás alguno más.

¿Por qué es posible un acuerdo entre partidos que hasta ahora tapan sus vergüenzas solamente entonando el ‘y tu más? ¿Es quizás por una súbita conversión que les lleva a desear la excelencia en la moralidad pública? ¿Acaso son los nuevos líderes lo que han desarrollado una piel tan fina que enrojece con la cercanía de un corrupto? Todo es posible… aunque yo no desdeñaría en nada que la causa primordial fuera el efecto ‘Podemos’ y no porque los ‘Podemos’ huelan a inmaculados sino porque el asco a la corrupción de los votantes se canaliza ahora votándoles a ellos.

Es evidente que tanta corrupción corroe tanto a un país como a sus habitantes y eso hace del todo imprescindible luchar con todas las fuerzas contra ella. ¿Las iniciativas legislativas serán, como hasta ahora, meros maquillajes o hay detrás, sea por la razón que esa, una voluntad firme en hacer limpieza? Veremos. De momento sabemos que los partidos quieren avanzar en una nueva regulación del decomiso para que el que meta la mano en la caja devuelva lo que se ha llevado, quieren agilizar los procesos judiciales, forzarán que un cargo público deje su cargo cuando se le abra juicio oral por delitos de corrupción y obligaran al Gobierno a motivar sus resoluciones de indulto, todo ello será bienvenido y aplaudido por la sociedad hasta con las orejas, pero que no se engañen, con esto no basta.

No entiendo nada. Dado este nuevo afán de honestidad en la vida pública, ¿no sería una excelente muestra de buena voluntad que antes del pacto, cada uno en su casa, hiciera una limpieza completa? ¿Alguien me lo explica?

Falta democracia

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Son momentos difíciles para la política en España. El PP va de titular en titular por cuestiones de corrupción: Rato, exvicepresidente del Gobierno de Aznar, Acebes, exsecterario general del PP, Molina, exalcalde de Toledo son hoy mismo portada. El PSOE le va a la zaga, la juez Alaya en Sevilla sigue poniendo en la picota a los poderosos socialistas de la Junta de Andalucía. La familia Pujol vuelve a ser noticia estas últimas horas, dejando en entredicho más de treinta años de gobierno de su patriarca en Cataluña. ¿Qué noticia escandalosa saldrá mañana? Da casi igual; llueve sobre mojado y, al menos para el ciudadano de a pie, está claro que la política en España está más que manchada. Ayer Esperanza Aguirre, sacando tiempo a sus cuitas de tráfico con los juzgados y la guardia urbana de Madrid, pidió perdón, nunca está de más, por las tropelías de los políticos y avanzó que, en el PP de Madrid y con vistas a prevenir y dificultar más tropelías, obligará e impondrá como condición para formar parte de cualquier lista electoral del PP una «declaración detallada de sus bienes, de sus intereses, de su cualificación profesional y de sus ingresos salariales antes de entrar en política». Bienvenida sea la intención y la declaración aunque sirva de muy poco o casi nada. Hecha la ley hecha la trampa. La única solución es que los políticos honrados, que los hay, expulsen de la vida política a los que ellos saben que no lo son; y para que puedan hacer esto hace falta una auténtica democracia en los distintos partidos, de manera que cada uno tenga la fuerza de los votos y no la necesidad del dedo del patriarca, para poder exigir a los demás la honradez y el buen hacer que tanta falta hace.

No entiendo nada. Si estar en un cargo político solo depende del designo del patriarca, ¿Quién podrá levantar la voz para que se cumplan los compromisos electorales y en su caso se limpie de inmediato la propia casa? ¿Alguien me lo explica?

De esperanza: nada

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Ayer Montoro defendió en el pleno del Congreso lo que él llamó los presupuestos ‘más esperanzadores’ que para el Gobierno inauguran una nueva etapa. Viendo, oyendo o simplemente leyendo el contenido del debate entre Montoro y Pedro Sánchez nos encontramos con más de lo mismo: lugares comunes y referencias a la mala gestión y a los casos de corrupción de unos y otros. No aprenden nada, estamos hartos de la herencia recibida y de mentar casos de porquería del contrario sin hacer ninguno nada para limpiar la de su casa. Aceptado que la etapa de ZP fue un despropósito esférico y que el PP de Rajoy ha conseguido recuperar cierta confianza en España, ahora lo que esperamos es que en los presupuestos piensen cómo hacer menos difícil al ciudadano su vida diaria.

El proyecto de presupuestos no cambia en nada el modelo estructural español, un monstruo viejo y oxidado. El proyecto de presupuestos no rebaja la carga fiscal del ciudadano, que roza lo insoportable. El proyecto de presupuestos no cambia el modelo de pensiones, simplemente insostenible. Son una copia casi literal de los presupuestos anteriores pero, eso sí, al añadir la economía generada por drogas y prostitución permiten gastar más sin aumentar el déficit. Seguimos en lo mismo: los pocos que trabajan, funcionarios y empleados, deben arrastrar sudando un monstruo hecho a medida de los políticos al que se llama Reino de España.

No entiendo nada. ¿Nadie es capaz de aprovechar la crisis para hacer unos presupuestos en base cero donde se contemple solo aquello necesario para que el ciudadano respire y pueda crecer a sus anchas? ¿Alguien me lo explica?