Un reciente informe cuantifica en 10,1 millones de clientes el número de turistas extranjeros que, en el primer trimestre de 2014, han visitado España; lo que no está nada mal para la industria turística hispana. Esta cifra supone un incremento del 7,2% respecto al año pasado. Hay que tener en cuenta además, que en este buenísimo dato, no está contabilizada ni la Semana Santa, a todas luces de récord, ni la semana futbolística de Madrid, ayer y hoy, donde la copa de Europa ha regado la capital con más de 7.000 visitantes extras. Unos tienen petróleo y España tiene sol; guste o no, es lo que hay. Pretender minimizarlo o avergonzarse de ello es, como mínimo, una gran cantada. Cuestión distinta es que, aprovechando el tirón del sol, playa, cultura a raudales y alegría, los distintos sectores pretendan atraer a un público más sofisticado que el de ‘jóvenes para alcohol y sexo a precio de ganga’ como hacen en algunas localidades patrias.
No entiendo nada. ¿De dónde sale esta manía de considerar los dones naturales que tiene España como de país subdesarrollado? ¿Por qué muchos se avergüenzan de ser los envidiados de Europa por nuestro clima? ¿Estamos dispuestos como país a invertir en potenciar el turismo cultural, sabedores de tener uno de los patrimonios más importantes del mundo? ¿Es consciente el sector que devaluando las zonas turísticas nos condenamos al turismo cutre? ¿Alguien me lo explica?









