El hecho es que el pasado domingo tuvo lugar la entrega de los Goyas. Tanto la presentadora, Eva Hache, como algunos de los que subieron al escenario aprovecharon, ya es habitual cuando gobierna el PP, para poner a caer de un burro al presidente de Gobierno y al Gobierno mismo. Nadie dudada que la reciente subida del IVA, que afecta directamente al cine, iba a formar parte del discurso que de modo institucional pronuncia el presidente de la Academia de cine y que algún artista, de manera más suelta, iba a espetarselo al ministro, presente en la sala, con más o menos gracia. No solo me parecía lo esperable, sino lo normal; subir el IVA tiene su coste y el ministro debía asumirlo.
Lo patético fue aprovechar la teórica fiesta del cine español para convertir la gala en un alegato político, eso si, solo cuando gobierna un determinado partido. Ese ir de progre y de Dalai Lama social cuando todo el acto gira alrededor del lujo de las joyas y del glamour del vestuario chirría. Es lo mismo que propalar el amor universal y apuñalar al coprotagonista cuando sale de la escena.
Y, ya puestos, cuando el tonillo de fondo consiste en echar en cara al PP su política de recortes, mentar la muerte de un padre y, sin poner el sujeto ni cambiarlo, decir “En estos tres años he visto morir a mi padre en un hospital público, donde no había mantas para taparlo y le teníamos que llevar el agua” achacando por el contexto al gobierno actual estos comportamientos cuando fue en época de Zapatero, ocurrió en Cataluña, donde la sanidad está transferida y mandan otros es cuanto menos torticero. Por las declaraciones del director del hospital, de pacientes de la época y de representantes sindicales del centro médico, el hecho no pudo haber ocurrido.
Estamos ante un comportamiento manipulador, insidioso y demagógico y, si atendemos a lo declarado por los representantes del hospital, falso, que descalifica muy mucho a quien por ideología y sectarismo lo tiene.








