La política española, perdón, la política de la cosa, lleva mucho tiempo con líos nominalistas. Una veces por lo políticamente correcto, interrupción voluntaria del embarazo versus aborto o la cosa en vez de España, y otras muchas por aquello del marketing y la comunicación. Dicen los gurús de la imagen que nunca deben asociar tu figura a una cuestión negativa; se entiende entonces que la palabra crisis no saliera de la boca de ZP ni de Solbes y, para ello, tiraran de diccionario a destajo. Rajoy y su rescate siguen la misma senda: préstamo, fondo merkeliano y no se que más. La cuestión es disfrazar un hecho en base a usar una palabra blanda que equívoca.
Hoy el tema que nos ocupa va por estos derroteros, Alicia Sánchez-Camacho acaba de sorprender con otro concepto eufemístico: autonomismo diferencial, que viene a sumarse a la larga lista de palabras que pueden servir para un roto y un descosido: mantiene tu impronta ideológica lo suficiente y entra en la de otros pero de tapadillo. Suena al concepto maragalliano de federalismo asimétrico. Son lo mismo. Si el PSC es federalista y catalán tiene que hablar de federalismo diferenciado y si el PP ahora es autonomista, sólo puede hablar de autonomismo sui generis y distinto. Siguen de hecho la pauta constitucional de nación y nacionalidad y lo que haga falta. Con tal de no hablar de crisis, paro y recortes hablaran hasta de nubes.
Los políticos catalanes nacionalistas sólo aceptarán para Cataluña un modelo que suponga ser distintos y probablemente algo más. Nunca acatarán la condición del café para todos, como mínimo son té. Este es el problema del tan cacareado encaje, según ellos, de Cataluña y España: no son uno más. Maragall, más listo que el hambre, ya se adelantó a Alicia varios años, el problema es que definió un imposible: algo federal y distinto. Sánchez Camacho, y ya ha tardado, hace lo mismo: autonomismo asimétrico, perdón, diferencial. ¿Más de lo mismo?








