Protocolos aparte

8092e50af435aef6e91f51c27fd36c09El hecho es que hoy, a las siete de la tarde, ha dado comienzo en la Catedral Santiago de Compostela el funeral oficial por las víctimas del Alvia. Lo presiden los Príncipes de Asturias y cuenta con la presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, mucho ministro y un buen número de presidentes autonómicos. Tampoco falta el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Por cuestiones de protocolo, dicen, el Rey no estará presente, manda huevos. Después de los ya varios annus horribilis, y como si no tuviéramos bastante, ahora a alguien se le ocurre que 79 víctimas mortales no son razón suficiente para que la máxima autoridad del Estado, protocolos aparte, se desplace a Santiago. Cuando no aciertas ni una, o mejor dicho cuando te pillan en tantas, ya son ganas buscarte tú la propia ruina. Lo del elefante salió a la luz por un accidente personal, aquí él mismo se pone la piedra en el camino, ¿en qué estará pensando?

Pregunta: ¿Justificas su ausencia? ¿Por qué piensas que no ha ido?

En el punto de mira

5b9647cd25dc999f843adfda2ba0f04dEl hecho es que la familia real española lleva una temporada yendo de desastre en desastre. Todo empezó con el ‘cese temporal de la convivencia matrimonial’ de la infanta Elena y Jaime de Marichalar para llegar a los escándalos de los últimos tiempos: Las hazañas del cuñado del Rey, Iñaki Urdangarín, el famoso viaje a Botsuana y, lo que a partir de él se hizo público de una tal Corina, han llevado al propio Rey, y sin duda a la institución, a un momento de especial turbulencia.

Hoy, sin ir más lejos, el periódico -ahora más monárquico- El Mundo ha publicado una encuesta, realizada por Sigma Dos, para darnos a conocer la valoración ciudadana de la corona española. Curiosamente los resultados mejoran lo que haría suponer la realidad del cabreo en la calle. Casi la mitad de españoles (46%) valoran entre bueno y muy bueno el reinado borbón.

De la encuesta y los porcentajes de partidarios de la abdicación, sobre un 55%, deduzco que los españoles siguen prefiriendo esta monarquía a una teórica república y, el hecho de que el heredero previsto, el príncipe Felipe, gane en popularidad me indica que aún no ha metido la pata ostentosamente. No deja de ser curioso que la mejor valorada de la casa real, a fecha de hoy, sea la más discreta, la Reina, seguida del príncipe y, el último, el Rey que aún así aprueba. Sin duda los españoles no están orgullosos del comportamiento real, ya que más del 82% piensan que es del todo necesario que la Monarquía recupere el prestigio, aunque muchos piensan que no lo logrará. La desimputación de la infanta no ayuda nada, al 81% no le ha gustado, y el axioma de todos iguales ante la ley les parece de risa.

Pocos errores más tolerará la ciudadanía de la monarquía. Los expertos hablan de un plan de mejoramiento de imagen por parte de la casa real, mala solución. Lo mejor no es esforzarse por mejorar la imagen, lo mejor es trabajar bien y eso, para el Rey y los suyos, es comprometerse con España y, lo que es más importante, con los españoles: sentir, sufrir, alegrarse y preocuparse con ellos y por ellos. Con esto basta.

Balón de oxígeno

5c769e104b81e690f3ef1879c05fdbd8El hecho es que nos siguen tomando por idiotas y pretenden que comulguemos con ruedas de molino como poco. Algo de razón tienen, tragamos como ceporros y como máximo nos conformamos con fallas, chascarrillos o chirigotas cuando lo normal es que dijéramos basta ya.

Ayer, la información acerca de Urdangarín merecía mi admiración por la amistad desinteresada hacia él de un gran deportista. Nos filtraban -curioso sistema por el que tragamos todo tipo de falsedades, sin siquiera enrojecer al que las suelta- que Valero Ribera, el señor del balonmano español que ha conseguido todo los laureles posibles en este tan masculino deporte, por amistad -loable sentimiento donde los haya- había pensado en el yernísimo para ser su segundo en Qatar al frente de su selección de balonmano. Con este detallazo devolvía al presunto a un ámbito en que se aclara y del que nunca debería haber salido por su propio bien y, como no, por el de España y la Casa Real.

Hoy, la amistad parece trocarse en chanchullito y de otra guisa. Según nos filtran -sigue el mismo anónimo método- ha sido el propio Rey el que ha urdido la estrategia de resolver el bolsillo de los Urdangarin, al tiempo que lo catapulta al silencio mediático de un trabajo bien remunerado pero en la distancia. Sigue prevaleciendo la amistad, o posiblemente el ‘quit pro quo’, pero de otros: nuestro Monarca y el Emir de Qatar, que es el que paga. Tampoco está claro el trabajo; si primero parecía que su ocupación sería de ayudante del seleccionador, ahora se desliza la idea de que su tarea será la de relaciones públicas, tarea para la cual sin duda está muy bien dotado.

Por cierto que nadie pregunte o se extrañe de que con las imputaciones que pesan sobre las anchas espaldas del tal Urdangarín,  y con el hecho de que aún hoy no haya hecho efectiva la fianza de responsabilidad civil -por el supuesto daño patrimonial causado a las arcas públicas-, ni el fiscal ni el juez impidan el balón de oxigeno que, para todos los regios personajes afectados por esta causa, supone este retiro dorado. Probablemente al que pregunte le mentirán una vez más con la respuesta y para esto mejor no preguntar y callarse.

Defensa pétrea

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El hecho es que después del mazazo, previsible por otra parte, que ha supuesto para la Casa Real la imputación de la Infanta, y a falta de que el recurso presentado por el fiscal anticorrupción, auténtico balón de oxígeno, prospere o no, el Monarca personalmente ha tomado cartas en el asunto y ha contratado a Miguel Roca como abogado defensor.

A estas alturas del partido es difícil que alguien no conozca a Miguel Roca, padre de la Constitución, y figura clave en la transición española. Políticamente procedente de la izquierda catalana anti franquista, colaboró con Jordi Pujol en la creación del movimiento nacionalista catalán y tras multitud de encontronazos con el Molt Honorable, acabó abandonando la primera linea política para montar un bufete de abogados que, ahora mismo y en la más profunda discreción, se ha convertido en uno de los más importantes de España.

La interpretación más generalizada cuando se ha dado publicidad a este encargo regio, ha sido más bien en forma de reproche: “El Rey busca abogado en el separatismo catalán”. Esta sentencia resumiría los comentarios casi unánimes de un gran número de opinadores madrileños. ¡Menuda estupidez!

Identificar a Roca Junyent con el secesionismo catalán indica dos graves ignorancias: la primera sobre quién es Roca y la segunda sobre lo que está pasando políticamente hoy en Catalunya.

Para mi, las claves de la elección son dos: Una el hecho de que entre los grandes nombres de la abogacía española, sin lugar a dudas, Roca es el personaje que más conoce, entiende y se relaciona con todas las instituciones del Estado. Sabe por tanto perfectamente cómo puede afectar cualquier hecho a los equilibrios, sin duda complejos, entre los distintos poderes de la Nación. La otra, y no menos importante, es la de contar para el ámbito penal, del que Roca no es en absoluto experto, con uno de los abogados penalistas más importantes de España, Jesús María Silva, catedrático de Derecho penal de la Universidad Pompeu Fabra, de reconocido prestigio en el ámbito jurídico.

Si a esta dualidad: conocimiento institucional y profesionalidad probada, le añadimos el trato con la prensa propio de un político de la experiencia y talante de Roca, no me cabe menos que felicitar al Rey por la elección. Es incluso probable que Urdangarin, su abogado y su experimentada capacidad de meter la pata con la prensa, hayan salido ganando.